El cierre de la segunda presentación de The Strokes en la última edición de Coachella puede calificarse, sin miedo a exagerar, como histórico. El 18 de abril, la banda interpretó “Oblivius”, del EP Future Present Past (2016), mientras en las pantallas gigantes se proyectaba un montaje sobre la participación de la CIA en distintas dictaduras latinoamericanas, el asesinato de diversos líderes de izquierda alrededor del mundo, la intervención militar estadounidense en Medio Oriente y, por último, la destrucción de la última universidad que quedaba en pie en Gaza.
Tiempo después, durante una charla en la Universidad de Oxford, Julian Casablancas reveló que ese video llevaba años terminado, pero que había decidido no mostrarlo por consejo de su padrastro. “Van a salir a matarte”, le dijo tratando de cuidarlo. Casablancas le hizo caso y guardó el material hasta ahora. Según explicó, sintió que el contexto había cambiado y que el público finalmente estaba listo para un gesto político y contracultural de esa magnitud. De un tiempo a esta parte, tanto con The Voidz como con The Strokes, Casablancas quiere demostrar que la música todavía puede importar: que tiene un valor más allá de la vanidad de poner la cara y que intervenir políticamente sigue teniendo sentido, incluso cuando eso implique enfrentar consecuencias. Sus recientes declaraciones en el programa Subway Takes, donde afirmó que “los sionistas estadounidenses disfrutan de los privilegios de las personas blancas, pero hablan como si fueran personas negras durante la esclavitud”, le valieron fuertes críticas y acusaciones de antisemitismo.
Entonces, el elemento político es una pieza estética más dentro del universo de su obra y de su construcción de la figura de autor. En ese sentido, hay que verlo y apreciarlo como tal. Te puede molestar y puede que lo dejes de seguir, o lo podés admirar, en un tiempo donde el sometimiento a la opinión es el nuevo régimen dictatorial. Pero él no va a dejar de hacerlo e incluirlo en lo que hace.
Desde ese posicionamiento de confrontación, es posible pensar a Reality Awaits como el disco en el que Casablancas realiza varios movimientos a la vez. Por un lado, profundiza el camino abierto con The New Abnormal (2020). Por otro, consigue unir y coser definitivamente la estirpe y la esencia de sus dos bandas: ya no hay nada monstruoso ni aberrante en ese cruce, sino un diálogo orgánico, fluido y dialógico entre The Strokes y The Voidz. Y, todo hay que decirlo, lleva un paso más allá una idea sobre la que viene insistiendo en sus declaraciones públicas: demostrar que la música independiente (entiéndase: arriesgada, no complaciente, el uso del auto-tune como herramienta de conflicto) todavía puede aspirar a un alcance mainstream. Bienvenidos a la nueva vida de The Strokes.
La aparición de los adelantos, “Going Shopping” y “Falling Out of Love”, resultó acertada en un sentido muy concreto: ambos ofrecen una imagen bastante precisa de lo que propone Reality Awaits. A lo largo de sus nueve canciones conviven la oscuridad y ciertos destellos de una luminosidad opaca, nada inocente, totalmente desconfiada e irónica con esta época. Los chicos de Is This It (2001) crecieron y, en una época dominada por "las agendas de los multimillonarios” (Casablancas dixit), The Strokes entienden que el mundo sigue siendo demasiado oscuro y despiadado como para mirar hacia otro lado.
No sorprende, entonces, que el viaje comience con una introducción inquietante que termina desbordándose sobre el final. “Psycho Shit” abre el disco con una declaración de principios: “You kill your prey from your nest / From behind a desk, psycho shit / You have no honor or no balls”. La referencia a los psicópatas en el poder, con Donald Trump como destinatario más evidente, prepara el terreno para que el oyente comprenda desde el primer minuto el clima del álbum: una obra densa, áspera y esquiva, tan difícil de descifrar como esa realidad a la que alude su propio título.
“Dine N'Dash”, “Lonely in the Future” y “Going to Babble On” se meten de lleno en el corazón del disco y desplazan el foco hacia otra dirección, aunque sin romper con el clima general del álbum. Las tres activan la sensibilidad de un viaje mental en soledad: el rumiar de una cabeza que intenta encontrar sentido en un tiempo que lo desalienta, desmotiva y lo deja desolado. Esa inquietud aparece en versos como “Life, life isn't what they taught / Oh shit, I'm out of ammo” (“Dine N'Dash”), “All good, we all steal, baby / Y'all ready for the next fad?” (“Lonely in the Future”) o “Forget the things that they did, yeah / Obey the words that they say, yeah / Get it on my desk on time, yeah / Got plans, I'm going online” (“Going to Babble On”).
Dominadas por guitarras climáticas y sutiles, teclados, sintetizadores y los característicos falsetes de Casablancas, estas canciones entregan esa combinación de delicadeza pop y corazón de napalm que ya se convirtió en una marca de la casa. Allí también reside la mayor virtud de Reality Awaits: antes que perseguir un gran hit capaz de sobresalir por encima del resto, el disco apuesta por la cohesión y la solidez del conjunto. No hay una canción que se imponga de manera indiscutible como hit, lo que no es una mala noticia en absoluto. Quizás lo más cercano, en términos conceptuales, sea “Going Shopping”.
Esa sensación de entramado interno, de una banda que vuelve a sonar compacta, quizás también esté vinculada con las condiciones en las que fue hecho el disco, un proceso que puede verse en In Transit II, el cortometraje documental que The Strokes acaba de publicar en su canal de YouTube.
Producido por Rick Rubin, al igual que The New Abnormal, Reality Awaits nació a partir de sesiones de improvisación que la banda realizó en un estudio de Costa Rica y que luego fueron editadas y completadas en distintos estudios alrededor del mundo. En un podcast, el bajista Nikolai Fraiture contó que uno de los grandes cambios que trajo el trabajo con Rubin fue recuperar la posibilidad de “volver a estar juntos en el estudio” y simplemente zapar hasta encontrar una idea que convenciera a todos para, a partir de allí, construir las canciones. Las dos canciones que cierran Reality Awaits, “The Fruits of Conquest” y “Tyrants of the Mellow Moon”, representan quizás la muestra más integral de ese método de trabajo.
Ese modo de trabajo se había perdido después de First Impressions of Earth (2006), el disco que marcó el comienzo de una etapa más turbulenta para The Strokes: el alcoholismo de Julian Casablancas, el agotamiento interno, la necesidad de tomar distancia y el crecimiento de los proyectos paralelos dejaron a la banda al borde de la separación. Los álbumes que siguieron, Angles (2011) y Comedown Machine (2013), son más desarticulados y reflejan procesos de grabación mucho más dispersos. Sin embargo, también dejaron canciones que el grupo rescata en su gira actual, como “One Way Trigger”, “Life Is Simple in the Moonlight” y “Call It Fate, Call It Karma”.
Entonces, Reality Awaits está indudablemente ligado a la experiencia de The New Abnormal -hoy el disco más escuchado de The Strokes en Spotify-, porque muchas de sus canciones provienen del mismo impulso creativo que le devolvió a la banda algo que parecía perdido: el entusiasmo por volver a trabajar juntos y reencontrarse con el placer del proceso colectivo.

El tramo final del disco, conformado por “Liar's Remorse”, “The Fruits of Conquest” y “Tyrants of the Mellow Moon”, vuelve a poner las cosas en su lugar luego de la apertura marcada por “Falling Out of Love” (desenamorarse está encantador) y "Going Shopping" (la otra cara de la misma moneda: se puede soltar todo menos el capitalismo). Desde allí, el disco mantiene el timón firme hacia lo incierto (hay algo muy Radiohead en esa deriva), aunque siempre deja un rastro de dulzura nada edulcorada. Es una clase de ternura sin rastros de subrayados ni acentuaciones innecesarias para no caer en la angustia. Es el punto justo de emotividad para no perder el núcleo importante, que es el corazón sin derrumbarse ante la manipulación de lo que sucede afuera.
Todo da la sensación de que Reality Awaits juega en varios planos a la vez. Por un lado, dialoga con el imaginario de The X-Files (“La verdad está allá afuera”) y propone que la realidad espera ser descubierta por quien esté dispuesto a buscarla. Es una invitación a desconfiar de las respuestas inmediatas y a asumir que comprender el presente exige un esfuerzo activo.
Pero el disco también reflexiona sobre dos identidades. La primera es la de Estados Unidos y su lugar en la política global, algo que ya anticipa su portada, diseñada por Johann Rashid (actual responsable de la comunicación visual de la banda) a partir de una fotografía de Richard Prince. La segunda es la de los propios The Strokes. Lo que escuchamos aquí es una banda que evolucionó de manera radical (guste o no) y que quedó muy lejos de aquellos jóvenes de Is This It o Room on Fire sobre quienes alguna vez recayó la mochila de “salvadores del rock”.
En ese contexto también resuenan las declaraciones de Julian Casablancas (la más reciente, en tono de broma durante una entrevista con el comediante Bill Burr) sobre mantener vivo a The Strokes por motivos puramente económicos. ¿Ni siquiera unos privilegiados hijos del capitalismo pueden escapar del sistema que les dio una buena vida? Todo indica que no.

Hoy, The Strokes sigue siendo una banda relevante porque supo ampliar su caja de herramientas y porque su líder eligió asumir riesgos cada vez más audaces. El uso del autotune, cada disco de The Voidz o sus posicionamientos políticos (que le trajeron consecuencias notables, como el distanciamiento del miembro fundador Nick Valensi) forman parte de una misma búsqueda: tomarle el pulso a la época, a sus seguidores, a la industria musical y a las nuevas formas de hacer circular tanto su obra como su discurso público. Da la impresión de que Casablancas ya no actúa únicamente como un compositor, sino también como un estratega: alguien interesado en detectar las grietas del sistema para introducir otras ideas que remitan a una realidad, esa que espera, esa que él está viendo y quiere que los demás puedan acceder también.
Si bien presenta canciones largas y con mucho para decir y proponer en términos sonoros y poéticos, Reality Awaits no es una revolución dentro del recorrido de la banda porque eso ya sucedió en el 2020. Pero crea una expectativa más interesante: ser uno de los discos más esperados del año gracias a la reinvención que significó The New Abnormal (con el que ganaron el primer Grammy de su carrera) y que en este trabajo se intensifica como propuesta estética, política y, definitivamente, rockera en un sentido amplio para poder dialogar con este momento histórico.
Reality Awaits está disponible en plataformas (Spotify, Tidal).









