La idea de que algunas personas tienen una relación más profunda con la música que otras no es solo una percepción subjetiva, sino que cuenta con respaldo científico. Diversos estudios han demostrado que quienes experimentan escalofríos, o la popularmente conocida “piel de gallina”, al escuchar ciertas canciones, presentan diferencias reales en la forma en que funciona su cerebro.
La profesora adjunta de psicología de la Universidad de Northeastern, Psyche Loui, interesada durante años en estudiar la relación entre la música y las emociones, publicó en 2016 un reporte titulado "La conectividad cerebral refleja las respuestas estéticas humanas a la música", en el que identificó conexiones específicas entre las regiones de procesamiento auditivo y las de procesamiento social y emocional.
Para su estudio, Loui —también profesora adjunta de neurociencia y comportamiento, y de ciencias integrativas— unió fuerzas con su antiguo estudiante de tesis, Matt Sachs, para analizar las diferencias cerebrales entre quienes experimentan estos escalofríos inducidos por la música y quienes no.

Los investigadores comenzaron con una amplia encuesta online que incluyó a más de 230 participantes. De ese grupo, seleccionaron a 10 personas que aseguraron experimentar escalofríos con frecuencia al escuchar música y a 10 que informaron no sentirlos. Loui y Sachs controlaron variables como la experiencia musical, el género y las diferencias de personalidad. Además, pidieron a cada participante que llevara al laboratorio algunas de sus canciones preferidas.
Dado que las personas responden de manera diferente a la música, los investigadores utilizaron la música proporcionada por un participante como estímulo de control para otro. Los participantes fueron conectados a equipos que medían su frecuencia cardíaca, la sudoración de la piel y la actividad cerebral. Cuando al grupo que reportó escalofríos se le reprodujeron sus temas favoritos, mostró un aumento en la frecuencia cardíaca y en la sudoración de la piel. Estas reacciones fisiológicas no se observaron al reproducir una pieza musical de control.
Es importante destacar que la resonancia magnética evidenció una mayor conectividad entre las regiones auditivas del cerebro y áreas clave para el procesamiento emocional y social. En el grupo que no reportó escalofríos al escuchar música, se observaron las mismas vías cerebrales, pero su volumen fue significativamente menor.
En aquel momento, Loui afirmó que este hallazgo era fascinante porque ofrecía pistas sobre por qué los humanos componen música: “Es un canal auditivo para relacionarse social y emocionalmente con otras personas”, señaló. Y agregó: “Quizás componer buenas canciones requiere encontrar ese canal auditivo que conecte con los sistemas sociales y emocionales de los oyentes”.









