El 29 de agosto de 1966, en el Candlestick Park de San Francisco, The Beatles subieron al escenario sin anunciar que estaban a punto de cerrar un capítulo fundamental de su historia. Ante unas 25 mil personas que dijeron “presente” aquella noche, los Fab Four ofrecieron un show más dentro de su gira, aunque para ellos estaba claro que sería el último concierto pago de su carrera.
El grupo británico llegaba a ese momento en medio de un desgaste acumulado. Las giras constantes, los problemas técnicos en los conciertos, que les impedían escucharse correctamente, y la presión del fenómeno global de la Beatlemanía habían convertido las presentaciones en vivo en una experiencia frustrante. Al mismo tiempo, su música evolucionaba rápidamente en el estudio, volviéndose cada vez más compleja y difícil de reproducir en directo.
Esa tensión se reflejó en el repertorio de aquella noche. Aunque John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr acababan de lanzar Revolver, uno de los trabajos discográficos más innovadores de su carrera, decidieron no incluir ninguna de sus nuevas canciones. En cambio, optaron por un setlist basado en temas conocidos y covers que formaban parte de su repertorio habitual en vivo.
11 canciones y un final sin aviso
El concierto fue breve, con solo 11 canciones, y se desarrolló en medio del clásico caos de gritos que caracterizaba a las presentaciones. Tras abrir con su versión de “Rock and Roll Music”, el tema de Chuck Berry, sonaron “She’s a Woman”, “If I Needed Someone”, “Day Tripper”, “Baby’s in Black”, “I Feel Fine”, “Yesterday”, “I Wanna Be Your Man”, “Nowhere Man” y “Paperback Writer”.
El cierre llegó con su versión de “Long Tall Sally”, una canción de Little Richard que habían utilizado durante años para terminar sus shows. La elección no fue casual, ya que el tema, asociado a sus primeros días como banda influenciada por el rock and roll estadounidense, funcionó como un puente entre sus inicios y ese final definitivo.
Tras el cierre de esa etapa, lejos de significar el fin de su creatividad, se inauguró una nueva fase en la que Lennon, McCartney, Harrison y Starr redefinirían los límites de la música popular. Sin embargo, aquella noche de 1966 quedó como el punto exacto en el que terminó la era de The Beatles como banda en vivo.









