Foto: Ana Portnoy

Osvaldo Baigorria es un escritor que podría ubicarse dentro de lo raro. ¿Pero qué es eso? A lo raro siempre lo define otro, a quien eso que no entiende y le genera cierta extrañeza decide nombrarlo así. En ese sentido podríamos decir que todos somos raros. Y si todos somos raros, pues bien, no hay rareza. Pero en el caso de Baigorria podríamos insistir en la rareza porque no es sencillo determinar, o explicar, qué es exactamente lo que hace, lo que escribe, aunque tampoco sea eso lo que buscamos. Estamos seguros, eso sí, de que Osvaldo escribe, y lo hace bien y lo hace desde hace décadas. Con una prosa calma, amena, y sólida, sin pretensiones, logra envolver al lector en historias y reflexiones que pasan por la crónica, la semblanza, la novela, el cuento, el ensayo, lo autobiográfico y la autoficción. Podríamos decir, parafraseando al sociólogo Eduardo Grüner, que Osvaldo Baigorria realiza un arte contaminado, uno donde el cruce entre las prácticas artísticas y políticas se cruzan hasta volverse indistinguibles e inseparables. ¿Estaría de acuerdo Baigorria con esta definición? Seguramente no.

Osvaldo Baigorria nació en Mataderos, ciudad de Buenos Aires, en 1948. Publicó, entre otros libros, Llévatela, amigo, por el bien de los tres (Caja Negra, 2015), Indiada (Blatt & Ríos, 2018) Sobre Sánchez (Mansalva, 2012), Anarquismo trashumante: crónicas de crotos y linyeras (Terramar, 2008).

Con motivo de su reciente viaje a Córdoba para presentar Estrés de pez (Borde Perdido, 2019) le realizamos algunas preguntas sobre el libro y también sobre su escritura; o su literatura, siempre sin mayúsculas, para preferencia del autor. Estrés de pez reúne seis textos sobre los años en que Baigorria vivió en una isla de Tigre, en el Delta del Paraná.

Listo Osvaldo, estamos grabando.
Filmado sabiendo que te filman. Porque generalmente estamos siendo filmados todo el tiempo. Estamos siendo grabados. No nos damos cuenta, pero es así. Nosotros vamos tranquilos por ahí y te están grabando todos los movimientos. ¿Viste cómo te dicen los mensajes en los teléfonos? “Por su seguridad todos sus movimientos están siendo grabados.” Siempre es “por tu seguridad”.

¿Qué te trae por Córdoba?
El clima.

¿Y cómo te trata el clima cordobés?
Bien, bien, porque la humedad me hace mal, ¿viste? Me trae problemas de mucosidad, me da alergia, entonces este clima está muy bien. Ahora, porque cuando llegué a Córdoba hace dos días había tremenda sudestada. Parecía que estaba trayendo el Estrés de pez del Río de La Plata a la sierra de Córdoba. Era espantoso, ¡me persigue la sudestada! Pero ahora estoy cómodo, hace un lindo día, es una linda ciudad.

Estrés de pez es un libro que contiene, en parte, reescrituras de textos encargados para diferentes medios durante los años que viviste en El Delta. ¿Cómo pensás que funciona el libro en el universo de libros “baigorrianos”?
Sí, ¿te acordás que decíamos que “baigorriano” sería algo del ano de Baigorri? No de Baigorria, de Baigorri. Pero volviendo a la pregunta propiamente dicha. Ojo que no es que fueron a pedido, fueron propuestas mías. Y para el libro los reescribí, aparté un poco la información, actualicé datos.

Algunos libros tuyos funcionan dentro del orden de la novela, el relato, el cuento, es decir que operan directamente desde la idea de ficción. Mientras que hay otros que indagan lo autobiográfico pero reúnen elementos de ensayo. En el caso de Estrés de pez vos le llamás semblanza más que crónica, y también aparece lo autobiográfico como un rasgo que está siempre presente. Es decir, vos escribís desde tu experiencia. ¿Hay una división de esas escrituras? ¿Hay un proyecto previo?
Sí, todo eso que decís. (Risas). Porque a veces partís de un proyecto previo y de repente te vas por cualquier lado. En realidad, ¿sabés qué pasa? Me cuesta mucho pensar en lo que hago. La verdad es esa. De pronto voy y lo hago, es así. Hablo de mí, sí, es cierto. Pero después está la exageración, la fantasía, la autoficción. La diferencia entre ficción y no-ficción es borrosa.

Y barrosa.
Borrosa, y barrosa, sí, muy bien. Se empantana, chapotea… En la memoria, en mi memoria, algunas cosas se diluyen, de todas maneras siempre hago el esfuerzo de que en los libros aparezcan pistas. Hago el esfuerzo por mostrar que estoy pasando de un recuerdo a algo que estoy imaginando. Siempre es imaginación y recuerdo. Siempre doy alguna pista: “Ojo, ahora lo que voy a decir es sueño, imaginación, interpretación, conjetura”. Hago eso porque a mí me parece que es importante.

Escritura y viaje: hay una relación fuerte ahí con vos. ¿Qué hay en eso?
Sí, mirá, eso da para un dossier, una conferencia, una clase magistral. Esas cosas que hacía Piglia. No da para que yo realmente pueda responderlo aquí. Lo que sí, me parece que cuando digo viaje también digo vida, porque la vida es un viaje —aunque sea un lugar común— y viajar es como vivir. Porque te enfrentás a lo desconocido. Porque vas de un lugar hacia otro, pero no sabés realmente qué hay en ese lugar. Entonces, sobre la cuestión del escribir: no necesariamente toda la gente que viaja escribe sus viajes, ni toda la gente que escribe escribe sus viajes.

¿Por qué decidiste publicar con Borde Perdido Editora, una pequeña editorial autogestiva de la ciudad de Córdoba?
Dejo que el azar me encuentre. Y después veo si acepto o no acepto. A ver, la verdad: los libros de Borde Perdido me parecieron muy lindos —muy lindos como objeto visual— y tienen un buen catálogo. Es una editorial pequeña pero emergente. Yo soy un fanático de la descentralización. Entonces mejor diseminarse, descentralizarce, una oportunidad para que crezcan mil flores. En parte es eso, me pareció una linda idea. Además me gustó el nombre: Borde Perdido.

Esto nos da pie a la última pregunta. Hay una dimensión política en tus textos, un cruce entre lo militante y lo político con la escritura. A su vez hay una discusión histórica en el ámbito de lo cultural respecto de si en una obra aparece algo que es muy “panfletario”, donde el lenguaje de lo político con la práctica artística no siempre se conjugan bien. ¿Te has preguntado sobre eso?
¡Sí, por supuesto! Me lo he preguntado, y es una vieja pregunta. La relación entre la escritura y la política. Lo que ocurre es que me he olvidado un poco de cómo era esa discusión. Pero para puntualizar: hace varias décadas que tengo la sensación de que todo lo que hacemos es política. Y mi definición de política quizás sea distinta a la de mucha gente. Digo política en el sentido de vivir juntos. Y literatura, bueno, tampoco tengo una idea de una literatura con mayúscula. No creo que deba ser así. No deben ser esferas tan separadas. Pero tampoco me gusta el panfleto, no me gusta bajar línea. Y en ese sentido recuerdo a alguien que me decía hace muchos años: “no escribas cosas sobre medio ambiente, son aburridas, a la gente le aburre”. Y es verdad, a mucha gente le aburre hablar de eso. Lo que ocurre es que en los últimos años he visto crecer en forma dramática el impacto del medio ambiente, destruido, alterado, lo vemos en nosotros mismos. De repente llegás a Córdoba y ves una sudestada que parece que estuvieras en el Río de la Plata. O estás en Buenos Aires y hace un calor que parece que estás en el desierto del Sahara. Entonces está claro que hay que hacer algo. Y en ese sentido creo que la experiencia mía en El Delta —como no parto de una idea de bajar una línea específica, sino más bien una idea desde lo experiencial— lo que he vivido, creo que se puede tomar como un testimonio. Es mi libro no sé si más político, pero sí más testimonial. En el sentido de dar y de reponer una mirada sobre un cambio de época. Una época donde todavía había una naturaleza salvaje, un lugar al cual llegar como si fuera una utopía y encontrarse que no, que está todo destruido, está todo contaminado, y que los responsables de eso somos en parte nosotros mismos.

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Entrevista realizada por Sebastián Maturano y Marie Miy.