El éxito instantáneo es algo que pocos discos o canciones pueden lograr. Si bien una obra de gran calidad puede ser reconocida rápidamente, este no siempre es el caso, y esta lista de cuatro discos que fueron criticados y luego se convirtieron en clásicos lo confirma.
Serú Girán - Serú Girán (1978)
La banda liderada por Charly García abrió un nuevo camino para el rock argentino cuando estrenó este disco. Con influencias del rock sinfónico y progresivo, debutó con una propuesta que no fue bien recibida por la crítica, que no la encontró "fresca" en relación con la anterior de La Máquina de Hacer Pájaros. De todos modos, la perspectiva que da el paso del tiempo posicionó a este trabajo como uno de los principales de la banda gracias a temas eternos como "Seminare" y "Eiti Leda", además de ser reconocido hoy como un álbum que influiría profundamente en músicos posteriores del rock nacional.
Led Zeppelin - Led Zeppelin (1969)
El primer Led Zeppelin aparece como un híbrido de estilos y géneros, en sintonía con las innovaciones estéticas que atravesaba el rock en aquellos años, y es considerado uno de los mejores discos de la banda. Sin embargo, la mixtura entre blues, hard rock y la peculiar voz de Robert Plant no fue precisamente bien recibida por los críticos de la época. John Mendelsohn, de Rolling Stone, destrozó el álbum y catalogó sus composiciones como "fórmulas".
The Beach Boys - Pet Sounds (1966)
Parece mentira que uno de los discos decisivos de la década del 60 haya tenido un recibimiento de tibio a negativo. Lo cierto es que, a veces, cuesta ver cómo una obra puede convertirse en una pieza de influencia inconmensurable, y esto parece haberles pasado a varios de los críticos del momento. De hecho, el biógrafo David Leaf recuerda que los elogios que recibió el álbum fueron "dispersos", pero el tiempo haría lo propio y hoy es considerado el mejor disco de The Beach Boys y uno de los más importantes de la música popular.
Weezer - Pinkerton (1996)
Cabe la posibilidad de que un disco pase de ser considerado un desastre a convertirse en una obra esencial dentro de la carrera de una banda y del panorama del punk melódico. Al momento del lanzamiento, el disco vendió menos que su álbum anterior, The Blue Album, y la crítica lo catalogó como "una colección de himnos deprimentes fiesteros para agorafóbicos" (Entertainment Weekly). Además, los lectores de Rolling Stone lo votaron entre los peores discos de 1996.









