Cada músico lleva a cuestas sus influencias como puede: algunos las exhiben con orgullo, otros las niegan y unos pocos simplemente deciden tomar un camino completamente diferente. Tal es el caso de Lindsey Buckingham, guitarrista y cerebro creativo detrás de Fleetwood Mac en su época más gloriosa, quien se propuso firmemente no parecerse a uno de los máximos referentes de las seis cuerdas: Jimi Hendrix.
Buckingham, destacado por tocar sin púa y usar directamente las uñas para construir sus melodías, reconoció en más de una ocasión que sus verdaderos modelos nunca fueron los dioses del rock. De hecho, en una entrevista con Rolling Stone afirmó: "Entré por la puerta trasera. Todos los tipos como Jimi Hendrix o [Eric] Clapton, que llevaban su estilo en la manga, no eran la gente que yo escuchaba. Eran personas cuyos nombres quizás ni conocía, como Chet Atkins o Scotty Moore".

"No soy Jimi Hendrix"
Otra de las diferencias fundamentales entre Buckingham y Hendrix residía en cómo encaraba cada uno las presentaciones en vivo. Mientras que el primero se apegaba a la estructura de la canción, su colega prefería salirse de lo establecido y entregarse a la improvisación. "No soy Jimi Hendrix", declaró Lindsey. "No tengo el nivel de virtuosismo para simplemente dejarme ir hacia algo completamente diferente cada noche. Ni creo que quisiera tenerlo. Soy alguien que valora las composiciones musicales. Alguien que siente que debe haber una consistencia de noche en noche".
Buckingham demostró en clásicos como "Go Your Own Way" o "Big Love" una forma de ejecutar profundamente personal; esto provocó que su estilo terminara siendo reconocible precisamente porque evitó caer en imitaciones directas. Paradójicamente, esa elección de construir una propuesta alternativa lo consolidó como uno de los músicos más singulares de su generación. Aunque Hendrix siguió siendo una referencia inevitable dentro de la industria, Buckingham entendió que admirar a un artista no significa necesariamente querer replicar sus pasos.









