El videoclip transformó para siempre la manera en que el público consumía música. Lo que originalmente nació como una solución práctica para promocionar canciones en televisión se convirtió, entre las décadas de 1980 y 1990, en una industria propia, en muchos casos con producciones audiovisuales ambiciosas. Con el estreno de MTV, el videoclip pasó de ser un recurso promocional a una obra en sí misma.
Antes de que el canal musical comenzara a emitir oficialmente en 1981, la práctica de grabar videoclips ya estaba instalada en la industria musical británica, en gran medida gracias a que el programa Top of the Pops, de la BBC, solía emitir filmaciones pregrabadas cuando los artistas no podían presentarse en vivo. Esa costumbre terminó sentando las bases de un formato que explotaría con la llegada del canal de cable.
Con el desembarco de MTV, un grupo de artistas británicos —entre ellos Billy Idol, A Flock of Seagulls, The Human League y Duran Duran— capitalizó su presencia en cámara para conquistar el mercado estadounidense, en lo que se conoció como la "segunda invasión británica". Ese fenómeno llevó a los sellos discográficos de Estados Unidos, hasta entonces más cautos con este tipo de inversión, a destinar presupuestos cada vez mayores a sus artistas principales.

El videoclip más caro de los 80 fue de Madonna
En ese contexto, Madonna cerró la década con la producción más cara de toda su carrera. Tras el estreno de "Like a Prayer", uno de los videos más controvertidos de 1989, la cantante convocó al entonces emergente director David Fincher para "Express Yourself", un videoclip de estética industrial inspirado en Metrópolis, protagonizado por la propia artista.
Según relató la propia artista, fue el video en el que tuvo mayor participación creativa hasta ese momento, involucrándose en la elección del vestuario, la escenografía, el maquillaje y la dirección de fotografía junto a Fincher. Con un presupuesto de 5 millones de dólares, "Express Yourself" no solo fue el videoclip más caro de los años 80, sino que se ubica en el tercer puesto entre los más costosos de la historia de la música.










