Álex Anwandter regresará a Buenos Aires para presentar las canciones de su más reciente disco Latinoamericana, este viernes 11 de octubre en Niceto Club. El cuarto álbum del músico chileno acaba de ser nominado como Mejor Álbum de Música Alternativa en los premios Grammy, un trabajo con una fuerte impronta poética y un conjunto de canciones que erizan la piel. Hablamos con Álex sobre la importancia de la política en su obra y algunas reminiscencias que lo marcaron.

Sos un artista comprometido con la lucha social desde los inicios de tu carrera hasta hoy. ¿Ves un mundo evolucionando o más bien estancado?
Me hacen esa pregunta de vez en cuando en relación a los derechos LGBTQ, lo quería ejemplificar con eso porque siempre me costaba responderla, en el sentido que es difícil hablar de avances o progresos cuando hay femicidios cada seis horas o siguen golpeando a la gente gay. Claro está mejor que hace cincuenta años pero también andá a decirle eso a alguien que le asesinaron a su hija o hijo.

¿Cómo ves la fuerza de la lucha feminista en Argentina?
La veo poderosa, más que en Chile por lo menos. Acá tienen una fuerza muy muy grande, siento que hasta resultó inspiradora para el movimiento feminista chileno. Lo que hicieron aquí en relación al aborto fue muy visible. Incluso a mí cuando estaba escribiendo mi último disco, el movimiento feminista de Argentina fue una de las cosas que me hizo pensar que son las mismas cosas que están pasando en Chile. Lo que pasa es que en nuestros países siempre están como en crisis internas muy intensas, entonces tendemos a pensar que cada país está solo con sus problemas y tiende a ignorar las luchas en común que hay a través del continente. Y de esto se trata el disco también.

¿Qué hecho recordás que haya despertado tu conciencia política?
Yo creo que son dos cosas, si tuviera que marcar dos hitos. Una es ser chileno y en algún minuto adquieres conciencia de lo que pasó en mi infancia en la dictadura. Yo tengo mamás de amigos que fueron torturadas y una tía que fue exiliada porque le mataron al novio. También tengo familia pinochetista, cosa que es muy común en Chile tener tanto muerto como fascista. En algún momento de tu vida adquirís conciencia de todo eso, y yo cuando lo hice estaba en el colegio. Lo otro que para mí fue súper importante fue el movimiento estudiantil del 2010 y 2011 en Chile. Fue un movimiento que sucedió cuando yo ya estaba trabajando, ya hacía música y me hizo reflexionar mucho, que si bien yo siempre he sido una persona política, con opiniones y con vocación cívica, eso no se estaba reflejando tanto en mi trabajo. Yo iba a marchas y a tomas de colegios para apoyar a esos estudiantes e iba a cantar canciones que no tenían nada que ver con cosas que me importaban un montón, que ellos mismos estaban demandando. Me hizo pensar que tenía que hacer un esfuerzo mucho más grande para incorporar esas inquietudes sinceras mías, en algo tan importante para mí como lo era mi trabajo. Y esa búsqueda fue como una especie de bisagra en mi camino, un momento que cambió mucho mi manera de relacionarme con mi trabajo, mi trabajo con el público y yo con el público.

En este disco cantás de una forma mucho más literaria y poética que en tus discos anteriores. ¿Cuál fue la premisa?
La premisa fueron dos cosas, creo que por un lado sentí que ya mi ideología estaba muy clara ya con los discos anteriores, entonces no sentí la necesidad…

Claro, después de un tema que se llama «Manifiesto»…
Solo puedes escribir un tema que se llama «Manifiesto»… voy a escribir «Manifiesto II.» [Risas]

Siempre que veo tu video interpretando esa canción en la ceremonia de los premios Grammys se me pone la piel de gallina. Es una canción hermosa…
Fue súper raro cantar esa cosa. Pero es linda esa canción, es lindo cantarla, porque es una canción que te obliga a gritarla. Y la canción se trata de eso, como de gritar que uno es un maricón estés donde estés. La canción te obliga a hacer una performance de la letra en el fondo. Cantar la canción es una performance de sí misma. Y esa es un poco la fuerza que tiene y por eso funciona siempre, porque es muy loco ponerse en un escenario y empezar a gritar que eres mujer.

Te interrumpí y me estabas contando sobre el cambio de tu forma en el mensaje…
Por un lado no quería repetirme, ya que estaba muy claro. Y por otro, el momento que escribí el disco fue un momento de mucha más incertidumbre que de certezas. No tenía muchas certezas de qué pensar, sentía que había que replantear estrategias en contra de los discursos de odio, de la intolerancia, del fascismo, de la homofobia, del machismo. En el fondo es casi como escribir una canción como «Manifiesto», no digo que pueda cambiar el mundo, pero fue un momento de desesperanza escribir el disco Latinoamericana. En el sentido de que todos los esfuerzos de décadas, «progresos y avances» hacia la tolerancia y hacia los derechos de todo tipo de personas, hubiesen estado retrocediendo. Se me hizo algo bien fuerte. Y el repliegue fue hacia un lenguaje menos concreto y también hacia ideas más históricas que actuales. Explorar la historia como lugar de soluciones, más que las ideas del presente que no estaban funcionando.

En varias de tus canciones retrotraes el escenario del pueblo. ¿Son recuerdos de tus vivencias en una comunidad pequeña?
Lo veo más como un estado mental que algo de cantidad de habitantes o geográfica. Porque esa sensación de pueblo también existe en Santiago y tiene millones de habitantes. Es como el panóptico, estar auto-reprimiéndonos mutuamente y uno mismo, siendo controlado por la mirada de los otros y que eso limite tu libertad y quién eres en el fondo. Y eso también siento que como algo muy latino, muy de la cultura y liberarse de eso se me hace una idea romántica.

Llamar Latinoamericana a tu disco estando viviendo en Estados Unidos, ¿es un sentimiento de nostalgia o desarraigo?
Estaba viviendo en Los Ángeles y era como no estar viviendo ahí, no estar viviendo en Chile simplemente como que da como una perspectiva supongo. No digo que sea mejor, simplemente distinta. Es más lejana. Y fue como no estar en medio de mi isla, en el medio de mi crisis local, fue lo que me hizo ver con mucha más claridad las luchas en común. Aquí en Argentina la gente está luchando contra tal político local y es la peor persona del universo, pero en Chile sucede exactamente lo mismo. En Brasil también, como en México y Perú. Esos estadios de progreso y retroceso tienen raíces históricas y tenemos un sinfín de experiencias que hemos vivido en conjunto, pero nos hacen creer que estamos separados. Encima que se inventan los nacionalismos que nos separan aún más, hay que estar enemistado con tu vecino inmediatamente.

¿Quién es el «presidente bufón» que aparece en las letras de Latinoamericana o son muchos en uno?
Son muchos en uno. Lo escribí antes de que saliera Macri, pero ya estaba Piñera que es un estúpido de primer nivel. Y luego llegó Trump, así que ya había dos. Dije eso y empezaron a salir electos más, como casi invocándolos. Después de eso también salió Bolsonaro, es increíble que son payasos pero también son muy peligrosos. Porque cuando están en los puestos de poder tienen efectos reales en las vidas y los cuerpos de la gente.

Álex Anwandter en Lollapalooza Argentina 2019 – Foto: Matías Casal

En Latinoamericana hay canciones cantadas en portugués. ¿Cómo fue esta elección?
Es la música que crecí escuchando, de alguna manera escuché más eso que música chilena. Porque mi papá es brasilero y eran los vinilos que se trajo de Brasil. Me daba vergüenza cantar en portugués y más escribir letras. Hablo en portugués, pero no al nivel de escribir. Y no quería excluir a Brasil del disco, porque es un pedazo gigantesco de Latinoamérica. Y por otro lado también, estos artistas no fueron elegidos al azar, son dos artistas que hacían algo que a mí me gustaban mucho. No solo eran artistas conectados fuertemente con su contexto social, sino que se comunicaban con otros artistas de Latinoamérica, que era una cosa que se hacía mucho antes de la dictadura, se juntaban a hacer canciones juntos, por ejemplo Mercedes Sosa con Milton Nascimento, Milton Nascimento con Violeta Parra… horrible pero no es el punto [Risas]. El punto es que estaban conscientes que los artistas pueden ser voces representantes de sociedades. Y eso no se perdió, sino que se anuló a la fuerza en las dictaduras. Me gustaba hacer ese gesto de decir que yo canto esta canción en portugués, porque los artistas estamos conectados, como nuestros pueblos. Son ideas que se han perdido, pero no veo el por qué no se puedan recuperar.

¿Cómo ves la política en el cine? Tu película Nunca vas a estar solo es muy política.
Me gustan los melodramas porque son películas que son al mismo tiempo muy emocionales, que se me hace algo muy importante y me gusta ver, ya que no me gustan los ejercicios fríos e intelectuales. Me gustan cosas que producen emociones. Y son vehículos muy buenos para analizar temáticas sociales y encuentro que conectar emociones a temáticas sociales es la manera más efectiva de provocar empatía y también es arte muy accesible.

¿Qué directores se te ocurren?
Hay dos que me gustan mucho, uno es aprendiz de otro. [Rainer Werner] Fassbinder que tiene varias etapas, pero su cine cambió mucho cuando conoció la obra del otro director que me gusta mucho: Douglas Sirk, que es un alemán que se fue a vivir a Hollywood. Hacía unos melodramas ligeramente absurdos, pero con una potencia emocional impresionante. Más que la de Fassbinder de hecho, porque Fassbinder sí se pone bastante frío constantemente. Pero Douglas Sirk tiene todas esas ideas subversivas disfrazadas de ricos y pobres, amores prohibidos, padres que abandonan a sus hijos. Emociones que están llenas de temáticas sociales, y terminás ultra llorando porque algo se te convulsiona adentro.

Hay una canción tuya que genera distintas interpretaciones de parte del público, «Vanidad». ¿Cuál es la tuya?
En Chile están obsesionados con que piensan que se la escribí a Jorge González de Los Prisioneros. Encuentro que tendría que ser yo muy conchadesumadre por haber escrito una canción así. Se me hace muy de mierda que piensen eso de mí, o que yo haría algo así. «Vanidad» me encanta. Son como frases medio desconectadas que la gente tiene la necesidad de gritarlas. En los shows es muy hermoso ver a la gente cantando «¡Hazlo más fuerte!». Es una canción que explora la idea de la sexualidad, el público de figuras artísticas más del pasado, como generaciones anteriores de artistas vivían en tiempos que se sentían menos libres de visibilizar su sexualidad y cómo eso produjo artistas con muchos conflictos internos. Se me hace triste e interesante al mismo tiempo.

Regresás a Buenos Aires, ahora con un show más íntimo que tu última presentación en el Lollapalooza. ¿Qué nos podemos esperar del show?
Yo estoy súper entusiasmado la verdad, y no estoy siempre entusiasmado. Pero con este sí, porque he sentido tanto como es posible, mucha energía y mucho amor por parte del público. Mucha gente que está esperando el show, ya que Lollapalooza estuvo bien entretenido pero fue un show corto y con entradas muy caras. En este de Niceto voy a cantar al menos veinticinco canciones. Yo soy bien tranquilito como en la vida real, pero en el escenario soy bien distinto y me encanta cuando mi energía se retroalimenta con un público energético como ya siento que va a ser este.

Álex Anwandter se presenta este viernes 11 de octubre a las 20 h en Niceto Club (Niceto Vega 5510, CABA), entradas disponibles a través de Ticketek.

*

Foto principal: Gentileza de prensa.