Trostrigo es el nombre artístico que se puso el chileno Rodrigo Jorquera para darse a conocer en el mundo de la música. Llegó a Buenos Aires con la intención de estudiar y trabajar y, en medio de ese camino, se encontró también formándose en la música, hallando su propio estilo dentro del pop punk y el folk.

Con seis discos bajo su nombre, este año celebra una década en la música. Indie Hoy tuvo el placer de charlar con él sobre lo que han implicado estos diez años de carrera en su vida y esto fue lo que nos contó:

Este año cumplís 10 años en la música y me imagino que tenés cientos de recuerdos maravillosos en esta década musical, pero si tuvieras que destacar alguno o algunos de los mejores momentos de tu carrera hasta ahora, ¿cuáles serían?
Nekro: Siempre fue una gran influencia en mi música. Un día abro mi casilla de inbox y veo que el Kid nos escribió felicitándonos por el disco incitándonos a seguir adelante. Rubén Albarrán: Fue mágico que colaborara en un disco. Él es un gran corazón con patas. Cuando lanzamos el tema, Café Tacvba lo compartió por sus redes anunciando que habían colaborado conmigo. Edu Schmidt: Fue mi tutor en la Bienal del 2013 y desde antes lo admiraba montón. Terminamos de amigos, él colaborando con mi disco y fuimos a tocar juntos por Chile. Recuerdo casi con lágrimas estar cantando “El fantasma” en Rancagua. Me compartió mucho de sus experiencias, como un buen tutor. Seguir amistado a todos quienes han participado en el proyecto a través del tiempo también es algo que valoro mucho. La lista es larga y llena de coloridos recuerdos.

Tu estilo sonoro está nutrido fuertemente del folk y el punk, pero tu último material tiene incluso algunas influencias de electrónica. ¿Qué artistas te han influenciado más en estos 10 años?
Cuando me empecé a grabar el 2008 estaba pegado con Juana Molina, El Perro del Mar, La Burla, Dan Deacon, Boom Boom Kid, Gepe, Chinoy y Juan Quintero con Luna Monti. Creo que esos fueron los ingredientes esenciales del primer material. Luego no paré de devorar música como Patrick Wolf y The Tallest Man on Earth; ahora último creo que recién puedo comprender a Animal Collective que se transformó en mi banda favorita de los últimos dos años.

En estos 10 años, ¿qué aspectos de tu música pensás que evolucionaron más? Lógicamente tu estilo fue cambiando con los años, por ejemplo la guitarra tal vez ya no es tan protagonista como antes.
Evolución o involución desde donde se mire, pero me siento contento con el hecho de que ningún disco es igual a otro. Siempre jugamos a diferenciarnos del material anterior. Diego Acosta me produjo cinco discos y tiene gran responsabilidad en eso. Mientras íbamos haciendo los discos más personas se sumaban al proyecto aportando desde su área, lo que lo transformó finalmente en una banda.

Todos tus discos transmiten mensajes muy luminosos. ¿Es importante para vos que quienes te escuchan sientan este tipo de energía con tus canciones?
Creo que la definición de arte va ligada a tocar/remecer/conmover a quien lo aprecia. Como no soy buen músico, enfoco todas las energías en que lo que diga esa música cause algo. Siempre pensé que lo más fácil es hacer una canción triste, la mano se va sola escribiendo y rimando; creo que el verdadero trabajo es cuando ese texto se toma y se transforma en algo sanador.

Saliendo un poco de la música, ¿hay algo de tu ciudad natal (Rancagua) que quieras compartir con todos aquellos que no conocen el lugar? Tal vez algún recuerdo tuyo, o algo que nos quieras contar para los turistas.
Rancagua no es una ciudad turística, es como Springfield. Recuerdo haber visto muy poca gente en situación de calle; sentir mucho sarro en el agua, salir al colegio con el pasto escarchado y a la tarde no tener dónde guardar el abrigo por los golpes de calor. Ciudad de músicos virtuosos que no se felicitan entre sí, ciudad a dos horas y media del mar y una hora y media de la nieve. Desde afuera nos molestan con ser campesinos y eso de alguna forma nos duele; porque la referencia que tenemos del campo es dañina. En esa ciudad se hace el rodeo más grande de Latinoamérica; algo que en un futuro se recordará como la fiesta de tortura más imbécil e inútil del país.

Una pregunta más descontracturada que siempre me gusta hacer. ¿Si pudieras tomarte un café con cualquier personaje ficticio, con quien sería?
Sería genial tomar un café con Emmet Brown, el profesor de Back to the Future. Le propondría que hagamos un viaje o que me cuente sobre las civilizaciones presuméricas. Que por favor me confirme que la historia escrita es basura y que el futuro al que tanto aspiramos estuvo en el pasado más desarrollado que ahora.

Se vienen los shows por los 10 años de tu carrera. ¿Cómo te estás preparando para eso? Después de tantos años, ¿se pierden los nervios? ¿Qué es lo que más te tiene ansioso con respecto a estos shows?
Es loco darse cuenta que hace 10 años me empecé a grabar sin tener ambiciones de ningún tipo, ni de tocar. La primera vez que toqué recuerdo que los nervios me mataron y dije “gracias por la oportunidad, no toco más”, pero Rafa Paz me impulsó a seguir, hasta que fui perdiendo la vergüenza. Ahora más que vergüenza, lo que tengo es ansiedad por mostrar esto con la banda que me acompaña, que son gente muy buena haciendo lo que hacen. Le ponen mucho cariño. No hay más que amistad sincera y admiración mutua alrededor de todo.

Luego de estos shows, ¿qué tenés pensado para tu carrera en el futuro cercano (y tal vez, no tan cercano)?
Después del show del 9 de agosto lancé un tema con un proyecto paralelo que tengo llamado VerDor. El juego es hacer una canción por mes y a la que saldrá este viernes le tengo mucha fe. Esta nueva canción es en colaboración con Blosqui. En octubre iremos con la banda a tocar por Concepción, Rancagua y Santiago de Chile y de ahí en adelante no sé; el tiempo sabrá decirnos qué hacer.

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Foto principal: Luciana Leiras.

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