Pete Townshend no es precisamente conocido por guardarse sus opiniones. A lo largo de su carrera con The Who, el guitarrista construyó su reputación sobre canciones cargadas de tensión y frustración, como “My Generation”, y esa misma exigencia la aplicaba a la hora de escuchar a otros artistas. Por eso, cuando a principios de los 80 le preguntaron en una entrevista con Rolling Stone si ser feliz podía llevar a un músico a escribir peor, su respuesta derivó en una crítica inesperada hacia uno de los nombres más populares de la época.
“Si tienes la mala suerte de nacer como John Denver, no hay mucho que puedas hacer, la verdad”, arrancó Townshend. Y, aunque aclaró que había momentos en los que el autor de “Rocky Mountain High” lograba transmitir genuinamente la alegría que sentía al estar rodeado de naturaleza, el problema era la repetición. “Hay momentos en que escuché a John Denver y realmente me transmitió la alegría que siente al estar en las montañas de Colorado”, continuó. “Lo que pasa es que lo hace en todas las canciones, y me cansa un poco oír hablar de las montañas, las flores de primavera, los árboles y todo eso. Creo que se van a ver tan negras como la ciudad de Nueva York cuando caiga la bomba”.
La crítica tenía lógica, ya que Townshend siempre sostuvo que la mejor música nacía de la incomodidad, de tener algo que procesar o contra lo que rebelarse. Mientras tanto, Denver representaba casi lo opuesto: un artista que celebraba la vida sin demasiadas complicaciones, cuya música apuntaba a generar bienestar antes que a sacudir algo, en las antípodas de lo que proponía su colega británico. Claro está, la crítica no era un rechazo total: Townshend reconocía que había algo auténtico en lo que Denver hacía y que su música lograba conectar cuando el intérprete transmitía esa sensación de plenitud sin forzarla.









