Tyler, the Creator en el video de «Earfquake»

Tyler, the Creator es el primer artista de rap en llegar al 1 de Billboard con un disco producido y arreglado en su totalidad por su autor. Sin embargo, en Latinoamérica persiste como incógnita. La cultura hip-hop hace de la palabra su estandarte y quizás por ello debió parir sus propios héroes tercermundistas para concretar su zenit a nivel global. Ahora, Igor, el disco número 1 de Tyler, no es puro rap. Aquí conviven las múltiples facetas de su personalidad, pixeladas en capas y capas de voces procesadas digitalmente. En ese oleaje se cuelan invitados de alto impacto bajo un rol nada preponderante. Todos al servicio de esta obra total que parece sintetizar una dialéctica histórica a la altura de las expectativas. El cosmic jazz que catapultó a Solange al estrellato aparece a destellos. La producción es cuidadosa de no empalagar y los detalles estelares no se repiten. La beta Kanye West se percibe en el góspel desenfrenado de «A Boy is a Gun» o «Are We Still Friends?», track donde Jack White no permitió que se lo acreditara por no dilucidar cual era su guitarra en ese vendaval de instrumentos que entran y salen sin alterar la dinámica. Si bien la canción cierra el disco, esta épica de estribillo marca la obra con sus desbordes de emotividad. El soul y el R&B se explayan y Tyler protagoniza momentos dulces con letras ácidas y disconformes. Su significativa voz grave y adusta queda relegada en pos de sostener una nueva etapa musical.

El halo amoroso que envuelve al disco no priva al artista de polemizar ideas y visiones. La chabacanería al borde de la misoginia ha dado paso a las reivindicaciones sociales subidas de tono. Tyler le canta a la juventud para que se despierte y asuma su status de súper estrella crucificada. El llamado a correr de las balas hasta que salgan alas se torna destino y presagio. Sus dardos no apuntan solo a quien detente poder político sino a los irresponsables emocionales. Igor es una oda al amor en clave neosoul que ablanda corazones. Si los coros le susurran «I don’t love you anymore,» Tyler solo ruega «Don’t leave.» Sus facetas se alternan aun en el acotado marco de una canción, a veces destruyendo el ambiente cool con frases dolidas.

En el video de su hit «Earfquake», Tyler estrenó un personaje excéntrico de traje y peluca en plan performance. Pero este perfil no se explaya en Igor. En los rincones del álbum emerge genuino bajo una mueca de rencor. Al borde del éxito masivo, Tyler, the Creator fue vapuleado por la prensa y quedó del lado de los malos en la «grieta yankee.» Acorralado por la coyuntura, en Igor alza su vuelo y se proyecta al estrellato bajo una nueva piel. El movimiento del álbum anterior, Flower Boy, hacia Igor, lo catapulta a la primera línea del mainstream. Ha creado una escena junto a artistas como Frank Ocean y Blood Orange donde el rap no resigna la perspectiva épica de la música. En esta arriesgada búsqueda, imantan el rasgo vintage de profesar devoción por el disco como obra de arte. Haber llegado al número 1 superando a la leyenda DJ Khaled es un síntoma de época y del viraje de este movimiento artístico hacia el clasicismo. Ya no son discos desbordados de mas de 20 canciones con todos los featurings que se pueda. La siempre expectante puja por un Grammy viró a la tentativa de lograr un disco que englobe el abanico de su cultura.

Propio de un gran álbum es terminar con su mejor canción, no obstante vamos con la primera, «Igor’s Theme». Un sintetizador pastoso es interrumpido por una bata que preludia una de las frases del disco, «Running out of time» (también habrá una canción con ese nombre en el devenir del disco). El rap es tan dulce que suscita un coro góspel abanicado por un piano de música clásica. Y ahora sí: si «Earfquake» no es el tema del año es porque es un gran año para la música. Coros angelicales claman «For real this time» y el beat entra inclemente. Tyler, the Creator se canta un hit masivo que una vez le ofreció a Justin Bieber. A cada corte no sabemos con qué coro o puente nos desgarrará las emociones. El trance mágico del glamour del pop cuando realmente sucede y emociona. Los Bee Gees le hubiesen hecho video a una pieza así de bella. Hasta el rap que entra sobrador termina rendido susurrando: «So in love/So in love». Dan ganas de una pausa y llorar pero llega el momento alegre del disco.

La arenga de «I Think» remite a la algarabía impostada propia de británicos como Gorillaz o Kasabian. Y llega el spoken word de «Exactly What You Run From You End Up Chasing», casi un audio de WhatsApp aconsejando a nuestro protagonista e imponiendo trama en pleno desconcierto. Las palabras no son deliberadas, son eje de la obra. Finales repentinos con frases profundas logran zurcir el espíritu del relato. Es la estética de entrada y salida de personajes. Podemos no saber inglés, pero el dramatismo se explicita en coros que operan como juglar del inconsciente de Tyler. Más adelante, en «I Don’t Love You Anymore» se tornará en burla en movimiento hacia el grotesco.

Cuando ronda la mitad del disco donde los ansiosos desisten, Igor toma el lado oscuro. En «New Magic Wand» y «A Boy is a Gun» logra entrelazar costados disímiles de su expresión y desafiar la velocidad del rap con cierres arpegiados de guitarra circa Velvet Underground. Igor es un arquetipo usado en literatura gótica. El súbdito torpe del villano con destino trágico e intrascendente. La balada rompe corazones es «Puppet», el punto mas triste del disco. Nuestro anti héroe confiesa ser usado y dejarse lastimar en súplicas de ternura. Los quiebres exquisitos de beat logran estremecer. Por fortuna el disco es largo y da para todo. Sonará incluso a MGMT en «Gone, Gone». Voces que parecían ocupadas solo en lo estético ahora confiesan su angustia. El afán por el pop lírico se trasluce bordeando lo alternativo. ¿Será este el encuentro definitivo entre el rap y el rock clásico? Puede achicar la distancia de los mares esta obra. Tyler tuvo prohibida la entrada en UK por letras viejas y ahora le canta al oído a la generación británica que no sabe cómo escapar de la Unión Europea. Es su voz hoy el lenguaje del amor.

Aún con el decorado digital venido abajo, Igor sale a rapear y conecta. Solo prendan el mic, pide, él hace el resto. El final es un son para enamorados al borde del abismo. «Are We Still Friends?» es un viaje en el tiempo con un sample de Al Green y otro hallazgo: «I don’t want to end this season on a bad episode.» El pianista que acompañó desde las sombras toda la obra sale a la luz. Los adverbios de tiempo ahora consultan por la vigencia de la amistad, incluso en la ardua etapa post amor. Detrás del velo narrativo se ciñe el desamor de un cantor de prosa enfática. Esto no es soul ni R&B, es música con ansias de infinito conjugada sin desatender la historia musical. Tyler, the Creator no es solo un gran rapero o un tremendo productor. Es Igor y ahí viene.

Tyler, the Creator – Igor

2019 – Columbia

01. Igor’s Theme
02. Earfquake
03. I Think
04. Exactly What You Run From You End Up Chasing
05. Running Out of Time
06. New Magic Wand
07. A Boy is a Gun
08. Puppet
09. What’s Good
10. Gone, Gone / Thank You
11. I Don’t Love You Anymore
12. Are We Still Friends?