En la historia del rock argentino hay cientos de anécdotas que, con el paso de los años, se transforman en mito. Una de ellas es la que relata la vez que Miguel Abuelo le pegó a Charly García en un boliche de Mar del Plata. Algunos hablan de que fue una cachetada, otros de una piña memorable, pero lo cierto es que el hecho ocurrió a comienzos de 1983 y estuvo signado por tensiones artísticas, lucha de egos y una convivencia que ya estaba rota mucho antes de esa noche.
En aquellos años, Los Abuelos de la Nada estaban en la cúspide de su éxito. El grupo había regresado con fuerza al centro de la escena y Charly, ya convertido en un emblema del rock nacional, había producido su primer disco homónimo. La relación entre la banda y el artista, sin embargo, nunca fue fácil. Las diferencias generacionales, estéticas y personales se fueron acumulando hasta estallar en un episodio que todavía hoy se recuerda como uno de los más intensos de los años dorados del rock argentino.
Según Cachorro López, bajista histórico del grupo, la relación estaba marcada por la incomprensión mutua. "Charly tenía poca paciencia con Miguel. Era intolerante con él. No lo entendía, no lo cazaba. Tal vez tenía un ego muy grande y esa fue su barrera para entenderlo”, explicó (vía Clarín). Esa fricción se profundizó durante la grabación del LP debut, cuando García "abrió" el grupo para que todos compusieran y cantaran, una decisión que amplió el protagonismo de Andrés Calamaro y Gustavo Bazterrica, pero que comenzó a erosionar la paciencia de Miguel.

Bazterrica recordó una escena clave: Charly los reunió aparte a él, a Calamaro y a Cachorro López y les dijo sin rodeos: "Vayan ustedes al frente". El mensaje implícito era claro: para García, el histórico líder del grupo y pionero del rock argentino desde los años 60 ya no tenía que ser el centro absoluto de la banda. Sin embargo, para Miguel esa señal fue el inicio de una herida que nunca terminó de cerrar.
El episodio definitivo ocurrió a principios de 1983 en la discoteca Sobremonte, en Mar del Plata. Después de un show en un teatro de la ciudad, una comitiva de la productora de Daniel Grinbank trasladó a la banda en combis desde el Torreón del Monje hasta el boliche. Ahí los recibieron como celebridades: canilla libre, reservado exclusivo y más comodidades. Pero Charly apareció de manera intempestiva y el clima cambió de inmediato.
Según el testimonio de Eduardo Arasil, dueño del local y amigo de Miguel, García llegó con actitud soberbia, se acercó a la barra y, ante la mirada desconcertada de Abuelo, le arrebató la copa de champagne y comenzó a beber. Miguel lo miró de arriba abajo y le dijo: "¿Qué hacés acá? ¿Yo te invité?”. Charly respondió rompiendo la copa contra el piso. Eso fue el punto de no retorno.

"Miguel no lo toleró", recordó Arasil. "Apeló al negrito peleador que siempre llevaba adentro y le puso una cachetada que sonó en todo el boliche”. Charly cayó hacia atrás tomándose la cara y el escándalo fue inmediato. Algunos sostienen que no fue una cachetada sino una piña. Miguel Abuelo había practicado boxeo desde adolescente en el club Colegiales y sabía perfectamente cómo golpear.
Calamaro, testigo indirecto de la situación, recuerda el episodio con distancia y cierta ironía. En diálogo con Clarín explicó que no puede precisar el momento exacto del conflicto, que no recuerda consumo excesivo de alcohol y que Miguel estaba bebiendo Seven Up en la barra. "Por lo visto Miguel acometió con la mano abierta, Charly trastabilló y perdió el pie, la cosa no fue a mayores y seguimos el viaje de vuelta a Buenos Aires”, resumió.

La fotógrafa Andy Cherniavsky, testigo directo y amiga de ambos, tiene otra versión. En su libro Acceso directo, recordó que Miguel "le dio una piña a Charly con tanta puntería que le pulverizó los lentes”. Nadie, según ella, reparó en el detalle de que García usaba anteojos. "Fue un escándalo enorme. Con el tiempo entendimos que esa piña se la tenía guardada hacía mucho”.
Según Cherniavsky, el trasfondo de esa tensión era entendible. Charly estaba llevándose a los músicos más talentosos de Los Abuelos. Bazterrica, Cachorro López, Daniel Melingo y el propio Calamaro veían en García una posibilidad de crecimiento artístico y profesional incomparable. "Charly no era ningún boludo. Donde ponía el ojo, ponía la bala. Miguel lo percibía todo. Sentía que le estaban robando su banda, su proyecto, su lugar”.
Según cuenta la biografía Miguel Abuelo. El paladín de la libertad de Juan Carmona, tras el episodio Miguel se arrepintió. Esa misma noche habló con Bazterrica para disculparse, diciéndole lo siguiente: "Perdoname, Vasco. Yo sé que es tu amigo y que estuve mal, pero explicale… explicale". Abuelo sabía que sus compañeros querían y respetaban profundamente a Charly, aún después del golpe.









