Los años 80 explotaron de hits en el mundo de la música occidental. Las influencias del dance, el desarrollo de nuevas tecnologías de grabación y la consolidación de grandes estrellas impulsadas por la industria del videoclip hicieron de esta década un período de proliferación de artistas, bandas y canciones que hasta hoy siguen sonando en radios y fiestas.
Uno de los temas que alcanzó el número uno en la lista Billboard Hot 100 fue “Baby Don't Forget My Number” de Milli Vanilli, lanzado en 1988. El dúo alemán saltó a la fama y rompió récords con esta canción, que fue el segundo simple de su disco debut, Girl You Know It's True, y que rápidamente llamó la atención del gran público.
Con una estética ligada al hip hop y al funk, ofrecieron rap, un estribillo pegadizo y un videoclip atractivo que los convirtió en reyes de la música popular, al menos durante un par de años. La ilusión del éxito se derrumbó cuando se conoció que los artistas conocidos como Milli Vanilli eran, en realidad, una farsa. Rob Pilatus y Fab Morvan fueron los rostros elegidos para presentarse ante el mundo bajo el nombre del dúo, pero quienes verdaderamente cantaban las canciones eran músicos sesionistas.
El engaño al público salió a la luz en 1990, cuando la banda ya había conseguido varios hits que llegaron al número uno. Durante una presentación para MTV, la pista se desfasó y dejó al descubierto el playback. Ese mismo año habían ganado el Grammy a Mejor Artista Nuevo, premio que les fue retirado tras hacerse público el fraude.
Más allá de que la farsa quedara expuesta, la canción continuó siendo un éxito, aunque una gran parte del público lo vivió como un engaño y, por lo tanto, como una ofensa. Tiempo después surgió el grupo The Real Milli Vanilli, integrado por algunos de los cantantes que habían sido contratados originalmente para grabar los hits del dúo.









