En la historia del rock hay riffs que se volvieron icónicos, y otros tantos que, consciente o inconscientemente, terminaron siendo un dolor de cabeza. Está comprobado: incluso una gran canción puede volverse insoportable si la ambición de los músicos por agregar elementos no tiene un límite. Con los riffs, esa saturación se vuelve todavía más evidente. El cine lo inmortalizó en Wayne’s World (1992), cuando un empleado de una tienda de instrumentos interrumpe a Mike Myers para recordarle la ley no escrita que rige en muchas casas de música: "Nada de Stairway to Heaven". Ni siquiera el himno de Led Zeppelin, con toda su estampa mítica, puede escapar al desgaste que produce el exceso.
Otras bandas también lo experimentaron. The White Stripes padecieron la omnipresencia deportiva de “Seven Nation Army”, convertida en canto de estadio global, mientras que Guns N’ Roses sufrieron la repetición interminable de “Sweet Child o’ Mine”. A veces no se trata de malas canciones, sino de riffs condenados por su propia popularidad y masividad. Pero entonces, entre fanáticos y melómanos, surge la pregunta: ¿cuál es, objetivamente, el riff más molesto del mundo? La respuesta, para sorpresa, no está entre los villanos fáciles del rock como U2 o Nickelback, sino en un clásico irlandés: “Whiskey in the Jar”, en la versión de Thin Lizzy.
De origen popular del siglo XVII, la canción relata episodios vinculados a los convulsionados tiempos bajo Oliver Cromwell y William of Orange. A lo largo del siglo XX pasó por voces reconocidas: desde The Highwaymen en 1962, hasta Peter, Paul and Mary y The Dubliners, custodios de la tradición folk irlandesa. Sin embargo, cuando Thin Lizzy lanzó su versión como segundo single, buscaban convertir la canción en un himno contemporáneo. Y casi lo lograron… si no fuese por su riff. Ese pequeño punteo de guitarra, lejos de sumar épica, termina resultando insufrible. Ya sea por su tono agudo o su repetición insistente, suena como el zumbido de un mosquito. En cuanto aparece, toda la emoción del tema se disipa en un instante, arruinando la atmósfera que había logrado construir.










