Después de consolidarse como una de las propuestas más atractivas del circuito porteño, este viernes 26 de junio Sonido Konex regresa con una nueva edición que vuelve a poner el foco en algunos de los proyectos más intensos de la escena under actual. Con una programación que combina distintas formas de entender la canción contemporánea, el ciclo reafirma su espíritu de encuentro y diversidad, y transforma una vez más al Konex en uno de los epicentros de la música en vivo de la ciudad.
La Grecia pertenece a una generación de bandas que encuentra en el rock clásico una forma de seguir mirando hacia adelante. Con guitarras al frente y una energía que remite al blues, al boogie y al punk, el quinteto construyó una identidad propia basada en la intensidad del vivo y en una relación directa con su público. Esa búsqueda se profundiza en Lady Garrón, su segundo álbum de estudio, donde el grupo reafirma una personalidad marcada por la crudeza, la urgencia y la convicción de que el rock & roll todavía puede sonar peligroso y vital.
Reybruja construyó una impronta propia a partir del choque entre la tradición del rock de canciones y una energía desbordada que encuentra su mejor versión en vivo. Influenciado por figuras como Bob Dylan, Charly García, Andrés Calamaro y los Rolling Stones, el grupo combina mística, calle e intensidad escénica, y convierte cada recital en una experiencia impredecible. Esa mezcla de canción, desborde y mística encuentra una nueva forma en Gustar y ofender, un disco que captura la potencia de sus shows y consolida el perfil de una banda que creció sin resignar personalidad.
Posguerra encontró en el rock una forma de canalizar la urgencia y la intensidad de una generación que prefiere las guitarras al frente y las canciones sin rodeos. Desde sus primeros trabajos, la banda fue construyendo una impronta propia apoyada en melodías filosas, estribillos de alto impacto y una energía que encuentra en el vivo su mejor expresión. Ese recorrido alcanza una nueva dimensión en Todos extraños, su álbum más reciente, donde el grupo profundiza una propuesta marcada por la potencia, las emociones al límite y una mirada personal sobre los vínculos y el desconcierto contemporáneo.

A modo de previa, les pedimos a las bandas que compartieran algunos de sus discos, películas y libros favoritos.
Entre clásicos y descubrimientos: los discos que los acompañan
Hay álbumes que se convierten en una compañía permanente y otros que aparecen para abrir nuevas puertas. Entre clásicos ineludibles, descubrimientos recientes y obras que marcaron su forma de escuchar y hacer música, los integrantes de las tres bandas comparten algunos de los discos que más los acompañan y a los que siguen volviendo una y otra vez.
Teo Finkelstein de Posguerra: The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, de David Bowie. Es un disco que para mí funciona como una Biblia. Siempre lo fue, al menos desde mi adolescencia hasta hoy, por la composición, las historias que cuenta y su sonido.
Joaquín Wittenstein de La Grecia: Totopo, el disco homónimo de la banda. Es un álbum fresco, innovador y emocionante. Se juntaron tres de los músicos más pisteros de la escena —Joaquín Pazkowski, Tomás Ferrario y Tomás Rivero— y armaron un disco de siete canciones con temas originales. Suena todo. Estos pibes vuelan... Recomiendo ir a verlos en vivo porque cambian todo el tiempo la manera en que eligen tocar sus canciones y también las prestadas.
Enzo Lupo de Reybruja: La gente che sogna, del cantautor italiano Lucio Corsi. Llegué a él hace unos meses y conecté enseguida con lo suyo. Tiene todo lo que a mí me interesa de un artista. Si te gusta Charly, Fito y los flacos de pelo largo sentados al piano sacando buenas melodías, pegale una escuchada porque, a pesar de la barrera que puede imponer el idioma en una primera instancia, el tano conmueve.
Manuel Hidalgo de Posguerra: Antisocialites, de Alvvays. Es una oda absoluta al shoegaze, la new wave y el indie pop, o como quieras llamarlo. Marcó mucho mi gusto, sobre todo en las líneas de guitarra y en su producción en general.
Dylan Sorokin de La Grecia: Harvest Moon, de Neil Young. “Es el álbum más mainstream o ‘prolijo’ de su discografía y, por eso, una buena forma de entrarle a este artista de la san puta. Me gusta por la simpleza en la selección de instrumentos: casi todos los temas están construidos a partir de los mismos elementos, y todos están muy bien tocados. En su mayoría, son canciones de guitarra acústica”.
Rodrigo Martini de Reybruja: Aqualung, de Jethro Tull. Lo escuché cuando era adolescente, por recomendación del papá de Laucha, y me voló la cabeza. La combinación de rock con melodías por momentos medievales, sumada a la flauta traversa haciendo solos bluseros, me parece una mezcla eufórica.
Valentino Wengrovski de La Grecia: La trilogía conformada por Discipline, Beat y Three of a Perfect Pair, de King Crimson. Sobre todo Discipline. Es el momento en que King Crimson se aleja del progresivo sinfónico y parece querer copiar a Talking Heads. Y qué bien le sale”.

Películas que funcionan como una ventana a sus obsesiones
Documentales, clásicos argentinos, cine de culto y relatos atravesados por la memoria, la música y las tensiones sociales. Las películas elegidas por los músicos funcionan como una ventana a sus obsesiones y sensibilidades, con títulos que van del espectáculo más emotivo a propuestas más experimentales.
Santiago Soler de Posguerra: Fire of Love. Es un documental sobre una pareja de vulcanólogos, su vida y su trabajo. Me parece un retrato hermoso del amor, la pasión y el deseo de conocer y entender lo desconocido. Las imágenes son increíbles: te quedás flasheando con los paisajes y con la sensibilidad fotográfica de estos dos científicos. Es de esas películas que te dejan la sensación de que sos minúsculo en este mundo, pero que hay algo hermoso en eso.
Teo Finkelstein de Posguerra: La tregua, de Sergio Renán. Es una película que vi recientemente en el CCK y me pareció espectacular cómo retrata el Buenos Aires de los años 70, con todas sus contradicciones.
Rodrigo Martini de Reybruja: Athena, de Romain Gavras. “Un drama social muy poderoso, con tintes de realismo mágico y planos secuencia muy virtuosos. Habla de la inmigración europea, la violencia policial y las luchas de clase”.
Joaquín Wittenstein de La Grecia: El topo, de Alejandro Jodorowsky. Un poco de cine latinoamericano bien lisérgico y entretenido.
Manuel Hidalgo de Posguerra: Meteoro, de las Wachowski. Peliculón que recientemente tuvo una resurrección porque la pasaron en IMAX en Estados Unidos, y fue la primera película que tuve en Blu-ray cuando era chico.
Enzo Lupo de Reybruja: Sur, de Pino Solanas. Es una película en la que la ciudad de Buenos Aires —más específicamente la zona sur— es tal vez la gran protagonista. Los fantasmas de la última dictadura militar se mezclan con la nostalgia porteña, el tango y el rock. Habla de la importancia de los amores y los amigos en un barrio que cambia, como cambian todos nuestros barrios con el paso de los años, hasta que empezamos a sentirnos extranjeros en la cuadra que alguna vez nos vio nacer. Goyeneche es la frutilla del postre.
Valentino Wengrovski de La Grecia: Rockers. Una película jamaiquina sobre músicos de la isla. Para verla con subtítulos o no entender nada.
Dylan Sorokin de La Grecia: Forrest Gump. Alta peli, mal. Te reís, te ponés feliz, llorás, te emocionás. Aparece John Lennon.
Del terror a la búsqueda espiritual: libros para dejarse llevar
Entre relatos atravesados por el terror cotidiano, universos fantásticos, clásicos de la literatura y búsquedas espirituales, las recomendaciones literarias dibujan un mapa tan diverso como personal. Historias que invitan a perderse en otros mundos, repensar el propio o simplemente dejarse llevar por una buena narración.
Enzo Lupo de Reybruja: Las malas, de Camila Sosa Villada. Acá Camila cuenta de forma semiautobiográfica y con toques de realismo mágico su experiencia como travesti en un contexto que no deja de rechazarla y juzgarla a ella y a sus compañeras travestis, con las que forma, a través de la novela, una tribu salvaje, esotérica y familiar. Nos habla de la violencia, el desprecio, la soledad, el comercio de su cuerpo y el constante fantasma de la muerte prematura. Está escrita con una prosa filosa, poética y marginal. De lo mejor que leí en mucho tiempo.

Santiago Soler de Posguerra: El Silmarillion, de J. R. R. Tolkien. Amo a Tolkien. Nunca voy a entender cómo una cabeza puede crear un universo fantástico con su propia cosmovisión. El Silmarillion es justamente el libro donde todo esto está plasmado y explicado con mucho detalle.
Dylan Sorokin de La Grecia: Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato. Es el último que leí. Muy bueno, entretenido. Drama, romance, Buenos Aires en los años 40 o 50, no me acuerdo. Bella forma de escribir la de Ernesto Sabato.
Rodrigo Martini de Reybruja: El difunto Matías Pascal, de Luigi Pirandello. Quizás una de las novelas con tramas más interesantes que leí. La vida de un tipo desganado con su vida que, por una noticia, se entera de que lo confundieron con un muerto y aprovecha eso para empezar una nueva vida con otro nombre.

Valentino Wengrovski de La Grecia: la biografía de Keith Richards. Recomiendo a todos los interesados en el estilo que consigan hacerse con una.
Manuel Hidalgo de Posguerra: La Divina Comedia. Una experiencia súper necesaria, a mi entender. Trata muchos temas que me parece importante afrontar, como la muerte, el legado, etc.
Joaquín Wittenstein de La Grecia: El secreto de la flor de oro, de Carl Jung. Es el último libro que leí entero. Te introduce a varios conceptos de la cultura y la filosofía oriental, como el tao, el ánima y el ánimus, etc. El Flaco Spinetta tomó como inspiración algunas de estas ideas para gran parte de su carrera; sobre todo se puede ver en los trabajos con Invisible.
Teo Finkelstein de Posguerra: El buen mal, de Samantha Schweblin. Me parece que es una escritora que encontró perfectamente una forma de retratar ese terror cotidiano que encontramos, quizá, en el día a día, pero de una forma literariamente hermosa, haciéndonos entrar en su mundo de ficción, que me encanta. Realmente me parece espectacular.
La Grecia, Reybruja y Posguerra se presentarán el viernes 26 de junio a las 20 h en Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131, CABA). Entradas disponibles a través de la web del lugar, 20% de descuento con Comunidad Indie Hoy.









