El ambiente de una gira puede prestarse para excesos, peleas, nuevas amistades, sexo y también bromas pesadas. Cuando un grupo de músicos pasa mucho tiempo fuera de sus hogares y tocando en diferentes ciudades, a veces la rutina se vuelve aburrida y buscan maneras de pasar el tiempo.
Esto fue lo que ocurrió durante la gira conjunta que Rush y Kiss realizaron en 1975 y que pasó a la historia del rock. La primera banda fungía como telonera y pudo acceder a públicos más numerosos y aprender aspectos escénicos de sus colegas. Lo cierto es que, durante el mes de junio de esa gira, se desató una serie de bromas entre ambos grupos que escalaron hasta convertirse en una verdadera guerra.
En primera instancia, el guitarrista de Rush, Alex Lifeson, interpretaba un personaje llamado “The Bag”, que consistía en colocarse una bolsa con agujeros en los ojos para asustar a los miembros de la banda, tal como recuerda en el libro Rush: Time Stand Still. Si bien a Ace Frehley le parecía gracioso, Gene Simmons no lo percibía de la misma manera, lo que lo llevó a querer redoblar la apuesta con sus colegas.

Según se relata en Nothing to Lose, de Ken Sharp, hubo una noche clave en la que la sucesión de bromas se transformó en una batalla abierta. Sharp cuenta que los rockeros de caras maquilladas obtuvieron su venganza cuando, durante el tema final del show de Rush, se subieron al escenario con tartas de crema y comenzaron a arrojarlas por doquier, dificultando el desempeño de los músicos.
Esta “broma” fue ciertamente efectiva para su objetivo, ya que resultó en un verdadero desastre para Rush y su número final, incluso poniendo en riesgo los instrumentos. Por eso, la banda canadiense decidió que las cosas no quedarían así y, para el siguiente show de Kiss, colocó queso Limburger en los ventiladores ubicados al pie del escenario, provocando que se propagara un olor insoportable entre el público y los músicos. Además, se vistieron de indios y comenzaron a lanzar pasteles y flechas hacia el escenario.
Sobre esta guerra campal que se desató frente al público y que había comenzado como bromas inocentes propias de adolescentes, Lifeson declaró en diálogo con Rolling Stone: “Nos vengamos”. También reflexionó que, en realidad, el verdadero triunfo fue de los compositores de “I Was Made for Lovin’ You”: “Pero lo nuestro fue solo una pequeña batalla, y lo de ellos fue como una guerra. Realmente nos aniquilaron”.









