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06/05/2020

Caos electrónico y pop de ultratumba: El segundo disco de Crystal Castles cumple 10 años

Celebramos el aniversario de Crystal Castles II.

La salida del segundo disco de Crystal Castles fue un evento desafortunado. Crystal Castles II se filtró en internet sin su consentimiento, y el dúo tuvo que adelantar el lanzamiento tres semanas antes de la fecha planeada. Pero este accidente terminó dando sus frutos: el disco fue pronto alabado por la crítica y los blogs de música electrónica, y para cuando salió oficialmente, ya se había establecido una división entre sus seguidores. Por un lado, hubo quienes no estaban convencidos ante este cambio radical en el sonido de Ethan Kath y Alice Glass, y por otro lado, hubo quienes abrazaron esta exploración menos agresivo y más placentera. Si el debut homónimo de Crystal Castles había sido un huracán, el segundo disco vino a calmar la tormenta. Se trataba de un trabajo melancólico y menos caótico, un intento de lograr un estilo que trascendiera ese shock inicial.

La banda dejó de lado el estilo de 8-bit que había caracterizado su primera etapa, para socavar en las profundidades más oscuras de la pista de baile. Pero Crystal Castles II es un disco polarizado que juega con los contrastes. Sus dos canciones más populares fueron las lúgubres "Suffocation" y "Celestica", donde Alice Glass se distanciaba del griterío y tomaba una voz angelical. Los videos que acompañaron estos temas también reflejaban esta visión sombría de la realidad con aires de cementerio. No había nada de azaroso en la producción de estas canciones, a diferencia del éxito inesperado que había tenido el primer hit del grupo, "Alice Practice". "Suffocation" y "Celestica" mostraban una evolución concreta, una energía brillante dentro de la atmósfera opaca que construía el disco.

El primer adelanto del disco fue la electrizante "Doe Deer", y muchos se esperaban que el disco siguiese ese camino destructivo. El single había salido semanas antes de que el álbum se filtre, dentro de un EP que contenía tres canciones más: "Seed", "Insectica" y "Mother Knows Best". En el estribillo de "Insectica", Alice canta "Deathray deathray, you're gay, deathray," mientras que en "Doe Deer" repite de una manera esquizofrénica "Deathray, deathray" una y otra vez hasta alcanzar una ebullición. El EP se publicó con una tirada de 500 vinilos que enseguida se agotaron y "Doe Deer" fue utilizada en un capítulo de la serie inglesa Skins, lo que atrajo un montón de nuevos oídos a escuchar a la agrupación canadiense.

Como un cuchillo de doble filo, Crystal Castles II incluía canciones más detonantes y agresivas. El disco abre con "Fainting Spells", una extensión del sonido del primer disco, con todo lo que la sed de la disconformidad necesitaba para ser saciada: unos sintetizadores vertiginosos, una pizca de noise, la impronta punk y una Alice Glass sumergida en una posesión infernal. Ya en los primeros shows de Crystal Castles tocaban una canción titulada "Baptism", su oda al sacrilegio con una interpretación frenética por parte de su vocalista, entre el baile y la ira, y que se convirtió en uno de los himnos del grupo. Durante esta canción en el show que dieron en 2008 en la Creamfields de Argentina, Alice terminó a los golpes con el personal de seguridad y se retiró por el costado del escenario. "Baptism" fue incluida en este álbum con una mayor elaboración en su producción sonora que vitalizaba la cólera que el tema pedía.

Otro punto alto del disco es "Not in Love", una canción que primero salió con un efecto de miniatura en la voz que le daba una extrañeza muy particular pero que encajaba perfecta con el espíritu del grupo. Después salió otra versión con una versión más limpia interpretada por nadie más ni menos que Robert Smith de The Cure. Esta colaboración llevó a Crystal Castles a sonar en radios, logrando un choque generacional entre góticos de distintas edades. La canción es un cóver de la banda de glam rock canadiense de los años ochenta Platinum Blonde, pero Ethan Kath pulió y forjó el sonido para que suene dentro de sus paradigmas experimentales.

Algo parecido hizo en "Year of Silence", en donde sampleó la canción de Sigur Rós "Inní mér syngur vitleysingur" para crear una versión robótica lejana al sentimiento celestial de las altas cumbres islandesas, cambiando el clima fresco y esperanzador por una distopía nihilista y una repetición agobiante. Esta huella experimental también aparece en "Vietnam", una canción tan críptica como hipnótica, donde la voz de Glass se difumina en un remolino de tonalidades y los sintetizadores crean una densidad tenebrosa. El sonido de este track nos conduce por un laberinto inocuo y escalofriante en el cual no sabemos bien qué es lo que nos apega, pero tiene una fuerza que nos imanta y encierra en las tinieblas. En cambio en otras canciones como "Violent Dreams", el esfuerzo se queda a mitad de camino, y podemos soltar la mano y escaparnos del laberinto.

La dupla volvió en 2012 para sacar un tercer álbum, el cierre de la trilogía de Crystal Castles con Alice Glass. En 2014, Alice anunció que abandonaba la banda y tres años más tarde denunció los motivos a través de sus redes sociales. Los reiterados abusos de violencia tanto física como psicológica por parte de Ethan hizo que tome la difícil decisión de abandonar Crystal Castles y empezar una trayectoria solista. Pero Ethan siguió con el grupo y consiguió un reemplazo para Alice, la enigmática Edith Frances. Bajo esta nueva formación sacaron Amnesty (2016), la primer producción sin ningún tipo de rastros de Alice Glass, salvo por los fantasmas que merodeaban alrededor. Como sucede en la película Vértigo de Hitchcock, muchos pensamos en Alice Glass cuando escuchamos a Edith Frances.

Crystal Castles II fue un disco con una potencia muy singular, que englobó el delirio del dúo en todas sus complejidades. Sus momentos más pop lograron que Crystal Castles se saque la etiqueta de underground y que su experimentación obtenga el reconocimiento que se merecía. Después de sus primeros dos discos, aparecieron muchos otros proyectos que copiaron su estilo, demostrando que hubo una influencia que trascendió al dúo. En poco tiempo, Crystal Castles hizo estragos en la escena contemporánea y dejó por siempre su huella.

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