Existe una gran cantidad de notas sobre el aniversario de Dookie que van a hacer referencia a la adolescencia. Y serán luego aquellas mismas las que condenan a la banda cuando suenan como adultas. Que «el punk no envejece» es un lema que puede decir cualquier persona que le creyó a todas aquellas críticas, que te alejaron de Dookie cuando te hiciste mayor. Pero ahora, 25 años después de su publicación, Dookie te revivió sensaciones que te robaron. El problema es que quienes escribieron envejecieron. Dookie sigue vigente.

Esta vitalidad pasa por varias cuestiones estéticas, ya que quizás no es tan loco pensar que Green Day era mucho más político en sus inicios, que cuando optó por el camino de la literalidad de American Idiot (2004) en adelante. Político en primer instancia en términos musicales, ya que logró dar un giro relevante al punk que habían encuadrado los Ramones. Haciendo una especie de combinación que en tiempos del origen era algo impensado. Pensar al punk como amigo del pop era un error. Y hoy estamos en la era de la fusión de géneros. Lo político en esto es que Dookie fue un disco revolucionario y abrió nuevas puertas cuando se creía que todo estaba cerrado.

Las canciones de este tercer disco son muy pegadizas al estilo ramonero. La tapa del disco tiene una idea similar en su gráfica a la película de 1979 llamada Rock ‘n’ Roll in High School, dirigida por Allan Arkush. Como si los integrantes de la banda le dijeran al diseñador su deseo de algo parecido, pero expandido de la institución. Dookie, con su distorsión y ese sonido prolijo de lata, esconde sus melodías pop, pero no por ser menos punk, sino porque se trata de una generación posterior que encontró el punk en otro lado. Las canciones de Dookie buscan ser tan directas y tan sinceras que encuentran el encanto de cualquiera.

Dookie es un disco político también por su lírica. La paranoia extrema de «Basket Case» es una ultra prestada de atención frente al engaño, y por el contrario, cuando ya estás en un estado de seguridad total, sea filosófica-política, es porque ya te gobernaron. El punk es así de extremo. Y se piensa en algo político cuando se habla de dominación. «Longview» fue arduamente cuestionado por sus alusiones a la masturbación, pero como algo amoral o tabú, si se quiere se lo piensa en términos de placeres. Placeres mundanos, sensaciones. Y no hay nada más político que lo amoral que puede afectar la comodidad de su público.

Billie Joe Armstrong, Mike Dirnt y Tré Cool pasaron distintas etapas y la de Dookie es quizás la más poderosa, sin ahondar en temáticas grandilocuentes, sino que fue una apuesta a lo marginal. Desde su título, Dookie hace referencia a la mierda. Había una actitud punk, apática y desoladora que generó un efecto masivo e hizo una vuelta de tuerca a lo que se venía dando. Logrando poner los ojos nuevamente en un género abandonado por una década que vivió la explosión del grunge. Pero con Kurt Cobain muerto muy poco después de la salida de Dookie, las productoras estaban sedientas de buscar algo posterior y que pueda causar descontrol, pero que también se le acerque a aquellos oídos que no frecuentaban los antros. El show que hizo darle cuenta al mundo ese estallido de excrementos fue el Woodstock ’94. Se trató de un show que va a quedar para siempre en la memoria, con la imagen de toda esa gente revolcándose en el barro, tirándole barro a la banda, disfrutando de la suciedad y de un Dookie consagrado.

El tercer disco de Green Day tiene una conexión directa con su antecesor Kerplunk! (1991) y es la canción «Welcome To Paradise» que se encuentra en ambos discos. La versión de Dookie tiene una producción mucho mayor, Kerplunk! tiene un sonido más sucio, crudo y trash. Dookie logró el salto de nichos, de un sello independiente como era Lookout! Records, a las grandes productoras como Reprise Records. Green Day tuvo de un momento a otro la oportunidad de optar por la vereda de enfrente. Esa vereda que odiaba el espíritu de sus pares y hasta ellos mismos también lo hacían. Por eso a pesar de tener todas las ofertas necesarias para juntar grandes cantidades de dinero, tenían a la vez a toda la comunidad punk haciéndolos a un costado y tratándolos de traidores.

Dookie cuenta con un par de baladas con distorsión, como «Pulling Teeth» y «When I Come Around». Pero también son combinadas con piezas más aceleradas, como la caótica apertura con «Burnout» o la destructora «Having a Blast». Green Day logró un disco lleno canciones con identidad, tratando el desamor, la soledad o esa discrepancia entre el deber y el querer. Fue el disco más vendido en la historia de la banda con más de 20 millones de copias en todo el mundo. Y fue el momento explosivo de su carrera ya que encontraron su sonido más fiel y en el momento más acertado. Acordes en quinta, machaques que incitaban a llegar al estribillo, bajos puntiagudos y con garabatos y una batería que no perdía las ganas de pasársela jugando.

25 años después podemos seguir celebrando a Dookie como una de las joyas de los 90, si no se lo piensa como un disco adolescente. O si así se obliga a pensarlo, pensar la adolescencia como la etapa de mayor libertad de la vida, donde las reglas se rompen y no te importa lo que digan los demás. Ni siquiera quienes celebran las victorias mientras cavan la propia tumba. Pero la esencia de Green Day se encuentra en este disco y el punto de giro en American Idiot, un disco tan explosivo y con tanto sarcasmo, que ni ellos mismos supieron qué hacer después para reencontrarse hasta el día de hoy. Dookie es la explosión y American Idiot la onda expansiva capaz de destruir muros, doblar el acero o matar a una banda por su incapacidad posterior.

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Foto principal: Ken Schles.