Cuenta la leyenda que en la primer presentación de los Sex Pistols en Mánchester no había casi nadie. Quizás un número redondo entre 50 y 60 ya es suficiente para aproximarse a la cantidad de personas que asistieron a aquel recital histórico. Lo que era de esperarse sucedió, la bomba del punk hizo su respectiva explosión; pero lo inaudito fue que entre esas pocas personas se encontraban algunas que iban a desencadenar todo lo que iba a suceder después de que el punk ya dejara de asombrar en territorio inglés. Entre el público se destacaba la reconocida presencia de Ian Curtis y Bernard Sumner, Mark E. Smith de The Fall, parte de Buzzcocks que había organizado el show, A Certain Ratio y Simply Red, y hasta el joven Morrissey se encontraba en la sala. Pero también una mente retorcida para los negocios, alejada de los instrumentos, pero cercana a la industria, llamada Tony Wilson, periodista de Granada Televisión y fundador de uno de los sellos que hizo historia en la música alternativa: Factory Records, que se mantuvo vigente hasta su desaparición en 1992.

La historia de Factory Records se remonta 40 años atrás, cuando Tony Wilson se junta con el actor Alan Erasmus, el diseñador de famosa portada de Unknown Pleasures (1979) Peter Saville, el mánager Rob Gretton y el aclamado productor Martin Hannett. Juntos deciden fundar la compañía como una nueva puerta para los sonidos novedosos que brotaban de la escena emergente local. En octubre de 1978 se graba la primer producción discográfica de Factory Records, un compilado de canciones donde se podían apreciar los primeros pasos de estudio de Joy Division y The Durutti Column, junto a canciones de Cabaret Voltaire. El lúgubre Mánchester post-industrial debía ser celebrado bajo las sombras de un nuevo himno que marcaba a una parte de la generación británica, como “Digital” de Joy Division. El alarido de Ian Curtis repitiendo el estribillo “day in, day out” hacía florecer algo inédito en el público que se regocijaba en un sonido crudo y asfixiante.

Joy Division

Factory Records también tenía su guarida, antecesora al sello. Un lugar que se convertiría en uno de los puntos indispensables para crear la escena que desencadenó en el post-punk, la new wave y lo reconocido como el sonido Madchester. The Factory nada tiene que ver con la fábrica de Andy Warhol, salvo cierta inspiración en el espíritu productor del lema “do it yourself”. Pero rápidamente creció y abandonó ese sentimiento de nicho para empezar a ser una institución, ahondando en un espíritu independiente pero con brotes de grandes ambiciones empresariales.

Factory Records atravesó el puente entre Joy Division y New Order. En los ojos de Tony Wilson, Ian Curtis era una especie de mesías que venía del inframundo para guiar a la música a atravesar nuevos horizontes. Y al parecer, no se equivocó. Factory Records editó los dos discos de la banda: Unknown Pleasures y Closer (1980), sonidos cruciales para la época, que crecieron tan rápido como se desvanecieron. A la corta edad de 23 años y con una hija pequeña, Ian Curtis se suicida en su casa. Su depresión a causa de la epilepsia le ganó la batalla a la idea que Tony Wilson tenía sobre el sendero de la estrella de rock. Joy Division tenía planificada su primera gira por Estados Unidos y su música había alcanzado lugares predominantes de la escena.

Factory Records estaba asediada de las ocurrencias de Martin Hannet, el productor de los discos de Joy Division, quien según su baterista Stephen Morris, su actitud hacía que trabajar con él se vuelva un infierno. Martin Hannet le hacía armar la batería en los lugares más insólitos para experimentar distintas acústicas, ya sea el baño o la terraza. Pero tal disciplina era necesaria para ilustrar la frialdad de una época en la estética de un sonido. Hannet se encargó de muchos grupos que fueron pasando por la compañía, desde tiempos primitivos como A Certain Ratio, Orchestral Manoeuvres in the Dark, Cabaret Voltaire, hasta la nueva camada exponencial de grupos locales como Happy Mondays y New Order.

“Movement” y “Power, Corruption & Lies” de New Order

Si existen nombres principales en Factory Records, son los ex Joy Division, quienes se decidieron explorar un nuevo territorio desconocido con New Order. Luego de asumir que había que enterrar las sombras de Ian Curtis, su música empezó a incursionar en suelos más cercanos a la electrónica. Escuchar discos tan dispares como Closer y Power, Corruption & Lies (1983), hace que ambas bandas parezcan de planetas diferentes, a excepción de Movement (1981) que seguía un poco bajo el espectro de su vocalista anterior. Pero los tiempos estaban cambiando muy rápido y el punk parecía estar envejeciendo con la llegada de nuevos sonidos.

New Order junto a Tony Wilson fundan La Hacienda en 1982, su brazo de expansión física para seguir creciendo y tener un lugar mucho más cómodo para los eventos. Las programaciones de las distintas actividades estaban distribuidas entre shows de bandas y DJs. Esta conjunción entre ambos géneros era bastante nueva pero el público recibió con buenas críticas esta novedad. El público de Mánchester ya empezaba a nutrirse de géneros como el acid house y a abrazar la música dance. Como así también era la cuna de nuevas experiencias lisérgicas que nada tenían que ver con las de los tiempos de la psicodelia hippie de los ’60s. Esto se trataba de una generación disconforme con las políticas de Margaret Tatcher y fascinada con la literatura de escritores como William Burroughs que ilustraba ciertas fantasmagorías químicas o autores más contemporáneos como Irvine Welsh, escritor de la novela Trainspotting.

La Hacienda era un espacio que arquitectónicamente no dejaba morir su nombre anterior. Resaltaba su estilo característico industrial, pero con una pista de baile, pantallas y luces, donde algunas vigas atravesaban el platinado del espacio. Muchas bandas pasaron por el escenario de La Hacienda como The Smiths, aquella estrella fugaz que se le escapó de las manos a Tony Wilson como gran descubridor de la música de Mánchester. Pero el escenario albergaba también otras grandes bandas como la nueva joya y esperanza del sello, los Happy Mondays. Mientras tanto, el éxito de New Order y su hit “Blue Monday” servían como el único sostén de todos los gastos provocados por el establecimiento.

El término “Madchester” fue acuñado por un single de Happy Mondays titulado “Madchester Rave On” (1989) lanzado por Factory Records. Este movimiento, acompañado de otras bandas como The Stone Roses, James y Northside, fueron la fuente de inspiración de aquello que después fue reconocido hasta hoy como britpop, teniendo como estandarte a Oasis y Blur. La historia de Mánchester como epicentro cultural tiene un catálogo de grupos alternativos muy importantes que impusieron un estilo determinante hasta la actualidad.

Otro dato muy interesante sobre Factory Records era una extraña manía de enumerar, todo lo que le pertenezca y anticipar el número la abreviación FAC. Por ejemplo, el EP que se comentaba al principio del texto es FAC-2; FAC-1 y FAC-3, eran afiches de shows diseñados por Peter Saville en 1978. FAC-51 era La Hacienda, que estuvo abierta hasta el año 1997. Pero también hubo cosas muy peculiares que terminaban de consolidar el concepto estético que tenía la compañía. Desde ítems como el FAC 8, que es un diseño de un reloj con forma de ábaco pensado por Linder Sterling pero que nunca llegó a hacerse material; hasta el FAC-98 que era una peluquería que funcionaba debajo de La Hacienda. Como también el grado de humor, sarcasmo y hasta cinismo que encarnaba toda una generación: FAC-61 es una amenaza por parte de Hannet a Factory Records. FAC-191 es el gato que vagaba todos los días por La Hacienda. FAC-433 es la película 24 Hour Party People, dirigida por Michael Winterbottom que retrata los días de Factory Records. FAC-501 es el ataúd de Tony Wilson, que falleció de cáncer en el año 2007.