“Los artistas se dedican a cometer todos y cada uno de los pecados. Y cuando se aburren, se ponen a inventar nuevos pecados”, dice Capricho, la banda porteña que en 2025 estrenó su disco debut, Pecados de la capital. El disco está cargado de simbolismos, mitos y ritmos incendiarios que remiten a los años 70 y 90. “Todos tenemos gustos muy variados, así que las referencias están por todos lados. Creo que si nos preguntás a cada uno, te decimos algo distinto. Pero hay guiños a Pink Floyd súper directos, también hay bastante influencia de PJ Harvey”.
El disco abre con “Pecados I”, que sienta las bases del universo de Capricho: un ritmo atmosférico y cargado de poesía. “El disco es narrativo”, dice la banda en conversación con Indie Hoy. “Cuenta una noche porteña, pero vista desde el prisma de lo sagrado y lo mitológico, trata sobre endiosar lo mundano”. A partir de esta premisa, surgen diferentes personajes, como la mesías que escapó del Jardín del Edén y toca gratis en Almagro (“Mesías”), o el gremio de las musas que está de huelga porque tienen que soportar cómo los poetas soberbios las usan (“Mafia de musas”).
El tracklist del disco está claramente pensado como parte de un cuerpo vivo, tanto musicalmente como líricamente. “Derretirse era mejor opción”, un tema instrumental, finaliza con el riff del siguiente tema, “Lobos”, que cuenta la historia de Caperucita en tiempos modernos: mujeres masticadas por la toxicidad del lobo colectivo. “La protagonista empieza fascinada con este mundo, pero a lo largo del disco se va desencantando”, dice la banda. “A veces es más fácil hablar de ciertas cosas cuando se disfrazan de algo más fantástico”.
Parte de la importancia de las letras, tiene que ver con que Ona Casal, cantante del grupo, no viene del mundo de la música, sino de la poesía. Incluso cuenta que muchas canciones empezaron siendo poemas y luego se convirtieron en canción. “Me inspira la escena de poesía slam actual, creo que tiene una libertad hermosa, entre íntima y confrontativa. Pero también me divierte mucho la rima y el ritmo. Por eso personajes como Patti Smith, Jim Morrison y hasta Rosario Bléfari, que se mueven en ese gris con las letras, me inspiran un montón”.
El proceso de composición no fue exactamente convencional: “La banda tuvo más shows en vivo que ensayos, así que las canciones fueron evolucionando mientras las fuimos tocando. Por eso fue un quilombo interesante traducir eso a un disco. Emma [Orlando Antonelli, baterista] lo produjo de pe a pa, y ahí empezó a tener su lógica propia por fuera del vivo, a encontrar atmósferas que le dieron una intención”. “Pecados III”, con el mismo ritmo de “Pecados I” y “II”, finaliza el trecho recorrido con ecos románticos: la espera del tren, sentir vacíos y paz, la estatua de María.
Finalmente, el disco cierra con “El cadáver”, un tema de agite y casi paranoico que cuestiona la identidad propia y colectiva, la hipocresía y las confusiones de la noche. “Ahora que vivimos este proceso de pensar un universo para este disco, nos da manija pensar en lo que viene”, dice la banda dejando la puerta abierta para un próximo viaje.
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