Juana Molina construyó una de las obras más singulares e inclasificables de la música argentina. Desde sus primeros trabajos tras sus años como actriz, hasta sus incursiones en la electrónica y la experimentación, la cantautora desarrolló un lenguaje propio que la convirtió en una figura de la escena alternativa de vanguardia a nivel internacional.
Lo que caracteriza y diferencia a Molina de otras compositoras es su capacidad de reinventarse en cada nuevo disco, motivada por una inconformidad que la llevó a explorar nuevas texturas, sonidos y búsquedas creativas, tan diferentes como interesantes. De esta manera, su música puede partir de una guitarra acústica o una melodía aparentemente sencilla y transformarse progresivamente en un entramado complejo de capas, percusiones y sonidos que generan una atmósfera hipnótica y envolvente.
Desde Rara, su debut de 1996, Molina fue alejándose progresivamente de la canción de autor para desarrollar una propuesta cada vez más elaborada. Cada uno de sus discos siguientes -Segundo, Tres cosas, Son, Un día, Wed 21, Halo y Doga- marcaron distintas etapas de una evolución constante, en la que la artista nunca dejó de reformular sus propios recursos. Por eso, y al igual que hicimos con Tame Impala, Virus y otras bandas, le preguntamos a la Comunidad Indie Hoy cuál es el mejor disco de Juana Molina.

Halo, publicado en 2017, fue elegido como el mejor disco con el 33,3% de los votos. Canciones como "Cosoco", "Paraguaya" y "Eras" condensan buena parte de las características que definieron esta etapa de su carrera: estructuras circulares, guitarras, percusiones, sintetizadores y una producción que convierte cada composición en un paisaje propio. Halo encontró un equilibrio entre la experimentación y la canción, y terminó de consolidar a Molina como una de las voces más personales de la música contemporánea.
En segundo lugar quedó Segundo, disco que la artista lanzó en 2000 y que obtuvo el 25% de los votos. Este álbum es considerado la piedra angular de la carrera de Molina, ya que marcó su transición definitiva de la actuación hacia su consagración como una figura de culto en la música alternativa. Tras su debut con Rara —un disco que, según ella, no la representaba—, Juana pasó cuatro años experimentando entre Argentina y Estados Unidos para encontrar su propio sonido, con la colaboración del compositor Alejandro Franov y la coproducción y mezcla de Daniel Melero en ciertas etapas.

El tercer lugar fue para Son, publicado en 2006, con el 8,3 % de los votos. Se trata del álbum que terminó de definir su sonido de "folktrónica". Llegó justo después del aclamado Tres cosas y marcó una etapa en la que la artista comenzó a presentarse completamente sola en vivo, utilizando pedales de loops para recrear sus capas sonoras.
Con el mismo 8,3% de los votos, quedaron también Wed 21, Doga, Tres cosas y Rara. El primero, publicado en 2013, llevó la experimentación de Molina hacia territorios todavía más abstractos; Doga, fue elegido por Indie Hoy como el mejor disco del 2025, destacando su exploración permanente.
Tres cosas, editado en 2002, es una obra acústicamente más brillante, transparente y directa, mientras que Rara, su debut de 1996, es un trabajo que aunque hoy la artista se distancie de él, marcó el inicio de su carrera con la producción de Gustavo Santaolalla, a quien le delegó demasiadas decisiones creativas.
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