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Entre el surrealismo y el absurdo

¿Qué decir respecto del último disco de Thom Yorke? Un trabajo “arriesgado”, aseveraron algunos. Sin embargo, quienes realmente conocen la formación musical del cantante, no debieran sorprenderse. Es un músico inquieto, que juega, experimenta, sin estar muy preocupado por seguir el ritmo y las exigencias del mainstream. Thom Yorke es de esa estirpe de creadores que se toma su tiempo para publicar. Su inquietud artística es coherente con su forma de trabajar: paciente, contemplativa.

Además de ser uno de los principales referentes de Radiohead, encabeza el proyecto Atoms For Peace, y cuando encuentra la oportunidad de lanzar un álbum propio, lo hace. Para decirlo sencillamente: Thom Yorke no saca un disco porque sí.

El nuevo trabajo del compositor británico, Tomorrow’s Modern Boxes, vuelve a confirmar su talante vanguardista. Ocho canciones elaboradas sobre esos clásicos elementos que lo caracterizan: misterio, misantropía, colores oníricos y vértigo.

La pista que abre el disco -y que fue elegida para el video– es reminiscente y vertiginosa. Parece ser una canción que en algún momento escuchamos; se encuentra situada en una dimensión que se asemeja al ensueño: los sonidos que deambulan, esquizos, despedazados por detrás de una voz flotante, recrean atmósferas que podrían encontrarse en otros trabajos de él. Sucede algo semejante con las dos siguientes: “Guess Again” y la sublime “Interference“. El disco en sus totalidad posee una textura indivisible de los clímax típicos de Yorke; lleva su signo, adentrándonos en su mundo, como un surrealista, siempre por medio de nuevas formas. ¿Qué mayor esteticidad que aquella que narra similares experiencias sensoriales a través de disímiles geometrías e imágenes? Es que Thom Yorke es un arquitecto musical. Juega con los espacios, con el horizonte de visibilidad. No pierde el equilibrio, aun estando suspendido. Sus armonías y sonidos flotan, suben, descienden, acercándose en determinadas oportunidades al absurdo. En la música de Thom Yorke hay momentos en los cuales “se asiste a un corredor sin salida”, “a una ventana inalcanzable”, tal como describiera Borges la arquitectura de los Inmortales. En las canciones de Yorke se figuran imágenes incoherentes y absurdas (si se las contempla desde una perspectiva racionalista). Pero el compositor sigue resistiendo y abriendo dimensiones; no sucumbe ante sus propios extravíos. Renuncia al fatalismo sin por eso ubicar al absurdo de sus experimentaciones en un lugar privilegiado.

Canciones como “The Moder Lode“, “Truth Ray“, seguidas luego de la etérea y melancólica “Interference“, inauguran nuevos espacios, diferentes habitáculos. Lo mismo con “Nose Grows Some“, pista que cierra el disco, dando la sensación de no ser una canción. Sin embargo, de a poco, a medida que avanzan los segundos y los colchones de fondo, vamos ingresando en una secuencia de canción, hasta los 2′ y 43”, cuando el cambio armónico amenaza con romper el equilibrio. Pero la luz siempre vuelve en el álbum; por alguna ventana se cuela, y salimos a un jardín emplazado en una construcción desconocida. ¿Es la música de Yorke semejante al laberinto de Kafka o de Borges? Probablemente no, ya que un laberinto es una “casa labrada para confundir a los hombres”, y las composiciones de Yorke, aunque tengan momentos difusos, absurdos y sombríos, empujan hacia una dimensión onírica y surreal, sin sucumbir en el naufragio.

La música de Thom Yorke es surreal, en el sentido estricto del término, y por eso se distancia definitivamente de los laberintos y circunstancias inextricables y fatales. Nada nos impide pensar la música en esos términos. Tal como señala Raymon Bayer en su Historia de la estética, “el surrealismo no es un simple automatismo, sino que se apoya en toda una filosofía del inconsciente y en una técnica de rechazos”, donde “lo maravilloso será sugerido por una asociación de palabras y de ideas perfectamente ilógicas, por una asociación de acontecimientos u objetivos sin ilación, relación ni medida común, tal como sucede en los sueños”. El mismo Breton extiende la definición del surrealismo a diferentes áreas: “un automatismo psíquico por el cual uno se propone expresar sea verbalmente, sea por escrito, sea de cualquier otra manera, el funcionamiento real del pensamiento”.

Tomorrow’s Modern Boxes se mueve en una planicie onírica, pero va más allá del pensamiento, porque explora dimensiones fuera de la mente, abriendo pliegues entre las ensoñaciones y los espacios físicos. La música de Thom Yorke se funde entre el sueño y el espacio; existe en ese momento situado en la confusión de la vigilia con el ensueño; ahí, en ese espacio-tiempo donde nace la pregunta acerca de la veracidad de lo vivido.

Nadie está obligado a gustar de un trabajo, pero hay diferentes formas de acercarse al mismo. Puede rechazárselo desde el comienzo, sin haberse escuchado alguna canción. También se podría desacreditarlo luego de haber realizado la experiencia auditiva. No obstante, a veces, el mejor ejercicio para escuchar, leer o apreciar una obra, es no ser mezquino; ni más ni menos que eso. Escuchar, una y otra vez. Leer, también, repetidamente. Intentar comprender qué nos manifiesta el artista, hacia dónde quiere ir. Quizás de esta manera podamos comprender el genio de Thom Yorke.

*Las citas a Borges corresponden al cuento “El inmortal”, del libro El Aleph.
*Las citas sobre el surrealismo corresponden todas al libro de Raymond Bayer: “Historia de la estética”, 1965. Editorial Fondo de Cultura Económica. Reimpresión. México, D. F. 2011.

Thom Yorke - Tomorrows Modern Boxes

Thom Yorke – Tomorrow’s Modern Boxes

2014 – Independiente

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01. A Brain In A Bottle
02. Guess Again!
03. Interference
04. The Mother Lode
05. Truth Ray
06. There Is No Ice (For My Drink)
07. Pink Section
08. Nose Grows Some

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