Entrevistas
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11/12/2020

Benito Cerati: "He luchado mucho con la imagen que la gente se arma de mí"

Hablamos con el músico argentino acerca del oscuro e introvertido nuevo disco de su proyecto Zero Kill, Lapsus.

Foto: Belén Asad

Hace dos años, en la víspera de su disco Unisex, Benito Cerati tuvo un ataque de epilepsia en la calle y su cabeza terminó golpeando el asfalto. Hoy las circunstancias son otras. Esa ansiedad, somatizada ante el prospecto de la exposición, en ningún momento se percibe al escucharlo hoy. Por el contrario, la voz del músico que acaba de cumplir 27 suena más firme y sagaz que nunca.

Cerati acaba de publicar Lapsus, el cuarto y mejor disco de su proyecto Zero Kill. Con el correr de los 2010, la banda fue sentando las bases para el armado de una discografía cada vez más rica y sólida. En contraste a su predecesor, Lapsus ahonda en lo oscuro pero también rebalsa luminosidad. En su viaje de ida y vuelta hacia el shadow self, Benito ensambló un coven de colaboradoras que incluye a artistas de la talla de Marina Fages, Marilina Bertoldi, Hilda Lizarazu, Sobrenadar, Paula Maffía y La Maurette.

A propósito del disco, y en adelanto a su presentación vía streaming el próximo 13 de diciembre en Niceto Club (entradas disponibles), nos pusimos al día con Cerati en una conversación extensa y enriquecedora.

¿Cómo fue la génesis de Lapsus?
Yo pensé dos discos juntos. Cuando pensé en Unisex, el disco anterior, pensé también en Lapsus: en la idea de tener un disco súper colorido y otro súper monocromático, uno extrovertido y otro introvertido. Quería que fuese como un yin-yang. Empecé por Unisex que es como el high de la pastilla. Lapsus es el bajón post, bajón que ilumina y te hace dar cuenta de por qué estás así. El disco termina en una nota muy alegre, los últimos dos temas son muy positivos e inclusive tienen algunas de las letras más románticas de toda mi carrera. Tiene una dicotomía porque también están las más desesperantes.

Este disco más íntimo inesperadamente tiene los feats, cuando Unisex era el que tocaba temáticas colectivas y estaba en una sintonía más colorida de decir “sí, salgamos a la marcha”.
Es que Unisex es esa cosa colectiva pero a la vez es muy del “yo puedo todo”, contra todo y con todas las causas sociales a la vez. Me meto en política, en sociales, soy una persona que no puede ser quebrada por nada. Desde ahí se habla en Unisex, desde un lugar eufórico. Lapsus es cuando te diste cuenta de que no lo podés todo y que inclusive era una fachada self-righteous o un pedestal moral en el que uno se pone cuando se cree Dios. Entonces tiene sentido que ese disco no tenga invitados porque es muy del yo. Lapsus nada que ver. Para salir de esos lugares necesito gente y necesito apoyo.

¿Cómo te sentís con este disco en relación a tus trabajos anteriores? Parecía que iba a ser un disco más darks, como Alien Head, y sin embargo hay bastante luminosidad acá.
Yo creo que es más cercano el feeling de Alien Head, en el sentido de que tiene esa cosa para dentro en algunas partes. Siento que es un refinamiento de lo que pasaba ahí. Hay cosas en Alien Head que las veo muy inocentes, inclusive videos como el de “Reencarnar”. Están muy bien hechos pero los veo como si estuvieran contando una historia para chicos. Creo que evolucioné de eso. Con Unisex me puse más sucio. Y en otras partes me propuse algo que tiene que ver más con Trip Tour que fue hacer temas bailables pero líricamente disonantes, donde estás bailando llorando.

A lo Robyn.
Exactamente, sí. Un poco eso quería transmitir en temas como el que está Paula Maffía [“ZHW”]. Son esos temas donde bailamos pero está todo mal, como ese perrito tomando el té y diciendo “this is fine”. [Risas] Después, en cuanto a influencias visuales, tomé todo el movimiento gótico romántico que se desprendió del post punk a fines de los setenta: The Cure, Siouxsie and the Banshees, todas esas bandas que son dark pero al mismo tiempo súper románticas. Que siempre están diciendo “te amo, te amo, te amo” y a la vez “Dios ha muerto”. Tiene esa dualidad que me interesaba explorar y creo que quise hacer eso, mi disco más claustrofóbico y liberador a la vez.

¿Cómo arribaste al título? Los nombres de tus discos tienen sentido en muchos idiomas, como hizo Juana Molina con Halo o Björk con Volta.
Hay una parte de mí que quiere títulos universales. Por otra parte, Unisex fue genuinamente un nombre que sentía que tenía mucho que ver con lo que yo estaba contando y me sigue pareciendo muy acertado como título de disco. Con Lapsus me pasó lo mismo: justamente es algo que se te olvida, que estás queriendo decir y no podés o como un paréntesis en el medio, un blanco. Además de que soy muy fan de la psicología y me gusta mucho ese mundo, me parece que ese término refería muy bien a la cuestión de la cuarentena. Como el título de “¿Cuánto más soportás?”. ¿Cuánto más vamos a soportar estar encerrados? Tiene mucho que ver con este paréntesis, este momento en el medio de nuestras vidas. El mundo mismo tuvo un lapsus. Me pasó que la primera vez que me preguntaron cómo se iba a llamar el disco y yo ya tenía el título literalmente me lo olvidé. [Risas]

En tu proceder compositivo es que hacés muchos guiños y referencias a artistas que te marcaron, al punto de que a veces tus discos se desenvuelven como un ejercicio de decir “ah, este arpeggio parece Flaming Lips vía Cardigans”. ¿Cuál es la referencia más explícita en Lapsus y cuál es la menos?
Unisex tenía cosas noventosas porque soy una persona que se tiró mucho a los noventa en muchos lados. En este disco particularmente me negué a absolutamente todo lo noventoso y me anclé en los ochenta, inclusive fui a los setenta para inspirarme. También tomé inspiración de bandas que ni siquiera me fascinan pero cuyo sonido quería para mis canciones. En el tema con Vicky Maurette [“¿Cuánto más soportás?”] quería hacer una mezcla de Duran Duran con los Stooges, y para el tema con Paula Maffía quería mezclar Simple Minds con el Bowie de los ochenta.

¿Renegás de que te asocien tanto con Bowie? ¿No sentís que a veces es una forma heteronormativamente aceptable de reconocer al hijo puto?
Me rompe las bolas. [Risas] No musicalmente, pero no sabés la cantidad de remeras y mochilas y cuadros que tengo de Bowie. Harto. Estoy para organizar un museo y destronar al oficial. Mi gente cercana lo que piensa es “a Benito le gusta Bowie, le compro una remera”. Es fantástico, todo el mundo hace eso cuando compra regalos pero ya estoy podrido. [Risas]

¿Qué buscabas hacer con “¿Cuánto más soportás?”? ¿Dónde trazaste ese límite vos en tu vida personal?
Ese es el tema más unisexero, la lírica le habla mucho a la sociedad y al doble estándar moral, inspirándose mucho en la cultura de la cancelación y todas esas cuestiones modernas que no nos están conduciendo a ningún lado y simplemente son por los likes o por ver quién es el más correcto de todos. Yo sufrí mucho eso. Uno al tener ojos encima, por A o por B, es un blanco más fácil. A mí no es que me han cancelado, pero sí he luchado mucho contra la figura del ídolo y todas esas religiones que tienen esa cosa del ser conocido y de idealizar y del prejuicio ante la gente conocida. Yo he luchado mucho con la imagen que se arma la gente de mí. Ahora ya no me interesa porque no puedo controlarlo, pero cuando era más pibe pensaba que sí. En Unisex pensaba que me las podía bancar todas y que podía contestarle a todo el mundo. Lo equivocado que estaba. Con el disco anterior y la cantidad de exposición que tuve me expuse mucho a gente elucubrando cómo era mi vida y cómo eran mis relaciones con mi familia y hablando del culo ajeno. A un punto que me destruyó bastante el alma. Me metí en una depresión de la cual para los últimos meses de promoción ya no podía ni pensar correctamente. Como siempre la solución para mí fue terminar todo y ponerme a grabar un disco nuevo. “¿Cuánto más soportás?” está inspirada en cómo la gente puede contradecirse en la misma oración y no darse cuenta. Me parece fascinante y triste a la vez. [Risas]

A veces parece que cierto grado de visibilidad conlleva un montón de gente que se portan como la amplificación de los peores pensamientos intrusivos. Y no importa lo que uno pueda hacer, así esté bien o mal, si ya tienen un preconcepto armado.
Todo se va a leer en esa clave. Si me cae mal esta persona, todo lo que diga y haga me va a caer mal no importa qué tanto intente el otro. Quizás te tengan que rescatar de un volcán en erupción y yo no estoy para eso.

Mencionaste la cultura de la cancelación recién. ¿En qué crees que se arraiga ese comportamiento como persona que está registrando artísticamente esta generación?
Cuando mandás send en Internet siempre estás esperando que la gente diga: “Tal cual Beni, qué capo”. No sé si estás buscando justicia, pocas veces estás buscando eso. Empecé a entender un poco eso de menos hablar y más hacer. Cuando ves a alguien como Lali Espósito que la está rompiendo y ves un comentario de un chabón diciendo “hay muchas bandas más talentosas que esta mina y no las conocen”, ¿vos te creés que escucha esas bandas, las va a ver y compra los discos? Nada. Lo dice porque quiere bardear a alguien a quien le va mejor que a él. Quieren likes, eso es lo grave. Ojo, no estoy en contra de que se revelen las cosas. Hay un lado positivo de la condena social en los movimientos sociales. La cuestión del aborto llegó a donde llegó por la movilización de la gente. Estoy en contra del linchamiento en masa porque es una cuestión de envalentonamiento que no tiene que ver con justicia y que tiene que ver con sentirse parte de algo. Es una cosa muy distinta y se nota mucho la diferencia. Y es insoportable honestamente.

Tori Amos es alguien que atravesó una experiencia muy terriblemente traumática y habló al respecto como nadie lo hacía entonces, dijo en el primer tema de su primer disco que no tiene interés en ser una víctima. Estos procesos que estamos atravesando colectivamente, que en el 2017 decidimos que odiábamos a los violadores como si antes no hubiese estado mal, y ahora en el 2020 estamos viendo que quizás el punitivismo no sea la respuesta… ella lo vivió en carne propia y llegó a esa conclusión treinta años antes.
Por cómo lo estás planteando, y estoy de acuerdo en esto, es como un mini estalinismo. Por las buenas causas hacemos el horror. Ahora que Maradona se murió, la cantidad de gente que va a decir: “Pero recuerden que es un violador”. Escriben eso, mandan send y después prosiguen a tomar mate y se olvidan. ¡Hacé la denuncia! Ahora sí, concedo que todo el aparataje de los medios es nefasto, sobre todo el periodismo de cholulaje que se dedica a arruinar vidas. Maradona es un ejemplo clarísimo, pero Britney Spears también y puedo decir que a Michael Jackson le hicieron lo mismo más allá de si hizo o no hizo lo que sea. Después te publican en The New York Post cómo la cocaína y la fama y la mafia arruinaron a Maradona. ¿Cómo te da la cara para arruinarle la vida a alguien y después culparlo de lo que hizo? Por eso entiendo cuando veo a Björk cagando a palos a la periodista. Después pasa que la justicia también funciona mal entonces eso hace recurrir a lo social y lo entiendo también. No estoy denigrando el escrache o diciendo que no funciona en ningún caso. Pero hay que tener ojo porque no siempre se habla desde el mejor lugar. La seguridad hace estragos.

Dijiste que en este disco está tu tema propio favorito, superando a “Starving”.
Hay cosas que nunca había hecho antes en este disco, una cantante lírica que estuvo sola full Divine Comedy. [Risas] Mi tema favorito es “Cerca”, me parece muy bello. Me hace acordar a algunas cosas de Coldplay cuando se ponen electrónicos como en Ghost Stories. Me encanta ese disco, me hace acordar a eso. Esta canción con Sobrenadar es un tema brit-pop incluso más cercano a lo que ella misma hace. Me cuesta mucho hacer temas alegres porque me siento cliché. Este tema con Pau es el único además en el que yo no hice la melodía de la voz. Estaba instrumental, yo había hecho una letra, le pasé ambas y ella le inventó una melodía arriba. Así que en realidad la melodía es de ella.

Hay una canción que se llama “Noche oscura del alma”, un concepto que acuñó Carl Jung. ¿Cómo llegaste a esa noción? ¿Te tocó atravesarla personalmente?
Ese tema con Hilda es más portishero, te juro que cuando vino a cantar y tiró la voz que escuchamos me di vuelta y le dije: “Hilda, dejame hacerte un disco así”. Ese tema justo fue el más fácil de escribir porque es como la ópera del centro, está en el medio del disco y es como el momento clímax. De hecho si te fijás, salvo “Aurora” que es el primer tema, las letras van empeorando en el contenido y después van subiendo de vuelta. “Noche oscura del alma” tenía que ser lo más desoladora posible en cuanto a música y letras, que no quede ambigua la sensación de claustrofobia. Yo noté ese concepto una vez que hice un viaje con unas plantas que me pegaron muy fuerte y tuve muchos meses de angustia existencial enorme en la cual se puso en cuestionamiento la realidad misma. Fueron muchos meses de sentir que no tenía asidero nada. Sentía que mi cerebro se estaba descableando y volviendo a cablear de una forma distinta, y sentí una desolación máxima de que no sabía por qué estaba vivo. De hecho no podía dormir, tenía pesadillas cada vez que quería dormir. No había buscado en Google para saber si alguien había pasado algo así y en su momento pensé que la planta me había cagado la cabeza. Pensé que me había agarrado una psicosis y por momentos me sentía en The Truman Show. Esa cosa tremenda podés sentirla en un mal viaje pero fueron meses. Y después vino el mejor momento de mi vida. Cuando se prendieron un par de lamparitas me bajó la luz diciendo: “Che, esta es tu misión en la vida”. Cuando busqué esto en Google llegué a un poema católico de San Juan de la Cruz que se llama “Noche oscura del alma” y encontré que se le llama así a esa pérdida de fe en lo que uno cree. En este caso el Dios católico. Había foros que decían: “Che, ¿cuánto te duró la noche oscura del alma?”. Te juro que sentí un respaldo. No soy creyente ni nada pero me sirvió para mi propia experiencia. No es que después conecté con Dios, pero todos hablaban de encontrar sentido y yo pensé: “Bueno, tengo que encontrar el mío”.

¿Qué sentido o propósito le encontraste a las cosas?
Ahora estoy pasando por otro momento de revisar el sentido. [Risas] Más que sentido, se me reveló que lo que yo tenía que hacer era unificarme a mí mismo y mis partes porque estaba muy disjointed. Estaba el Benito que no siente nada, el sensible, el niño asustado, el que se hace el valiente y estaban todos desconectados. No sé si fue en un sueño esto, muy Dale Cooper, pero un día desperté y dije: “Che, tengo que hablarme a mí mismo”. Lo que me funcionó es imaginarme de chiquito asustado y hablarme así. Adopté una metodología muy linda conmigo mismo que es acompañarme a donde sea que vaya. Si estoy solo, no estoy solo, estoy conmigo. Llegaba a un lugar y pensaba “ay, qué embole estar acá” y yo mismo me contestaba “ay, total”. Una cuestión medio esquizofrénica pero que me ayudó mucho a amigarme conmigo.

Hablás de tu niño interno y has reiterado muchas veces que de chico te visualizabas con tu propia discografía. No sé hasta qué disco habrás proyectado, pero ¿qué sonidos te gustaría explorar en el futuro o qué faceta de tu interioridad sentís que todavía no quedó registrada en un disco?
Muchos. Yo creo que todavía me debo una incursión en el shoegaze, pero es un género para un público más cerrado y yo todavía no me le animo. Es una de mis cosas favoritas del mundo, pero siento que si hago un disco shoegaze ahora, si ya soy impenetrable, lo voy a ser el triple. Quiero por lo menos generar un interés en el público para poder mandar algo así. Me debo un disco completamente electropop, un disco punk, un disco totalmente acústico… Quiero incursionar en música clásica y jazz. Hay mucho.

El disco cierra con “Ya fue todo”. ¿Estás aludiendo quizás a una postura más budista de encarar la existencia?
Me acuerdo que fui a una charla budista en un templo. Me había invitado Lito Vitale a grabar una sesión en un templo budista y estaban todos, desde Nacha Guevara hasta un tipo que se subió a una tarima y empezó a recitar un poema, una cosa que es una boludez pero que me marcó. Algo así como si te dijese: “Este ventilador es viejo y ya no funciona, tengo que tirarlo”. Después seguía para otro lado, pero arrancó con esa frase y pensé en la cantidad de cosas que yo tenía viejas y tenía que tirar. Todo bien, es experiencia, pero ya está. No te quedes ahí atrás, ya está, esto ya pasó. Y… ya fue todo. [Risas] Honestamente ya fue todo. Y viste que se usa mucho para mandarte, para arrimarte, es como un lunfardo acá. La letra habla un poco de “bueno, soy esto, me la re banco, me lanzo y voy aunque sea negativa la respuesta. Todo bien, yo voy a seguir intentando”.

Tu música no hace ninguna concesión para el público argentino. Sos el único que está haciendo tu clase de música acá y en este momento. ¿Cómo lidiás con la noción de reconocimiento en una industria tan regida por el concepto fabricado de éxito?
Si bien me gustan muchas cosas de acá y estoy todo el tiempo atento a cosas nuevas y me encantan, siento que somos muy solitarios. Somos una banda que no es ni rockcito indie ni trap ni rock chabón ni cumbia ni Miranda!. Si bien siempre me estoy codeando con los que me gustan como Marina, Marilina, Hilda y Leo, también siento que hay una movida en la que yo querría estar que no existe. Entonces es muy difícil promocionarse en ese lugar y más con el peso que uno tiene encima. Mi viejo podía sacar un disco de electrónica y todos iban a decir “wow, qué avanzado”. Yo no tengo esa notoriedad y arranqué ya desde ese lugar que no entiende nadie.

Claro, no diste margen para un volantazo a lo Radiohead con OK Computer y Kid A.
Exacto, tendría que haberla roto con un disco meloso y pedorro y después irme. No me manejé muy bien. La verdad es que estoy contento. Me chupa un huevo gustarle a todo el mundo. Sí siento que a veces es doloroso el bardo, viste, “tu música es una mierda”. Tampoco es que estoy haciendo un género estigmatizado por la sociedad. Es muy difícil hacerse un lugar y también quedarse en uno. Entonces pensé: “Bueno, si nadie hace una movida la creo yo”. Soy líder de a ratos en la vida, pero no siempre.

Hay una reseña a Moloko donde les dicen que son los mejores en lo que hacen porque son los únicos haciéndolo. Eso le calza perfecto a Zero Kill.
Yo supongo que Moloko tendría su público freak. Acá supongo que o no está ese público freak o en marketing hay algo en lo que estoy fallando. [Risas] Pero te repito que no es una cuestión de que quiera que me adore todo el mundo o ser popular y famoso. Yo estoy feliz con tocar en barcitos, dame eso siempre. Eso lo agradezco todo el tiempo. No necesito popularidad, no me interesa. De hecho le huyo todo el tiempo. ¿Quieren esto? Bueno, voy a hacer lo otro y no porque sea rebelde. Es porque ya lo viví, ya sé lo que es esa mierda. Que otro quiera ser famoso y descubra la porquería que es. Yo no tengo ganas. Uno busca respeto. Es eso que dice Bergman: “La fama es la prima puta del respeto”, una cosa así. Yo estoy haciendo lo mío. Te puede no gustar o podés no entenderlo, pero eso es lo que busco y uno sigue.

Contame un secreto compositivo que tengas.
Secreto compositivo… Ah, ok. A veces para definir la melodía de algún tema busco la cantidad de sílabas que tiene una canción X que me gusta y la respeto. En base a eso puedo hacer una melodía. Cuando no me siento lo suficientemente inspirado para decir “bueno, ¿cuántas notas hay en esta línea?”, busco ahí.

¿En Lapsus lo aplicaste en algún tema?
Sí, en Lapsus hay un tema. ¿Sabés en cuál lo hice? En “Starving to Death”, en la estrofa, está el mismo fraseo de “Road to Somewhere” de Goldfrapp. Pero solo respeto el tempo del fraseo, obviamente es distinta la melodía y la métrica.

¿Tuviste alguna epifanía durante esta cuarentena sin distracciones de nosotros mismos?
Tuve un tocar fondo, muy fondo, a nivel que fue preocupante para mis seres queridos. Más que epifanía fue como un slow recovery que creo que es mejor. Viste que las epifanías son medio del ego también, “ya está, lo entendí todo”. Y no, la verdad es que no entiendo todo. ¿Esto es una mierda? Bueno, qué hago para construir encima de esta mierda. Es un poco eso. Eso de decir “¡ajá, ya entendí cómo vivir a partir de hoy!”, eso nunca es real, ese es el ego siempre.

Esa cosa exitista no existe.
Totalmente, y yo suelo tener tendencias exitistas pero creo que esta vez estoy construyendo algo. Sé que el fondo no es estable, pero tengo que construir algo estable. Mi propio castillito. Así que esa fue mi experiencia.

¿Algo que quieras agregar respecto al disco para cerrar?
Creo que es el mejor disco que hice hasta ahora. Estoy muy contento con cómo quedó. Creo que es un disco para escuchar. Me pasa un poco lo que me pasaba con Alien Head que es un disco que yo escucho, le pongo play. Con Trip Tour no me pasa y con Unisex me duró menos pero con este disco hay muchas canciones que no podrían haber quedado mejor. Si fuesen de otros artistas irían a mis playlists de favoritos sin dudas.

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