En la década de los 60, todos los amantes del rock debatían sobre quién dominaba el escenario con más autoridad. En ese contexto, Mick Jagger solía ser la vara con la que se medía al resto, dada su mezcla de energía animal y magnetismo escénico. Pero para Pete Townshend, el guitarrista y compositor de The Who, había un frontman que podía plantarle pelea al líder de The Rolling Stones: Ray Davies, el cantante y cerebro creativo de The Kinks.
Townshend y Davies no solo eran parte de la misma escena británica de mediados de los 60, sino que también competían por la atención de un público que seguía de cerca cada movimiento de las bandas que surgían de los suburbios de Londres. The Kinks venían de Muswell Hill, The Who de Shepherd's Bush, y los dos grupos construyeron identidades muy distintas, pero igualmente sólidas, en ese momento.
En una declaración sobre Davies, Townshend fue muy claro: "Ray Davies era casi tan atractivo como Mick Jagger, y por las mismas razones: era delicado, ligeramente andrógino y muy sexy. The Kinks tocaban bastantes de las mismas canciones de R&B que nosotros, y de alguna manera lograban ser poéticos, nostálgicos, ingeniosos, irónicos y furiosamente petulantes al mismo tiempo. Junto con los Stones, siempre los consideraré una influencia primaria".
La comparación con Jagger no era un elogio menor viniendo de Townshend. Para él, el frontman de los Stones representaba el estándar más alto del rock en vivo, alguien casi imposible de igualar en lo que a presencia escénica se refiere. Sin embargo, Pete no dudó en elevar a Davies a esa categoría.









