Ilegales, la mítica banda punk española, viajará a Argentina para presentarse el 14 de junio en The Roxy (Niceto Vega 5542, CABA). Es llamativo que esta sea la primera vez que vienen al país, teniendo en cuenta que llevan casi 40 años de trayectoria y tienen 16 discos en su andar. Unos días antes de su show, el cantante Jorge Martínez aprovechó la visita para presentar el documental Mi vida entre las hormigas. Antes de la función, se sentó con Indie Hoy para hablar sobre Ilegales y su último disco Rebelión.

¿Qué nos podés contar sobre Mi vida entre las hormigas?
Te puedo contar que por primera vez se hace un verdadero documental de un grupo que canta en español. Todos los demás habían sido hasta ahora publi-reportajes de gente que salía encantada de verse a sí mismos. Todos hablando muy bien del grupo y tal. Este documental es tan crudo que lo he podido solo ver un par de veces, no quiero verlo más porque refleja realidades incómodas. Algunas cosas me gustan y me río, pero ha sido dura… Ilegales es un grupo que ha estado atrapado en circunstancias adversas desde el primer día. Hemos nacido así, solo que no hemos nacido vencidos. Y cada día se sobrevive para luchar un día más, esa es la realidad de Ilegales. De nuestra malas costumbres, de nuestra mala fama, después de tantos años de carrera y discos que no están nada mal. Hay grupos que se han portado casi con aura de santos y han intentado alcanzar la santidad, y sin embargo su obra no dice nada. No se puede hacer omelette, como le dicen acá, sin romper los huevos.

Sin embargo a Ilegales nunca le importó esa mala fama…
Nunca importó porque sabíamos que al tener un contenido en las canciones, no son cómodas para que se vista de modernidad ningún poder político, o ningún fabricante de ropa, o ninguna marca. Tienen significado, no estamos exentos de eso, a veces alcanza una cierta profundidad y claro, eso es muy molesto. Nosotros sabíamos que estábamos condenados a ese ostracismo por parte de ese tipo de poderes que no servíamos a sus intereses, así que caminábamos libremente. Yo siempre digo: solo los peces muertos siguen el curso de la corriente. Y entonces, conscientes de que estábamos condenados a nadar contra la corriente, hemos elegido las aguas más puras, limpias y refrescantes.

El último disco Rebelión mantiene la impronta y fortaleza de la banda, pero hay una vuelta de tuerca que le da más solidez. Tiene mucha energía y poder conceptual. ¿Cómo lo sentís entre los demás?
Es un disco muy inmediato, vivimos tiempos donde reina la inmediatez y está funcionando muy bien porque es breve. Se dice mucho en muy poco tiempo. La gente ahora tiene otro tipo de disponibilidad de música e inmediatamente si la cosa se demora, cambia. Ahora tenemos un público antiguo y unos chavales con caras muy jóvenes. La gira se está yendo a tope en todos los sitios, se agotan las entradas en todas partes, hay un gran interés, Madrid, Barcelona, Bilbao, Zaragoza. Y esto nos dice que ya hay una contestación a este neoliberalismo tan rapaz, a este vampirismo. Es que es muy triste, e incluso repulsivo morir chupado por una serie de mercenarios, por una serie de familias con nombres y apellidos que son los que mueven a toda la gente. A esta gente le repugna ocupar cargos políticos, pero siempre se buscan marionetas, en toda la historia, desde la antigüedad, desde Calígula a Hitler y Mussolini. A muchos más, hoy tenemos al rey de los imbéciles, el señor Trump. Putín es otro psicópata. A Bolsonaro…

Acá tenemos a Macri…
No están tan lejos, tienen a la Escuela de Chicago colgada de los cojones, llevándose todos los recursos que tiene Sudámerica. Se los están llevando para arriba. Un día quizás los mexicanos deciden cabrearse y poner ellos el muro.

Una de las canciones más llamativas del disco es «Mundo Carapijo». ¿Qué significa ese título?
Un mundo de tontos del culo, dadas a las marcas. Los carapijos son generalmente de familias acomodadas, son estúpidos, impermeables a que las fronteras estallen de hambre pura. Tengo amigos que trabajan en el Mediterráneo de pescadores, y tienen miedo de tirar las redes porque sacan cadáveres todo el tiempo. Hay abusos conscientes que ejercen ellos, viven en una burbuja. Lo realmente pernicioso es que hay gente, que no pertenece a su clase social ni mucho menos, que adoptan esos modos y cuando hay elecciones votan, contra sus propios intereses, lo que votan estos carapijos. Y eso es realmente triste.

Siempre hubo esa pulsión reaccionaria y contestataria en el sonido de Ilegales. ¿Cómo recordás los inicios?
Los inicios han sido duros, la continuación también. Primero porque no teníamos dinero, luego porque teníamos más de la cuenta. Siempre ha habido problemas en Ilegales. Luego porque queríamos estar en el cielo, pero no calculamos que el infierno estaría tan aterradoramente cerca. Nuestros problemas con las drogas surgieron casi desde el principio. Hubo problemas serios de adicciones. Ahora yo estoy acá porque puedo beberme 20 copas de estas como las que estamos y mañana levantarme. «Voy al bar» quizás es una de las canciones del disco anterior más fácil, «El bar / La verdadera patria con que puedes contar.» En Europa hay tanto nacionalismo y se está intentando tanto promover eso, a mí me parece que es una total falta de cordura. En tiempos de crisis lo que hay que hacer es tender puentes, no crear fronteras. El dinero puede moverse libremente, las grandes empresas son multinacionales, cruzan fronteras y todo. Nosotros no, a las personas se nos encajonan cada vez más.

¿Qué tipo de moraleja te ha dejado tanto tiempo de punk?
La vida ha sido muy intensa y por lo tanto hemos sufrido una gran erosión. Hemos tenido heridas y arañazos de todos los colores, hemos arriesgado mucho siempre. La vida puede ser dolorosa pero digna de ser vivida. Una vida muy estable ha tenido la Catedral de Notre Dame y ha ardido. Esa inmovilidad a propiciado su propio infierno. Nosotros iremos al infierno pero nos habremos movido mucho más.

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Ilegales se presenta el viernes 14 de junio en The Roxy (Niceto Vega 5542, CABA), entradas disponibles a través de All Access.

Foto principal: Javier Rosa.