¿Qué puede decir un libro sobre música que no esté ya en una canción? La crítica cultural, los diarios personales, la historia de una escena o la reconstrucción de un disco pueden revelar aquello que queda fuera de la escucha: las ciudades, las comunidades, las tecnologías y las condiciones que hacen posible una determinada forma de hacer música.

A continuación, cuatro novedades editoriales que recorren esos territorios desde lugares muy diferentes:

Hyperpop. El pop en tiempos de capitalismo digital, de Julie Ackermann

Caja Negra Editora

Tapa de Hyperpop. El pop en tiempos de capitalismo digital, libro de Julie Ackermann

En Hyperpop. El pop en tiempos de capitalismo digital, la crítica de arte francesa Julie Ackermann se propone diseccionar uno de los fenómenos musicales más extraños y reveladores de los últimos años. Surgido alrededor de sellos, productores y artistas como PC Music, A. G. Cook, Danny L Harle y Sophie, y llevado a una escala masiva por figuras como Charli xcx, el hyperpop convirtió el exceso, el artificio y la velocidad en una estética capaz de retratar las contradicciones de una época. Como señala Oriol Rossell en el prólogo, “el truco más avispado de la industria pop fue convencernos de que la música era algo más que música. El hyperpop descubrió la farsa y convirtió el hallazgo en un estilo”.

Ackermann recorre la breve historia del género para pensar qué ocurre cuando el pop abraza sin prurito las lógicas del capitalismo digital. El término, acuñado originalmente por una empleada de Spotify, terminó agrupando una serie de estéticas que excedían cualquier definición musical precisa: la deformación extrema de las voces, el culto a las celebridades y una fascinación ambigua por el consumo y el exceso.

El libro encuentra allí una tesis central: el hyperpop puede funcionar al mismo tiempo como producto perfecto del capitalismo y como una estrategia -particularmente desde una perspectiva queer- para transformar, exagerar y finalmente desarmar sus códigos. Si el pop tradicional construyó ídolos y vendió el deseo como mercancía, el hyperpop lleva esa operación hasta el límite para volverse visible.

Ackermann no presenta al hyperpop como una  etiqueta musical ni como una moda pasajera, sino como el síntoma de un presente en el que las fronteras entre vanguardia e industria, personaje y persona, ironía y sinceridad, artificialidad y emoción se volvieron cada vez más difusas. - Rodrigo Piedra

Reflejos, de Yan Jun

Dobra Robota Editora

Tapa de Reflejos, libro de Yan Jun

Reflejos es el tercer libro del artista chino Yan Jun que Dobra Robota Editora publica en Argentina, después de Generación dakou y No importa si no es (música). Se trata de un diario escrito durante una residencia artística de un año en Berlín, compuesto por anotaciones breves, observaciones, encuentros y pensamientos que comparten la intimidad de un cuaderno personal. Como en otros diarios de viaje escritos por músicos, hay también una suerte de voyeurismo sonoro: Berlín no es solamente una ciudad que Jun recorre, sino un territorio que habita a través de la escucha.

Pero lo que destaca a Reflejos de otros experimentos similares es que, para ser escrito por un músico, es un libro silencioso. El mayor sonido que lo atraviesa es, paradójicamente, el del pensamiento: observaciones urbanas y artísticas atravesadas por la búsqueda persistente de experimentar el sonido antes de convertirlo en música, lenguaje o concepto. Jun desconfía de la tendencia del arte sonoro contemporáneo a imponer ideas estéticas o políticas sobre la experiencia concreta de escuchar. Le interesa, en cambio, ese “ruido omnipresente de bajo volumen” que permanece en los límites de nuestra capacidad auditiva. Quizás ahí esté también su idea de trascendencia: no en iluminarse ni en encontrar una respuesta, sino en perderse. Olvidar la propia personalidad, detener el pensamiento, sentirse invisible. Escuchar no para encontrarse, sino para desaparecer. - Eric Olsen

Rosario es un eclipse. La ciudad y los tiempos de Bubis Vayins, de Lucas Canalda

Rapto

Mientras en Twitter se discute qué es el under, o quién es más under, y una plataforma multinacional que financia guerras se apropia del término para convertirlo en cartelería en la vía pública, en el interior del país la realidad de los artistas y las bandas independientes tiene poco que ver con esa discusión. El under no significa lo mismo en Buenos Aires que en el resto de las ciudades argentinas: cada escena construye sus propios códigos y redes.

Por eso no es inocente que Rosario es un eclipse. La ciudad y los tiempos de Bubis Vayins salga ahora a la luz. Editado por la revista rosarina Rapto, con textos y fotografías de sus fundadores, Lucas Canalda y Renzo Leonard, respectivamente, el libro repasa la trayectoria de una banda que se mantiene al margen de las modas y no parece demasiado preocupada por los algoritmos, sino por construir una carrera en comunidad con una escena. Si el aceleracionismo ya está entre nosotros, Bubis Vayins elige el DIY como un búnker frente al colapso, desde una ciudad particularmente herida.

Lo más interesante del libro es la lectura que hace Canalda del contexto sociopolítico en el que surge la banda, trazando un hilo entre distintas generaciones del under rosarino: el sello Soy Mutante y grupos como Matilda, Daddy Rocks y Mi Nave, entre muchísimos otros. Bubis Vayins -y, en particular, su último disco, Fantasías de violencia- funciona así como una excusa para retratar una escena en la que la construcción artística y política aparece ligada a la autogestión, la comunidad y la contracultura. Más que la historia de una banda, el libro termina siendo también el registro de una forma de hacer y entender la música independiente desde el interior del país. - Rodrigo Piedra

Unknown Pleasures, de Chris Ott

Walden Editora / Dobra Robota Editora

Tapa de Joy Division: Unknown Pleasures, libro de Chris Ott

Hay pocas figuras tan mitologizadas como Joy Division. En su aporte a la célebre serie 33 1/3, Chris Ott emprende una exhaustiva investigación para separar los hechos de las historias que, con el paso del tiempo, se convirtieron en parte de la leyenda. El libro se apoya en entrevistas, testimonios y una reconstrucción minuciosa de la historia de la banda que presta especial atención a algo que suele quedar en segundo plano: sus grabaciones. Ott rastrea prácticamente cada sesión de Joy Division, incluso aquellas que nunca fueron publicadas oficialmente, además de lados B, versiones alternativas y otros registros. El análisis de estas grabaciones es uno de los aspectos más valiosos del libro: su escritura es precisa y austera, y se detiene en las decisiones de producción y en las particularidades del sonido sin convertirlas en una explicación excesivamente técnica.

Ott reconstruye el caos de los primeros años: el mítico show de Sex Pistols donde los integrantes se conocieron, los primeros conciertos y los episodios de epilepsia que Ian Curtis sufrió sobre el escenario, la dificultad por ser comprendidos y el conflicto permanente por conseguir un contrato discográfico justo. En el centro está también Martin Hannett, el productor que terminó de moldear el espacio extraño, seco y espectral de Unknown Pleasures mediante técnicas poco convencionales. Son escenas que los seguidores de la banda probablemente hayan visto y escuchado muchas veces —en libros, películas, documentales o podcasts—, pero que acá adquieren otra textura. Ott no busca enaltecer la leyenda, sino entenderla: rastrear sus orígenes y las condiciones que hicieron posible que existiera. Y en ese ejercicio, conocer el mecanismo detrás del mito no lo vuelve menos extraordinario. Al contrario: cuanto más se acerca a los hechos, las grabaciones y las circunstancias concretas, más nítida se vuelve la extraña combustión de Joy Division, una llama tan intensa que se consumió demasiado pronto. - Eric Olsen

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