flaiano

Guionista estrella en la edad de oro del cine italiano, Ennio Flaiano escribió películas para Federico Fellini, Mario Monicelli, Dino Risi, Michelangelo Antonioni y para Luis García Berlanga y William Wyler, entre otros. También fue periodista, dramaturgo y, por supuesto, escritor.

Diario Nocturno son los cuadernos que llevó a modo de diario entre 1946 y 1956. Fue publicado originalmente junto con otros relatos en Milán, en 1956. Pero ahora, la editorial Fiordo, a cargo de Julia Ariza y Salvador Cristofaro decidió dejar de lado esos “otros relatos” y publicar únicamente los seis cuadernos que componen el Diario.

Incrédulo, escéptico implacable, feroz frente al esnobismo, irónico desde la tristeza, apoderado del cinismo, Flaiano muestra una capacidad extraordinaria y brillante de percepción para señalar, analizar y definir el abanico más amplio de situaciones.

Como un hosco misántropo que se arrincona para poder observar todo, hasta el más mínimo detalle y detectar aquellos gestos, aquellas acciones, aquellos rostros y particularidades que lo ayuden a explicar el mundo que lo rodea. Un mundo visto desde afuera pero sin dejar de ser parte del mismo.

Una biblia personal pero en formato de sentencias, proverbios, máximas, dichos, pensamientos, apuntes íntimos, notas de viaje. Todo una colección de postales en movimiento, llenas de vida. Realidades mínimas y relatos que a veces son preguntas y casi siempre verdades contundentes, como una declaración de principios.

Flaiano escribe con la certeza de que en los detalles está la clave que puede desentrañar los grandes secretos universales. Hace simple las cosas simples y devela misterios donde, a priori, no hay ningún misterio.

Del cuaderno del año 46, asoma una reflexión que parece resumir la mirada del autor sobre el mundo: “Atrapar lo increíble en el gesto más habitual, asombrarse siempre. Sucede que la vida está llena de espectáculos poco acordes con nuestros hábitos visuales, espectáculos y formas que deberían desconcertarnos por su desconexión del mundo circundante o por las alegorías que así han querido proyectar. Pero, ¿nos tomamos siquiera el tiempo de percibirlos y asombrarnos de ellos? Si así fuese, en todo momento exigiríamos un porqué, y acaso nada ni nadie podría respondernos.”

Así como ésta, es dueño de observaciones tan precisas, que solo pueden haber sido escritas en su tiempo. Con esa mirada mordaz, la descripción de una familia en un cine puede desencadenar una serie de especulaciones y recuerdos personales. Con el mismo sentido del humor, puede esbozar una teoría sobré por qué los tiranos no salen de paseo. Y con la misma lucidez, despacharse sobre el arte (“Las dificultades de un arte aparecen en sus ejemplos menos logrados o incluso feos; los buenos transmiten, en cambio, la certeza de un logro fácil, porque todo en ellos se encuentra resuelto y no aparece la fatiga.”), sobre Dios (“Dios nos ama (tenemos continuas pruebas de ellos), pero quiere ser correspondido. Yo, si me decidiera a amarlo, lo amaría sin pedirle nada. Mi defecto es la generosidad, el desinterés.”) o sobre la fama (“B. Podría verse envuelto en un escándalo: lo teme y lo desea. Para esa eventualidad guarda sus mejores fotografías. Antes de dormirse, a veces imagina las respuestas que dará en el juicio: todas muy ingeniosas, con una pizca de cinismo.”)

Y también puede imaginar diálogos agudísimos: “(…) ¿Frecuenta restaurantes de moda?”. “Para vilipendiar, en mis escritos, a las personas de las otras mesas”. “¿Cómo son esas personas?”. “Descontentas, regordetas, aburridas, vulgares, sentimentales”. “¿Va usted al cine?”. “Sí, para dormir: me agrada el sueño ante las penosas y a menudo inmorales exhibiciones de nuestros directores”. “¿Y al teatro, va?”. “Iría, pero no soporto los intervalos”. “¿La razón, si es tan amable?”. “Durante los intervalos los espectadores discuten temas que desconocen”. (…) “¿Por qué frecuenta bares de moda?”. “Para estigmatizar gentilmente a aquellos que se obstinan en frecuentarlos”.

Todo esto convierte a Diario Nocturno en el ejercicio de impresión (efecto o huella que las cosas causan en el ánimo) – expresión (manifestación con palabras o con otros signos exteriores de lo que uno siente o piensa) más completo.

Diario nocturno

Diario nocturno, cuadernos 1946 – 1956

Ennio Flaiano
Editorial Fiordo, Serie No Ficción, 2014
144 páginas

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