Foto: Carlos Gil

Lo primero que se escucha en el nuevo disco de El Robot Bajo el Agua es un respiro. Como si el proyecto de Nicolás Kramer hubiera estado estos nueve años de silencio sumergido en el agua. Meditando en lo profundo del océano Atlántico, un día salió a tomar aire y liberó El lado velado, la sexta pieza de su esporádica discográfica. Mucho cambió desde el último disco de El Robot, A dolores que percibió la grandeza de 2010; la escena musical argentina pasó por un momento de abundancia, transformación, y ahora se siente irreconocible. Pero como un árbol de raíces firmes, la música de El Robot resistió las tormentas y vientos de su ambiente. En estos nueve años de invernación, Kramer fue a buscar la esencia de su proyecto a las raíces, para producir su obra más madura.

Después del respiro, El Robot habla: «Esta es la cuestión fundamental,» como si después de años de reflexión en silencio, haya vuelto con ley máxima. Pero enseguida desdibuja esa impresión con un juego de palabras: «La cuestionable funda mental.» Porque las canciones de El lado velado se sienten como consejos pero nunca como máximas. Llegan como reflexiones que en su claridad resuenan como versos taoistas, hablan sobre confrontaciones pero con la síntesis de haberlo meditado durante mucho tiempo. La voz rasposa de Kramer genera una sensación de cercanía fraternal, y en su calma se siente la experiencia de haber visto ese lado velado, ese lugar oculto a la percepción, la pieza que «va completando el rompecabezas.»

La producción a cargo de Norman Mac Loughlin (ex Jackson Souvenirs y también productor de A dolores) estira el sonido de El Robot a lugares que nunca había llegado antes. Su trabajo en estas canciones implicó una producción más grande que en los discos anteriores; El lado velado es un álbum inmenso, de muchas capas de instrumentación, y el sonido de El Robot alcanza una fuerza inédita. Discos pasados como Solo resta sumar y Destrabando la palanca generaban la sensación de estar escuchando una misma banda tocar todos los temas; en cambio las canciones de El lado velado son más libres, cada una pide una instrumentación diferente. Por eso también El Robot interrumpe la continuidad del «beat infinito» que estructuraba sus discos y unía las canciones entre sí. El lado velado es su disco más libre.

«Verte como estás» presenta un estilo nuevo para El Robot, un ejercicio pop con un fuerte beat electrónico, bajos distorsionados y juegos de sintetizadores. «Madeja» trae recuerdos de las composiciones de Kramer en Jaime Sin Tierra, banda con la que volvió a tocar en vivo durante la producción de El lado velado. «En la cima» es uno de los mejores momentos del álbum por su repetición minimalista, el efecto atrapante de los susurros de la voz, y las trompetas lejanas que parecen traer un atardecer. Y cuando el disco regresa a territorios familiares, el sonido se siente más completo, como la versión más adulta de El Robot. Cerca del final están «Lo más grande» y «Ponerle onda», canciones que desde la simpleza crecen y explotan en un clímax emotivo. «Si lo busco no está/Si lo encuentro se va/Si lo fuerzo no es/Si me abro tal vez,» concluye en «Lo más grande». Después de estos años, Kramer sigue buscando, pero parece que lo encontró.

El Robot Bajo el Agua – El lado velado

2019 – Independiente

01. Chispa
02. Embudo
03. Verte como estás
04. En la cima
05. Madeja
06. Acuerdos
07. Lo más grande
08. Núcleo
09. Lumpen
10. Ponerle onda