El último año de la década del sesenta marcó un antes y un después en la historia de la cultura rock del siglo XX. La avanzada de la contracultura psicodélica se había expandido globalmente y había modificado prácticas, hábitos y modos de vida para siempre. El mundo parecía librar una especie de disputa entre el emergente movimiento juvenil contracultural y la cultura oficial del aparato de poder.

Con el cierre de la década que vio nacer la contracultura juvenil de la cultura pop y del rock, bandas clásicas como The Beatles o The Rolling Stones se consolidaron mientras surgían nuevas agrupaciones como The Stooges o Sly and the Family Stone, que influenciaron profundamente la música de los años setenta.

El panorama socioeconómico a ambos lados del Atlántico

Los marcos sociológicos que atravesaron el arte musical de Estados Unidos y Gran Bretaña fueron muy distintos. En este último país, la situación económica difería notablemente de la estadounidense. Por entonces, Estados Unidos contaba con la clase media más poderosa del mundo, cuyos miembros podían elegir entre comprarse un auto o una casa. Los niveles de empleo y de producción industrial eran altos. Los principales conflictos norteamericanos en 1969 pasaban por la batalla por los derechos civiles de las minorías y la guerra de Vietnam, que continuó hundiendo al país en una crisis de identidad que dividiría ideológicamente a la sociedad para siempre.

En Gran Bretaña, en cambio, bajo el gobierno de Harold Wilson comenzó a fines de 1968 una dura recesión interna, apenas una década después de que se levantara el racionamiento de alimentos básicos como el azúcar. Aunque la guerra de Vietnam generaba reparos, regiones como las zonas industriales de Birmingham o Mánchester sufrían las consecuencias de la falta de empleo digno y de un deterioro en la calidad de vida de la clase trabajadora.

El florecimiento de nuevos estilos y subculturas

Estas dos realidades contrastantes hicieron que la música producida en Estados Unidos y en Inglaterra comenzará a ramificarse hacia estilos y propuestas emergentes diferentes. En el caso estadounidense, se observa una profundización de géneros como el blues, el folk, el country y el rock, pero 1969 también sería recordado por la explosión del soul y el funk, simbolizada en el Festival Cultural de Harlem, conocido popularmente como el “Woodstock negro”, celebrado en julio de ese año.

Sly and the Family Stone aportaría uno de los discos de soul y funk más emblemáticos de la historia del género, Stand!, y, junto con Aretha Franklin, James Brown, The Temptations, Marvin Gaye, The Supremes y Stevie Wonder, conformaría la camada de artistas de soul y pop más importante de finales de los años sesenta.

Sly Stone en Summer of Soul.
Sly Stone en el documental Summer of Soul. Foto: Searchlight Pictures.

Además del soul, la escena garage proto punk proveniente de la ciudad de Detroit sentó las bases del futuro punk con artistas como The Stooges y MC5, quienes dieron forma al sonido denominado "Motor City", una síntesis entre la nueva contracultura juvenil y la clásica cultura automotriz de la región.

Por su parte, Creedence Clearwater Revival explotó definitivamente y conquistó a las masas con la edición de dos discos ruteros, cargados de country, rock y swamp rock, como Willy and the Poor Boys y Bayou Country, que incluían canciones emblemáticas como “Fortunate Son” y “Born on the Bayou”.

Artistas consagrados como Janis Joplin, Jimi Hendrix (quien no editó disco ese año), The Doors y The Byrds entraron en una fase experimental, con influencias que iban desde el rock progresivo hasta la fusión de elementos psicodélicos con el sonido folk y country.

The Who en la grabación de Tommy
The Who en la grabación de Tommy.

Mientras tanto, en Gran Bretaña, la escena psicodélica fue dando forma a una subcultura que, por un lado, conectaba con la música clásica y progresiva y, por otro, con la tradición rockera del sur de Estados Unidos. Ejemplo de esto son The Rolling Stones con Let It Bleed y Led Zeppelin, que sentó las bases del hard rock con sus álbumes Led Zeppelin y Led Zeppelin II.

The Who, por su parte, inauguró el concepto de ópera rock con Tommy, obra que los llevó al reconocimiento mundial. Los Fab Four de Liverpool, antes de su separación, grabaron Abbey Road, un disco que quizá contenga una de las producciones sonoras más logradas de los años sesenta, combinando elementos del rock sinfónico, el blues y el pop.

The Kinks confeccionaron una obra conceptual, urbana y moderna titulada Arthur (or the Decline and Fall of the British Empire). En paralelo, la movida conocida como "Canterbury", con artistas como Soft Machine, Gong, Camel y Caravan, tendió puentes entre el jazz y el rock progresivo.

Por último, The Nice —considerada por muchos como una de las bandas pioneras del rock progresivo junto a Genesis— se despidió con su tercer y último disco, titulado de manera homónima, para luego formar Emerson, Lake & Palmer.

El fundador de The Rolling Stones, Brian Jones —figura clave en sus discos experimentales y en la impronta blusera de la banda— murió de manera extraña el 3 de julio de aquel año, ahogado en la pileta de su casa en Essex. Las circunstancias nunca fueron aclaradas hasta hoy. Su muerte inauguró el célebre “Club de los 27”, al que poco después se sumarían Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison.

Brian Jones
Brian Jones

Ese mismo año, el hombre llegó por primera vez a la Luna, y como metáfora de aquel alunizaje quedó la sensación de que todo había sido posible en los años sesenta. Quizás el hecho más trágico que marcó el cierre de la década fue el concierto de Altamont de The Rolling Stones, donde una serie de violentos incidentes terminó con cuatro espectadores muertos (uno de ellos fue apuñalado frente a la banda).

Podemos afirmar que 1969 fue un punto de inflexión en el que la vanguardia artística y la contracultura política confluyen para generar un impulso desarrollista, futurista y liberador en las artes. El cierre de la década dejó como legado numerosos brotes de simbolismo poético para enfrentar al poder económico y político, huella que aún resuena en las generaciones jóvenes ligadas a la música y al arte en general, que siguieron indagando e investigando aquellas obras.

A partir de este recorrido, en Indie Hoy seleccionamos diez discos fundamentales de 1969: cinco editados en Estados Unidos y cinco publicados en Gran Bretaña.

10. The Stooges - The Stooges

Elektra Records

Tapa de The Stooges, disco de The Stooges

El álbum debut de The Stooges simula una suerte de caravana incestuosa donde convergen todos los excesos artísticos que la cultura rock podía permitirse. Cuenta la historia que, en un principio, la banda liderada por Iggy Pop tenía pensado grabar solo cinco canciones: las que solían tocar en vivo y cuya estructura combinaba dos minutos de composición con entre seis y ocho minutos de improvisación. Esos temas eran “I Wanna Be Your Dog”, “1969”, “No Fun”, “Ann” y “We Will Fall”. La discográfica les exigió más material -sobre todo porque la duración de esas piezas fue recortada para la grabación- y así la banda registró por primera vez “Real Cool Time”, “Not Right” y “Little Doll”.

Luego de una primera mezcla rechazada realizada por John Cale de The Velvet Underground, el presidente de la compañía, Jack Holzman, terminó aprobando la versión final. El álbum es un caos hermoso: da vida a un paisaje sonoro y existencial de outsiders criados en casas rodantes, atravesados por un espíritu poderoso de rock and roll.

9. Sly and the Family Stone - Stand!

Epic

Tapa de Stand!, disco de Sly & the Family Stone

Editado en un contexto histórico y político caótico en los Estados Unidos, donde las luchas por los derechos civiles se intensificaban y muchos miembros de la comunidad afroamericana optaron por la resistencia armada, Stand! convocó a la unidad social a través de un mensaje de empatía y un baile contagioso. El disco combina funk, soul y ritmos afroamericanos con un agudo sentido de la composición pop, que alcanza su punto más alto en el himno “Everyday People.

La banda funciona como un arco iris: cada integrante es un color que encaja a la perfección dentro de una identidad musical ecléctica. Stand! celebra el cierre de una época y, al mismo tiempo, inaugura otra: la futura era del funk de comienzos de los años setenta. A través de sus letras, el álbum toma postura en favor del arte como remedio para sanar las heridas y malestares de la vida cotidiana. Como plantearía Pierre Bourdieu, se trata de una obra de deleite -por el conocimiento y la destreza musical de la banda- que opera con un poderoso capital simbólico, dejando en claro que siempre hay espacio para la creatividad incluso dentro de los límites impuestos por la violencia estructural que ejerce el sistema.

8. Pink Floyd - More

EMI Columbia

Tapa de More, disco de Pink Floyd

Titulado inicialmente Music From the Film More —ya que su música fue compuesta para el debut cinematográfico del director Barbet Schroeder—, el álbum terminó publicándose simplemente como More. Es el tercer trabajo de Pink Floyd y el primero sin Syd Barrett, expulsado de la banda durante el otoño de 1968 debido a sus problemas con las drogas.

El disco funciona como una transición entre el pasado psicodélico del grupo y la futura exploración conceptual y progresiva que marcaría su sonido en la década siguiente. Esto se percibe en las influencias del incipiente movimiento musical germano liderado por el colectivo Amon Düül, combinadas por momentos con el underground del hard rock inglés, evidente en canciones como “The Nile Song” e “Ibiza Bar”.

Desde el comienzo, Pink Floyd deja en claro su intención de alejarse de la lisergia estética de sus primeros años y acercarse a climas más atmosféricos, como se escucha en “Cirrus Minor” o “Up the Khyber”. More fue además el primer disco producido íntegramente por la banda, cuya grabación llevó apenas ocho días.

El álbum mapea el comienzo de una búsqueda sonora y conceptual hacia otras formas artísticas, en un momento en el que la evolución tecnológica comenzaba a transformar el audio de estudio de la cultura rock, aunque el grupo aún no dominara por completo esas herramientas. También da cuenta de la complementariedad compositiva entre Waters y Gilmour y de cómo, junto a Wright y Mason, ya conformaban un conjunto con una idea clara y potente del arte que querían construir.

More es el reflejo narrativo y metafórico de una banda que todavía no había explotado en su totalidad en los años sesenta, pero que conservaba un enorme potencial creativo para encarar la metamorfosis musical que la llevaría a su cenit en la década del setenta.

7. The Kinks - Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire)

Pye 

Tapa de Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire), disco de The Kinks

El octavo disco de estudio de los londinenses surgió como la banda sonora para una serie de Granada TV -el mismo canal donde años más tarde Tony Wilson tendría su programa musical, por el que pasarían grupos como Joy Division y Sex Pistols-, pero el proyecto nunca llegó a concretarse.

Ray Davies, que ya había explorado una obra conceptual sobre la idiosincrasia británica de los pequeños pueblos en su anterior disco, The Village Green Preservation Society, desarrolló esta vez, a partir de un suceso familiar, una narrativa atravesada por la frustración, el romance y el exilio. El protagonista del álbum, Arthur Morgan, un instalador de alfombras, está inspirado en el cuñado real de Ray, Arthur Anning.

A comienzos de 1969, el bajista y miembro fundador de The Kinks, Pete Quaife, decidió alejarse de la banda y fue reemplazado por John Dalton. El álbum se grabó entre mayo y junio de ese mismo año. Sus temáticas giran en torno a la migración de la hermana de Ray, Rose Davies, junto a su pareja Arthur hacia Australia en 1964.

Las canciones describen una nostalgia por la Inglaterra del pasado (“Young and Innocent Days”), la promesa de una vida mejor en el exilio (“Australia”), el vacío que genera una vida superficial (“Shangri-La”), la determinación británica durante la Segunda Guerra Mundial (“Mr. Churchill Says”) y el duelo familiar (“Some Mother's Son”).

Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire) elevó la vara artística de The Kinks como retratistas de las tipologías sociales que atravesaban la Gran Bretaña de la época. Con “Victoria”, además, la banda regresó al éxito en los Estados Unidos, donde pudieron volver a presentarse en vivo tras tres años, luego de la sanción impuesta por la Federación Americana de Músicos.

6. Creedence Clearwater Revival - Willy and the Poor Boys

Fantasy

Tapa de Willy and the Poor Boys, disco de Creedence Clearwater Revival

El cuarto álbum de estudio de los originarios de El Cerrito, California, marcó el cierre de un período de prolífica creatividad en el que editaron tres discos en un solo año. Tras los exitosos Bayou Country y Green River, la popularidad de la banda se masificó en todos los Estados Unidos gracias a un swamp rock que combinaba blues y country, perfectamente alineado con el espíritu rutero y desbordado de la contracultura norteamericana de fines de los años 60.

La idea inicial era concebir el álbum bajo el concepto de "jug band", donde todos los integrantes tocarían instrumentos acústicos acompañando a John Fogerty. El plan finalmente se descartó, pero queda como muestra de esa intención la canción “Poorboy Shuffle”.

El disco mantiene una línea contestataria frente al poder político de la era Nixon, encarnada en “Fortunate Son”, que critica la guerra de Vietnam a partir de la boda entre Julie Nixon y David Eisenhower. En “Don’t Look Now (It Ain't You or Me)”, Fogerty expresa la preocupación por el futuro de la clase trabajadora -“Veo la realidad con ojos de clase baja”, declaró-. Creedence también rinde homenaje a uno de sus grandes referentes, Leadbelly, grabando versiones de “Cotton Fields” y “The Midnight Special”.

Willy and the Poor Boys consagró a Creedence Clearwater Revival como un fenómeno popular y global, llegando incluso al puesto número 1 en Francia. Es un álbum que sintetiza el espíritu de rebeldía y el respeto por el legado del rock que definieron a los jóvenes músicos de la contracultura de los años 60.

5. The Who - Tommy

Track Records / Decca

Tapa de Tommy, disco de The Who

El cuarto álbum de estudio de los británicos es el resultado de un 1968 dedicado casi por completo a la experimentación con ideas y conceptos que venía desarrollando Pete Townshend. Se trata del disco que inauguró la cultura de la "ópera rock", en tanto todas sus canciones cuentan historias o situaciones vinculados a un mismo personaje.

El concepto filosófico del gurú Meher Baba, que articula elementos del vedanta y la mística, fue clave en la construcción del personaje catatónico de Tommy. La idea de que la música vibra y puede conectar con alguien sin sus sentidos básicos comienza a tomar forma a partir de la composición de “Pinball Wizard”.

Hay un rasgo central en Tommy: la combinación entre épica y utopía, un territorio que también había explorado Brian Wilson en Smile. Este “pop utópico” se expresa en canciones y arreglos que parecen no tener un cierre definido, sino que buscan una suerte de “sonido eternizante”, desbordando las estructuras tradicionales de estrofa y estribillo. Esto se percibe, más allá de piezas como “It’s a Boy” o “The Acid Queen”, en el clímax de temas como “Overture”, “Pinball Wizard” y “We’re Not Gonna Take It”.

La tradición de la obra conceptual, previamente desarrollada por artistas como Brian Wilson o The Beatles, alcanza acá un nivel superlativo en términos de producción y narrativa, a través de las vivencias que atraviesan al personaje de Tommy. En síntesis, Tommy fue un disco que lo cambió todo: fue el embrión de futuras obras conceptuales para jóvenes bandas de la época como Genesis, Yes o Pink Floyd.

4. The Doors - The Soft Parade

Elektra

Tapa de The Soft Parade, disco de The Doors

El cuarto álbum de The Doors implicó un giro rotundo en la dirección musical del grupo respecto de sus tres discos anteriores. Luego de una gira agotadora —durante la cual Jim Morrison comenzó a evidenciar signos de abuso de alcohol y drogas, en paralelo al ascenso de la banda en Estados Unidos y Europa—, fue Robby Krieger quien tomó el mando compositivo, firmando piezas como “Touch Me”, “Tell All the People”, “Runnin' Blue” y “Wishful Sinful”.

Grabado entre noviembre de 1968 y mayo de 1969, el álbum quedó bajo el control de su productor Paul Rothchild, quien impulsó a la banda a trabajar con arreglos de cuerdas y a incorporar músicos de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles y trompetistas de jazz. Esta impronta orquestal convive, sin embargo, con el regreso de las referencias simbolistas que Morrison dominaba, especialmente en canciones como “Wild Child” y “Shaman’s Blues”.

El tema que cierra el disco, “The Soft Parade”, parece un sermón sureño atravesado por la experimentación musical. Su estructura responde en buena medida a un trabajo conjunto entre Rothchild y Morrison: ambos organizaron fragmentos de la poesía del cantante para articularlos rítmica y conceptualmente.

The Soft Parade muestra la capacidad ecléctica de The Doors para fusionar estilos y abordarlos desde una perspectiva innovadora. Aunque recibió críticas severas en su lanzamiento, el tiempo lo posicionó como el trabajo más experimental del grupo y uno de los más logrados en la combinación entre balada y experimentación.

Desde una lectura semiótica, el disco proyecta imágenes de placer y desesperación, de luz y oscuridad superpuestas, como una fotografía invisible de un nuevo amanecer musical para la banda. Al mismo tiempo, anticipa el cierre de los años sesenta y de los excesos que definieron la época.

3. The Rolling Stones - Let It Bleed

Decca

Tapa de Let It Bleed, disco de The Rolling Stones

El octavo álbum de The Rolling Stones es considerado una de sus obras maestras, gracias a la capacidad de la banda para construir un lenguaje épico, lúdico y atrevido a partir de sus raíces en el blues sureño de Estados Unidos, enriquecidas por elementos del gospel y del country. Producido por Jimmy Miller, Let It Bleed marca también un momento de transición: fue el primer disco en el que participó Mick Taylor -en “Live with Me” y “Country Honk”- tras reemplazar a Brian Jones, quien había sido apartado durante las sesiones y falleció en circunstancias poco claras el 3 de julio de 1969.

El álbum muestra la potencia de los Stones para moldear himnos generacionales como “Gimme Shelter” y “You Can’t Always Get What You Want”, con alusiones a la Guerra de Vietnam y a la sensación de vacío que producen los excesos. A su vez, contiene un homenaje a Robert Johnson con la versión de “Love in Vain” y el relato inspirado en asesinatos seriales de “Midnight Rambler”, una pieza que se volvería infaltable en sus presentaciones en vivo.

La icónica portada del disco, diseñada por Robert Brownjohn, se nutre de un imaginario cercano al surrealismo. Su composición -el pastel, el tocadiscos y los elementos apilados- deriva del título provisorio del álbum, Automatic Changer ("Tocadiscos automático"), que guiaba la idea estética inicial antes de adoptar el definitivo Let It Bleed.

Crudo, visceral y de una épica contundente, el disco encarna lo que su título sugiere: un desangramiento simbólico donde los Stones exprimen sus excesos y experiencias filosóficas. Con esa alquimia, consolidaron su posición como la banda más influyente de los años sesenta junto a The Beatles.

2. Bob Dylan - Nashville Skyline

Columbia 

Tapa de Nashville Skyline, disco de Bob Dylan

El noveno álbum de Bob Dylan marcó un giro radical en su estética: su voz, temporalmente libre del tabaco, adoptó una calidez inusual que suavizó sus armonizaciones y lo impulsó a sumergirse por completo en el universo del country, tanto en lo artístico como en lo conceptual. Hacia 1965 Dylan ya había coqueteado con la idea de grabar un álbum de música country junto a Johnny Cash, aunque aquel proyecto nunca llegó a concretarse. Cuatro años más tarde, tras su accidente en moto y el periodo de reclusión en su casa, ese camino finalmente encontró su cauce.

Luego de los asesinatos de Martin Luther King Jr y Robert Keneddy, el clima político estadounidense configuraba un país caótico. Dylan quiso rejuvenecer y volver accesible un género históricamente conservador, y lo consiguió con notable eficacia: Nashville Skyline fue una reinvención necesaria.

En conjunto, el álbum construye un universo sonoro donde la cultura rock y el imaginario del country dialogan y describen un clima de sueños y utopía eterna. Con canciones como “Girl from the North Country” —reescrita y grabada junto a Johnny Cash—, “To Be Alone with You” y el ya clásico “Lay, Lady, Lay”, la influencia del disco irradiará más allá del ámbito folk-rock, al punto de que Madonna llegó a declarar que Nashville Skyline era su álbum favorito del cantautor.

1. The Beatles - Abbey Road

Apple Records

Tapa de Abbey Road, disco de The Beatles

Luego de las poco productivas sesiones del proyecto Get Back —publicado finalmente en 1970 como Let It Be— Paul McCartney convocó a George Martin con la esperanza de encauzar un nuevo álbum que revitalizará la energía creativa del grupo. Así, el 1° de julio de 1969, los Fab Four volvieron a reunirse en los estudios Abbey Road sin saber que sería la última vez que lo harían. Una vez sumergidos en la música, dejaron atrás las tensiones internas y volvieron a funcionar como una banda unida, algo que se percibe en el altísimo nivel compositivo del disco.

El álbum reúne himnos de la cultura pop como “Come Together” -escrito por Lennon como un mensaje de apoyo a Timothy Leary-, junto a dos de las composiciones más logradas de George Harrison para The Beatles: “Something” y “Here Comes the Sun”. También aparecen gemas modernistas como “Because” y “I Want You (She 's So Heavy)”. El nivel de producción y mezcla, a cargo del llamado “quinto Beatle” George Martin y de Geoff Emerick -con la colaboración adicional de Alan Parsons- demuestra por qué en los años sesenta nadie sonaba en estudio como The Beatles. Por lejos eran los número uno en el rubro.

El célebre medley que ocupa todo el lado B, que abre con “You Never Give Me Your Money” de McCartney, encadena con naturalidad tres canciones de John (“Sun King”, “Mean Mr. Mustard” y “Polythene Pam”) y cuatro de Paul (“She Came In Through the Bathroom Window”, “Golden Slumbers”, “Carry That Weight” y “The End”). El resultado es un cierre por todo lo alto, considerado por muchos como el mejor lado B de la historia de la música pop.

La portada, con los cuatro Beatles cruzando las calles Abbey Road y End Grove Road, es una de las imágenes más icónicas de la cultura rock y pop. Con el tiempo se convirtió en un símbolo del final del recorrido artístico de la banda y, al mismo tiempo, del cierre de una era. Abbey Road no solo marcó el punto culminante de su trayectoria: confirmó que, aún en su despedida, The Beatles fueron capaces de habitar el mainstream sin renunciar a la experimentación. Uno de sus mayores méritos fue volver accesible la vanguardia artística y llevarla a canciones universales.

Quizás por eso la frase final de “The End” (“And in the end, the love you take is equal to the love you make”, "Y al final, el amor que recibes, equivale al amor que das") funciona como una suerte de epílogo perfecto: una reserva inagotable de su legado en la música contemporánea, un amor profundo por el acto mismo de hacer música.

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