Uno pensaría que Paul McCartney es de los pocos músicos que goza de completa libertad frente a las discográficas, pero eso no es así o, al menos, no lo era en la década del 90. A pesar de ser una de las voces más importantes del mundo de la música, el oriundo de Liverpool se vio en la necesidad de frenar sus deseos y proyectos cuando Capitol, en Estados Unidos, y EMI, en el Reino Unido, surgieron con la idea de Anthology.
Esta serie de álbumes y documentales se presentó como una verdadera joya para los fanáticos de The Beatles, ya que incluía rarezas, demos desconocidos que fueron regrabados y el reencuentro de McCartney, Ringo Starr y George Harrison. Pero, en ese momento, Macca tenía una carrera solista más que cimentada y estaba pensando en su próximo disco, Flaming Pie, aunque las discográficas no le permitieron estrenarlo.

Anthology estaba pensado para estrenarse en 1995 y, de hecho, fue un gran éxito. Posiblemente, un disco solista de un Beatle no hubiera sido la mejor idea en términos comerciales para lanzar simultáneamente. Por eso, en una entrevista de 1997 con Billboard, el bajista habló de cómo tuvo que acatar las reglas de la industria: "Uno de los peces gordos de la discográfica me dijo: 'No queremos un disco [en solitario] tuyo en los próximos dos años. No necesitamos un disco tuyo por un tiempo'".
Sobre cómo recibió esta imposición, relató: "Al principio me sentí casi insultado. Pero pensé: 'Bueno, sí, sería una tontería competir contigo mismo en la forma de los Beatles'. Así que acepté la idea y pensé: 'Genial. Ni siquiera tengo que pensar en un álbum'". McCartney supo tomarse las reglas de la industria con optimismo y, sobre el impasse de dos años que le exigieron, terminó pensando: "Qué par de años tan estupendos, agradables y relajados. Aunque trabajamos bastante en Anthology...".
Dos años después, Flaming Pie vio la luz y se convirtió en un éxito. Hasta la actualidad, continúa siendo uno de los discos mejor valorados del músico.
El disco que fue una decepción para Paul McCartney
A finales de los años 70, McCartney intentó reinventarse. Por ello, Wings, la banda que había liderado durante casi una década, necesitaba encontrar un nuevo rumbo tras el lanzamiento de su álbum de soft rock London Town en 1978. Macca quería acercarse al sonido más crudo que el punk y el new wave habían instalado en la música por aquel entonces. El resultado de esa búsqueda fue Back to the Egg, el séptimo y último LP de Wings, publicado el 8 de junio de 1979 y coproducido por Chris Thomas.
Lejos de ser recordado como un buen proyecto discográfico por el ex-Beatle, durante muchos años este trabajo fue considerado directamente como un desastre. La autocrítica del músico fue inmediata y contundente. "Los críticos nos dieron duro, pero yo fui particularmente duro conmigo mismo", reconoció en una entrevista con Reverb. "Recuerdo estar mirando un libro; había un álbum que hicimos, creo que fue Back to the Egg, al que no le fue bien, y recuerdo haber pensado: 'Dios, un desastre completo'".









