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    Lumtz: entre el ambient, la canción y los sonidos del paisaje

    Conversamos con el artista rionegrino sobre la creación de Tesoros, su particular forma de documentar el entorno a través del sonido y el desafío de llevar ese universo al escenario.
    De Santiago Berisso31/08/2026
    Lumtz
    Lumtz. Foto: Luciano Lamtzev
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    Son días y semanas de celebración para Lumtz, el proyecto de Luciano Lamtzev. Con la salida de Tesoros, su más reciente disco, el artista oriundo de Viedma y radicado en San Carlos de Bariloche cierra un ciclo movilizante en el que, más que nunca, utilizó la música como un vehículo para expresar distintos pasajes vivenciales de los últimos años.

    Editado por el sello canadiense We All Speak in Poems, su cuarto LP está marcado por la delicadeza en el tratamiento sonoro general. Tesoros combina una grabación de campo tan marcada como variada con capas de sintetizadores y loops que se pasan la posta a lo largo de 16 tracks. Sin ser una oda a Bariloche, el disco transporta al espacio físico del que se nutre, pero sobre todo a un espacio atravesado por la mirada, la escucha y el caminar de un artista que entiende el hacer música como una aventura que se construye tanto frente a la computadora como fuera de casa.

    Lumtz contó con la colaboración de artistas como Juana Aguirre, Eric Olsen y Lucía Masnatta (Fin del Mundo) y, durante su reciente paso por Buenos Aires —donde abrió el show de Juana Aguirre en el Teatro Coliseo—, conversó con Indie Hoy sobre la experiencia del vivo y el proceso detrás de Tesoros.

    ¿Cómo surgió el vínculo con We All Speak in Poems?
    A principios del año pasado me escribió Brady [Kendall], que es quien maneja el sello, por Instagram, a partir de mi disco Cruzar pisando piedras (2022). Era un mensaje muy simple, como un mimo, pero no le di mucha bola porque no entiendo inglés y no hice más que darle un like. En septiembre volvió a escribirme y me dijo que era muy fan de mi música. Me contó que recientemente se había mudado con su familia a una nueva casa y que, mientras pintaba el cuarto de su hijo, escuchaba mi música. En ese mismo mensaje me contó que estaba iniciando un sello y que le encantaría editar algo mío. Eran dos mensajes increíbles en uno.

    Pegamos onda y le conté que me encantaría hacerlo, pero quizás más adelante. En aquel entonces estaba bastante frenado, no estaba haciendo música, estaba muy mal económicamente y buscando laburo donde fuera, agarrando cualquier changa, además del taller de afectividad sonora que venía dando esporádicamente. Entonces sentía que no podía darme ese lujo.

    Le dije que, de todos modos, si quería podía mostrarle un disco en el que venía trabajando desde hacía dos o tres años, sin pausa pero sin prisa. Me dijo que no tenía nada pensado de antemano ni ninguna pretensión y que, si no estaba haciendo música por cuestiones económicas, él podía ayudarme. Yo no entendía nada. Le pasé la carpeta con los bocetos y un Drive con notas en las que contaba a qué remitía cada cosa. Más o menos tres días después, me respondió que era uno de los discos más hermosos que había escuchado en el último tiempo. Y fuimos para adelante.

    Me mandó cinco mil dólares y me dio tres meses para terminarlo. Lo primero que hice fue comprarme un teclado, un controlador, una Zoom de seis canales; cambié cables y el monitor y me compré una silla para la compu. A partir de ahí fue laburar todos los días y darle tiempo para pulirlo hasta donde considerara necesario.

    El hecho de tomar nota como un hábito y que haya una idea bajada a texto vinculada a cada track parece como construir un método propio…
    Siempre tengo una libreta conmigo. No traje acá la de Tesoros, pero sí tengo una para cosas que voy leyendo en libros, otra para cosas que hablo con mi psicóloga, otra para cuestiones técnicas, otra para los sets en vivo y otra en la que anoto un poco de todo. Siempre que salgo a caminar me llevo alguna libreta. En definitiva, anoto ideas o pensamientos para que después no se me vayan. Hay algo en el contacto con el papel, en el gesto de escribir, que acomoda la idea.

    Lumtz
    Lumtz. Fotos: Luciano Lamtzev

    Con el paso del tiempo, ¿considerás que hay una búsqueda de construir una obra más que pensar la publicación de tu música como una simple consecución de material? ¿Cómo interpretás Tesoros en ese sentido?
    Hay algo que pasó con el disco de lo que yo no me di cuenta hasta que me lo dijo Eric [Olsen]. Con Tesoros hay un cierre de una trilogía. Está Río (2021), que es un EP que entiendo como algo pequeño, un deseo, una apreciación. Después sigue Cruzar pisando piedras, que es como el ir hacia un lugar. La pregunta que había surgido en aquel entonces era hacia dónde o en busca de qué, y a Tesoros me gusta pensarlo como lo que me acompaña más que como lo que encuentro.

    Originalmente, el disco se llamaba Las cosas que llevo en mi mochila, porque cuando abrí la carpeta en la que tenía todos los bocetos, había referencias a la bufanda marrón, una foto de un auto tapado de nieve, una botella de agua. Me pareció muy poético el inventario de lo que llevaba dentro de la mochila. Me encanta armar la mochila para salir a la aventura. Entonces, cuando empecé a desglosar la idea detrás de cada track, a uno de ellos le puse "La bufanda marrón", por ejemplo, porque es la bufanda de mi vida, la que me regaló la mamá de mi hija después de que siempre se la pidiera prestada.

    Siento que, medio que involuntariamente, se va construyendo una única obra en general. Desde el día uno sigo buscando lo mismo: intento hacer algo que me sorprenda, que aparezca algo que me ilusione, me intrigue. Surge la idea: quiero hacer un tema con un ritmo de piedras, un sinte y tal cosa. Empiezo a montar, tomo notas, quizás me alejo de la compu, voy a la cocina, sigo escuchando hasta que hay un momento en que algo aparece. Cuando ocurre ese momento o estado, lloro. Siento que pude, que lo logré. Quizás no sé exactamente qué es, pero lo logré.

    Después vuelvo a abrir ese proyecto para intentar entender dónde apareció ese elemento, para conocerme más a mí mismo. Hoy en día sigo conociéndome un montón y, con este impulso que significó trabajar con el sello, empiezo a validar mi presente, a asumir que está todo bien, que ya está funcionando. Y eso me permite salir de un lugar de inseguridad y decirme a mí mismo: bueno, listo, dejate de joder.

    Hacés referencia a tres conceptos que marcaron el proceso creativo de Tesoros: lo colectivo, la transformación y el dolor. ¿En qué radica esa combinación de cosas?
    Yo no estaba haciendo música todo el día, sino más bien sobreviviendo. Los momentos en que hacía música se daban porque estaba como el orto y realmente lo necesitaba, o cuando me sentía bien y revisaba qué anduve grabando entre que voy de acá para allá: desde una caminata, un bondi, el sonido de una ventana de una mañana específica. Hay muchas imágenes en cada uno de los sonidos.

    En el medio atravesé la ruptura de un vínculo con una persona. Es un registro de mi soledad. Abrir esa carpeta de sonidos me hacía mal: lo sentía muy dramático, profundo, muy cargado. Una noche, después de hablar con una amiga, le conté que estaba viendo de qué forma sacarle lo emocional a la música que estaba haciendo. Ella me dijo que hacer eso sería sacarle lo que a ella le gusta de mi música y la fibra que probablemente más les llega a las personas. Entonces esa noche me puse a ver de qué forma transformar un track, por ejemplo, sin quitarle eso, pero sí alivianándolo un poco, sumándole aire a lo que quizás era solo un sinte repetitivo y nostálgico.

    Al día siguiente salí y fui a grabar un lago, aprovechando que estaba soleado, por más que no se escuche que está soleado. Desde un punto de vista terapéutico, me hace bien y le da frescura al sonido. En esa transformación pasó algo que me ayudó a reconocer que no sé si llamarlo "lo dramático" o "lo profundo", lo que fuere, no es algo cursi o depresivo, al mismo tiempo que es parte de mi vida. Qué mejor que trascenderlo. Fueron días de pensarlo, salir adelante y hacer.

    Y, a su vez, creo que lo colaborativo aparece en la contención, ya sea de Brady como a la hora de invitar a amigos con los que siempre he compartido cosas y me encantaba que pudieran estar, del modo que fuere.

    ¿Sentís que si estuvieras viviendo en, supongamos, Córdoba, harías la misma música?
    Yo también me lo pregunto. De hecho, aprovechando este envión a nivel producción, quiero probar este mismo lenguaje pero en otro contexto, por lo que otra de las cosas que quiero hacer en este viaje a Buenos Aires es grabar muchos sonidos de lugares que me gustan de acá y ver qué pasa. Mañana voy a grabar a un amigo que toca el bandoneón y quiero samplearlo. Me gustaría hacer una pieza que suene argentina, para probar. Como cuando escuchás el final de "Las golondrinas de Plaza de Mayo", de Invisible. Ahí hay una magia que hace que escuches Buenos Aires sin que sea un tango estricto. Quizás me gusta la idea de grabar el aire de un parque o, no sé, diez sonidos de colectivos superpuestos junto con un bandoneón.

    Siendo muy esquemáticos, en base al sonido que venís construyendo y del que te valés para crear, ¿te concebís más bien como una suerte de documentalista de tu alrededor que como un creador de escenarios sonoros ficticios o ligados a lo imaginario?
    Sí, esta cosa muy del género de generar un nuevo lugar, algo más onírico o propio de otra dimensión en la que uno se adentra, no me representa. Lo entiendo, pero no es algo que me sale. Necesito otras cosas antes. Lo que me sale es documentar, como una foto. Y eso hace que esté en un punto intermedio. No me siento un músico de ambient de raíz u oficio. De hecho, siento que no me bancan, por una cuestión de que puedo resultar poco experimental o conceptual. En ese sentido formal, no me lo tomo muy en serio. No sé, me cuesta cuando, por ejemplo, se habla de "artista sonoro" en referencia a mí. Yo no siento ese rótulo, me parece un concepto un tanto elitista, incluso cuando lo que hago, de hecho, es experimentar con el sonido.

    El estudio de Lumtz
    Lumtz. Fotos: Luciano Lamtzev

    ¿De qué modo percibís esta idea de estar fuera del, si se quiere, canon de la etiqueta de ambient?
    En primer lugar, me siento afuera porque estoy lejos. Por otro lado, me siento re adentro a partir de Bruma del Sur y de que, cuando alguien habla de ambient, nombra al sello. Eso que había empezado como un mini lugar de comunión, donde poder brindar las herramientas que fui aprendiendo con mi proyecto a otros, está pasando, existe. Entonces quizás es más a raíz de Bruma que me siento parte, pero no tanto por Lumtz.

    No sé, me siento más parte de algo que está entre varios mundos. Por algo debo abrir shows de bandas o artistas que hacen canciones y, por ahí, no me invitan tanto a un festival de música experimental o de noise. Esas son las cosas que me dicen que, por ahí, pertenezco a una escena menos conceptual. Pienso en Juana [Aguirre], en Mi Amigo Invencible, bandas que me invitan desde el amor, desde el hacer en compañía y crecer a la par.

    ¿Y hoy cuál es el presente de Bruma? ¿Está activo como sello?
    Justamente, un día Brady, de We All Speak in Poems, me preguntó qué era y le conté del sello. Le encantó, conoció artistas y empezó a compartir lo que descubría. Le conté que no estaba editando más porque no es fácil conseguir cassettes vírgenes en Argentina, y menos aún los que me gustaría encontrar, que son de colores y demás cosas. Y ahí, de nuevo, me dijo que contara con él para lo que necesitara, para invertir en el sello y empezar a editar de vuelta de forma estable. Así que lo primero que vamos a hacer es editar Tesoros en cassette.

    Y, a su vez, con Bruma quiero editar la música de El Espacio entre las Cosas, un artista amigo que vive en El Bolsón y que colaboró conmigo. Le dije que me gustaría que el primer vinilo del sello fuera de su proyecto.

    Siento que Lumtz y Bruma van de la mano. Hay momentos en que una parte se mueve más que la otra y, cuando una se mueve más, en consecuencia también se mueve la otra. Como te digo, es un lugar donde poner las herramientas que fui aprendiendo. Porque hay que pensar un montón de cosas a la hora de publicar un vinilo, por ejemplo. Hay que tener en cuenta cuestiones de diseño, de máster y demás, y quizás eso es lo que a un colega lo está frenando, del mismo modo que Juana pone a disposición mía todo su equipo de laburo. Así es como se empieza a armar una red de gente que trabaja con amor. Ahí está, si se quiere, la ganancia que uno tiene mientras está laburando a dos manos.

    Lumtz
    Lumtz. Fotos: Luciano Lamtzev

    ¿Cómo viviste el show de Juana Aguirre? ¿Qué información seguís procesando de esta experiencia?
    Increíble. Fue una celebración de la amistad y de la música con Juana. Ella es muy mágica, medio como una chamana que, cuando empieza a tocar algo, se apodera de ella, y eso lo potencia con una banda que labura muy bien. Y siento que hay un hilo que nos une. De hecho, cuando ella me invitó, me dijo que sentía que era un paso coherente para que hiciéramos algo juntos, y para mí eso es increíble. Se notó en cómo me incorporó a todo el equipo de laburo. Fue la primera vez que sentí que podía, seguramente por todo el trabajo que vengo haciendo. Sentirme así de invitado, con mucha contención.

    Además, vengo laburando mucho en el set y, de hecho, hoy a la mañana fui al estudio que tiene [Ignacio] Cruz, Cardinal Sur, y empecé una asesoría con ellos para pulir cosas del set y ver cómo potenciar el disco para una eventual gira. Me saqué algunos miedos que tenía de cara a próximas experiencias.

    ¿Y qué te llevaste de esa asesoría? ¿Cómo imaginarías mañana el set en vivo? ¿Son cuestiones meramente técnicas?
    La verdad, no sé. Lo estoy descubriendo. Hay cuestiones técnicas que, una vez resueltas, después te animan a lo performático, a la tranquilidad de confiar en la herramienta para desarrollarte. Por ejemplo, yo tengo un set de una hora y Juana me pidió un set de media hora, entonces dejé afuera todo lo que sabía que tenía mucho margen de error y me insumía pensar demasiado. Y lo mega disfruté. Tuve tiempo para perillear y escuchar, mirar al frente. Eso es lo que quiero lograr. Quiero estar tranquilo de que va a estar todo bien y disfrutarlo.

    No quiero estar ahí con la compu como un nerd, porque a veces me ha pasado que la pasé mal, vuelvo todo enroscado a casa, pensando que estuvo re mal, hasta que empiezo a ver stories, escuchar la grabación y veo que estuvo increíble. Me lo perdí. Entonces, parte de este trabajo pasa por pulir cosas técnicas para liberar memoria RAM cerebral y disfrutarlo.

    ¿Sentís que la noción de lo performático y la exposición en general es algo en lo que venís trabajando en el último tiempo?
    Sí. Si tuviera que hacer un balance de todas las fechas en vivo que tuve en mi vida, en el 80% estaba cagado hasta las patas y siempre con una sensación de inseguridad, de no estar a la altura. Y con esa sensación también tenían que ver cuestiones técnicas, como necesitar un cable y no tener la plata para comprármelo. Entonces tengo este otro cable y ojalá funcione bien y que, si anda mal, pueda resolverlo. Gracias a que el sello me está ayudando con lo que necesito y a hacer un update del set en este sentido, puedo confiar más en las herramientas. Esa solidez es la que me permite relajarme y disfrutarlo de otra manera.

    Tesoros está disponible en plataformas (Bandcamp, Spotify, Tidal).

    Lumtz Música en Argentina
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