I – En el 51 y de regreso a Francia tras una temporada en el infierno Céline firma con Gallimard la reedición de algunos de sus libros, el silencio y la poca repercusión determinan el fracaso. En el 54 se publica en la Nouvelle Revue Française las primeras páginas de las Conversaciones con el profesor Y; resentimiento, odio y venganza, bajo esos tres berretines Céline destila mierda a más no poder, hasta la extenuación máxima, hasta el límite de sus fuerzas, hasta que el cuerpo diga basta deja la última gota de sangre, sudor y tinta para imprimir una vez más y a grito pelado su vomito insurgente y resacoso.

II

Céline no solo escribe. También dice. Por eso es importante leerlo en voz alta. ¡No tengo ideas!… ¡ninguna! ¡y considero que nada es más vulgar, más común, más repugnante que las ideas! ¡las bibliotecas están llenas de ideas! ¡y las terrazas de los cafés! … ¡Todos los impotentes rebalsan de ideas! ¡y los filósofos!… ¡su industria son las ideas!… ¡con ellas agobian a la juventud!… ¡la prostituyen! … la juventud, usted lo sabe, está siempre lista para tragarse cualquier cosa… encuentran todo: ¡Formidaaaaaable!

En su trashumancia despotrica y avanza, avanza y despotrica, salvajemente y sin destino como un asesino persiguiendo a su presa a sol y sombra. Como un velociraptor, como un guanaco, huyendo y escupiendo, y riéndose, sobre todo riéndose. Arreando el ganado como un flautista de Nanterre moderno perseguido por sus ratas. Hastiado, abandonado y sucio, el escritor de los huevos grandes, de las cartas sobre la mesa, pegándole a su editor frente a su esposa e hijos, el cascarrabias, el peso pluma, el de viaje al fin de la noche, Louis – Ferdinand Céline vuelve a Paris, vuelve a parirla.

III

Asqueado, marginado y con el poder de la pluma entre sus manos escribe a modo de entrevista este breve ensayo que convierte en una máquina
de lanzar dardos venenosos. No descansa nunca. Conversaciones… va al mango, acelerando y volteando muñecos a lo pavote; no zafan ni el cine ni
la fotografía ni el resto de los escritores. A pesar de todo el bombo y de los millones de la publicidad, de los millones en primerísimos primeros planos, de los suspiros, de las sonrisas, de los sollozos que hacen soñar a más de un distraído el cine sigue siendo falso, mecánico y frío, carente de emoción, es un paralitico de la emoción, grita Louis desde su ventana sobre el séptimo arte, ¿el séptimo arte?, quéeeeeeeeeeeee, pero por favor, séptimo arte, la estupidez sí que no tiene límites. La fotografía también, que aunque no está paralizada es frígida y con el tiempo se vuelve grotesca. Al igual que el cine. Ay el arte el arte, si Van Gogh viviera lo volverían a suicidar para seguir vendiendo sus postales.

– Qué hacen los grandes artistas
– Trabajan en sus almohadones, los bordan, los prueban para sentarse…
– Para sentarse dónde, pregunta el imbécil
– En las academias, en la Goncourt,… en la Francesa, en las terrazas… en la Academia Argótica… En la academia de los Viajes… En la academia de
los Monos y la Banana, en la academia Policial, en la academia de los Cementerios….

IV

No se deje engañar por los petardistas de la ultima hora, todavía le siguen sacando plata a Bolaño, tienen material para publicar hasta el siglo XXIII, o hasta que aparezcan nuevos muertos. Ay el arte, el arte, ahora podemos comprarnos el nuevo de Piglia de Puig las cartas nunca escritas de Genet en la librería del Abasto, en el local que está entre los Blackberrys y los lcd. Ahí van. Ganado. La jauría adiestrada adormilada acicalada buscando el último espasmo de la moda, vamos¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ A correr, a comprar que se acaba el mundo.

V

Pero pongamos un chiste en el medio. No todo es densidad y peronismo.

– Horneé todo, mi metro con durmientes “tres puntos” carga con todo, mi metro mágico, delatores, bellezas dudosas, muelles brumosos, autos,
perritos, edificios flamantes, chalets románticos, plagiarios, contradictores. Buenos Aires, la París de Sudamérica, la cloaca de los campos elíseos. Argentina y sus tres climas de políticos; maloconocidos, los malodesconocidos y los peores.
– ¿Los suplementos culturales no traen mucha propaganda sobre la misma editorial profesor?
– Si, pero está bien, qué le molesta, ¿No sabe que murió doña Tusquets? ¿Qué está sospechando?
– No, nada, yo no sospecho, puede pasar que no se hayan dado cuenta, el vértigo de los diarios ¿no?
– Seguro, aparte los diarios son independientes, no reciben dinero del estado
– Ya sé, ya sé profe, no se enoje, de las empresas tampoco…
– Me tengo que ir, tengo otra entrevista
– Está bien, no hay problema, pasa que hoy es miércoles, hoy toca decir
– ¿Pero eso era todo?
– Si, Sic Transit.

Conversaciones con el profesor Y

Louis – Ferdinand Céline
Primera edición Buenos Aires
Prólogo de Mariano Dupont