Frank Sinatra tuvo una de las discografías colaborativas más importantes de la historia de la música, con nombres como Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Dean Martin, Aretha Franklin, Bono y Barbra Streisand. Pero fue William James "Count" Basie, el pianista y director de orquesta oriundo de Red Bank, Nueva Jersey, quien protagonizó la colaboración que más quedó grabada en su memoria.
Sinatra y Basie grabaron juntos por primera vez en 1962, con el disco Sinatra-Basie: An Historic Musical First. Dos años más tarde, en 1964, volvieron a reunirse para el álbum It Might as Well Be Swing, esta vez con la producción de un joven Quincy Jones, lo que marcó el inicio de una amistad que se extendería durante años entre los tres.
"Lo que recuerdo de eso es que probablemente fue el compromiso más excitante que hice en mi vida desde que empecé a actuar", recordó Sinatra sobre la experiencia de tocar junto a la orquesta de Basie. "La orquesta de Basie, como ya deben saber, era como un tren de carga que se te venía encima. Sabías que tenías que ser parte de eso o te quedabas afuera".
Una amistad que se extendió por años
Sinatra también se refirió a la forma de trabajar de Basie arriba del escenario. "Basie, en realidad, nunca dirigía a la orquesta; se sentaba al piano y, si alguna vez lo vieron tocar, nunca usaba más de tres o cuatro teclas. Sacaba sonidos hermosos, nomás", agregó el cantante.
En 1966, el trío conformado por Sinatra, Basie y Jones volvió a reunirse para Sinatra at the Sands, el primer disco en vivo de la carrera del cantante, también conocido como Chairman of the Board. El álbum fue grabado en el Copa Room del hotel Sands de Las Vegas, y los tres siguieron compartiendo giras y escenarios durante años.










