La historia del rock está atravesada por excesos, caos y figuras que llevaron el género más allá de lo que en épocas anteriores se creía posible. Sin lugar a dudas, dos de esas figuras fueron Iggy Pop y David Bowie, quienes mantuvieron una relación que se convirtió en una de las asociaciones más intensas y decisivas del género. Más allá de los excesos que marcaron los años 70, el vínculo entre el Duque Blanco y la Iguana trascendió lo anecdótico para convertirse en una conexión artística y personal profunda. Tal fue así que su primer encuentro, a comienzos de esa década, en Nueva York y en un contexto informal, derivó rápidamente en una relación cercana.
Tal y como te contamos hace unos meses, Bowie y Pop se conocieron en 1971 en la ciudad que nunca duerme, cuando el primero se encontraba de gira en el país con su álbum The Man Who Sold the World. Pop, por su parte, había sacado dos discos con The Stooges sin pena ni gloria. Sobre ese momento, el cantante de "Lust For Life" recordó: “Me alojaba en el pequeño y peculiar loft del publicista Danny Fields. Era tarde una noche, y Danny fue a Max's Kansas City. Yo no quería ir. Estaba viendo la tele: El Sr. Smith va a Washington. Danny me llamó: 'Hay un tipo por aquí. Te acuerdas de él'. Y así fue”.

Esa conexión se tradujo en una colaboración clave para la carrera de Iggy Pop. En una etapa marcada por problemas personales y adicciones, Bowie no solo lo acompañó, sino que también lo ayudó a reencauzar su camino artístico. Juntos trabajaron en discos fundamentales como The Idiot y Lust for Life, ambos de 1977, donde lograron canalizar el caos personal en una propuesta musical innovadora y consistente. Tras la muerte de David a comienzos del 2016, su amigo le rindió homenaje.
Iggy escribió:
“Básicamente, esta amistad consistió en que este tipo me salvó de una inminente destrucción profesional y quizás personal; así de simple. Mucha gente sentía curiosidad por mí, pero solo él tenía suficientes cosas en común conmigo, le gustaba de verdad lo que hacía y se sumaba a mi proyecto, y además tenía buenas intenciones como para ayudarme. Hizo algo bueno. La amistad de David fue la luz de mi vida. Nunca conocí a una persona tan brillante. Era el mejor”.









