Foto: Laredo Bernet

Patricia González López (Buenos Aires, 1986) es poeta, licenciada en Relaciones Públicas e integra la dirección de la comisión joven del centro PEN Argentina. Otro caso de inseguridad es su último poemario (Santos Locos, 2018).

Tal vez sea la precariedad existencial y el resquebrajamiento del tejido colectivo dos de los tópicos sociales que más atraviesan este poemario que toma las experiencias y vivencias personales como materia prima. La erosión de la empatía y la sensación de sentirnos en amenaza constante construyen este otro caso de inseguridad que juega con el humor y la ironía como herramientas que devuelven una construcción poética alejada de la solemnidad.

Muchos de tus poemas parten de experiencias personales y dan un salto a cuestiones sociales. ¿Cuál creés que es la potencia de hablar desde lo íntimo y autobiográfico? ¿Es necesario vivir determinadas situaciones para hablar de ellas?
-Para mí la potencia está en hablar de lo que se conoce, al hablar de lo íntimo hay un grado de conocimiento que es mayor a cualquier otra cosa de la que podés hablar, entonces creo que podés transmitir sin traicionar ninguna realidad. No es necesario vivir algo para contarlo, porque uno puede expresar lo que viven los otros. A mí me conmueven mucho las personas en situación de calle, aunque no me gusta decirlo así, pero hay algo que me pasa cuando veo esas situaciones, que aunque yo no las viva me conmueven y escribo sobre eso.

De una u otra forma pasan por el tamiz de tu mirada.
-Claro, siempre pasan por la mirada propia y ahí lo hace íntimo porque tu mirada sigue siendo personal. A su vez, yo al hablar desde lo íntimo no siento que estoy exponiendo un fenómeno, siento que estoy contando algo que cualquiera puede estar sintiendo. Digo para mí escondiendo perdés más que mostrando o siendo tan transparente o llevando más al extremo posible lo que sentís. Yo creo que en el poema no se miente, en el poema jugás, construís y destruís y te burlas, y llorás o te recuperás, pasan distintas emociones, pero yo en general pienso que la poesía tiene que ser verdadera. Pero sin querer imponer mi verdad, hay tantas verdades como personas.

Tus poemas generalmente van al hueso de situaciones con las que muchos nos identificamos. ¿Qué es lo que te gusta generar en el lector con tus poemas? ¿Alcanza con la identificación o es necesario ir más allá?
Yo pienso en sacudida y en impacto, a veces yo misma me siento impactada por algo que estoy escribiendo, que no había pensando o sentido antes. Me llega un pensamiento transversal y me genera un movimiento del que no puedo volver atrás. Pienso en el impacto, capaz no pienso en una caricia cuando escribo, o pienso en esa situación cuando leés algo y te tirás para atrás y te quedás pensando, pienso en eso, una situación de impacto, silencio y reflexión sería. Y en todo caso relectura.

¿Te interesa que el poema genere la necesidad de una relectura?
No sé si lo busco pero si me ha pasado que me digan que siempre vuelven a los poemas, cuando me pongo en este estado vuelvo a tu libro y lo abro en alguna parte para ver qué me dice, o me ha pasado que me digan que siempre vuelven a leerlo, que es un refugio. Ahí yo te puedo decir que sí es mi idea, porque para mí en la lectura vos te refugiás. Cuando escribís y cuando leés, te refugias. Yo cuando leo me siento refugiada en un montón de cosas, decís voy a abrir el libro acá que me va a decir esto que me va a aliviar, o que me va a hacer acordar de algo que me estoy olvidando. A mí me pasaba con Nietzsche por ejemplo, o con varios poemas que te hacen recordar algo, algún tipo de astucia o reflexión, obviamente consciente o inconscientemente uno busca cierto impacto.
Yo no me considero romántica ni considero que escriba una poesía que abrace, que sea bonita o un oasis, creo que es una calle de tierra por la que tenés que pasar, capaz te sacude un poco y vas a salir. Pero el tránsito es eso, pienso que está bueno que haya un tránsito, que después veas cómo salís, si salís bien o no. Y a mí con la identificación me alcanza, porque si te ponés a pensar cuando vos leés algo pocas veces escuchás hablar, por lo menos en el círculo que yo manejo, de la trama o de lo ambicioso que es el escritor; en general dicen me encantó, me gustó, me aburrió o no me aburrió, me hizo llorar, me hizo reír. Pasa todo por las emociones o si se sienten identificados con la historia o fascinados por cómo se cuentan tales o cuales cosas.

«Toda mujer que no sea yo
es una amenaza,
me incluyo»

En este poema ponés de manifiesto ciertas sensaciones con las que las mujeres vivimos por habernos criado en una sociedad patriarcal que prioriza el reconocimiento por parte del hombre y la competencia entre las propias mujeres. Quería saber cómo vivís esto y cómo logras incluirlo en tu poesía.
-Creo que justamente empiezo por ver esas debilidades. Sentir a las otras mujeres como una amenaza es una debilidad, pero para mí es una debilidad que nace desde un plano social. A vos te enseñan una cosa, hay un deber ser que te genera inseguridad. Quizás yo idealizo a una persona que es insegura y esa persona me idealiza a mí, hay como un círculo de idealizaciones, que te devuelve un contra círculo de fantasmas. A la vez hay un mandato de cómo tiene que ser tu cuerpo, cómo tenés que comportarte como mujer, cómo tenés que vivir tu sexualidad, y es muy difícil evitar los fantasmas en ese contexto. Y cuando sos una persona que está atravesada por sus fantasmas dejás de ser vos misma, entonces te convertís en otra mujer que no sos, y eso también es una amenaza. Para mí por eso es Otro caso de inseguridad, si estás insegura vas construyendo otras inseguridades a tu alrededor. Vos fijate, tenés muchas palabras asociadas con la inseguridad propia: celos, envidia, comparación, manipulación. Me parece que hay que tener en cuenta que la sociedad misma te genera cierta inseguridad para que vos vayas a comprarte esto, ponerte esto o sacarte lo otro, para mí está implantado sentir esa amenaza en las otras mujeres. Porque imaginate, la sororidad sería una catástrofe si se lograra al 100% para la humanidad, porque muchas cosas se logran por ciertas cuestiones de poder y manipulación, porque las mujeres están compitiendo entre ellas o entre nosotras. Pero si se expandiera la sororidad quizás estaríamos más contenidas, sin embargo hay algo de la competencia entre la mujer que para mí es el primer obstáculo a sortear aún en estas etapas de los feminismos. Cada día están las banderas más altas en ese sentido pero hay ciertas cuestiones de competencia o de descalificación de una compañera o de una par que siguen vigentes.

¿Qué tan importantes son tus lecturas previas a la hora de escribir? ¿Qué estás leyendo actualmente?
Depende del momento pero por ejemplo todos los libros o los poetas que leí mientras escribí Otro caso de inseguridad fueron importantes porque me llevaban a ciertas conclusiones. Juarroz lo leí mucho antes pero lo releí, Gabriel Pantoja por ejemplo es un poeta que a mí me marco muchísimo, fue una compañía y por eso para mí era importante que estén algunas citas que fueron las que a mí me hicieron recostarme en el respaldo y descansar un poco. Bignozzi la leí después de escribir el libro pero sentí mucha empatía con sus poemas, me pareció muy audaz, me encantaba y necesité incluirla. Bueno Jo-Mi-Hee, la poeta coreana, también fue una poeta que leí en ese momento, Ana Cristina Cesar, unos poetas de Brasil jóvenes, Leopoldo María Panero también lo leí en ese momento. Las citas que incluí no son de cualquier cosa, son de lo que yo leí al momento de escribir el libro y que a mí me llevaron a alguna conclusión o que me dieron cierto alivio, o cierto despertar. Bukowski también pero más en lo laboral, en la crítica más social que en el plano personal. Y últimamente leí el libro de Enzo Maqueira Hágase usted mismo, Luna Plutón de Flor Monfort, Beso las flores antes de tirarlas de Flavia Calise, el primer libro de poesía de Claudia Ferrada, Transiciones. Después lecturas – aunque no fueron las últimas lecturas- también leí La sinceridad de un golpe de Paula Brecciaroli, No cuentes pesadillas en ayunas de Pamela Terlizzi Prina, Mínimo, vital y móvil de Marcos Kramer. Y ahora empecé un libro de Zizek sobre la violencia.

Participaste y viajaste a varios festivales de poesía, tanto en el interior del país como a nivel internacional. ¿Qué creés que le aporta a tu escritura participar en los festivales de poesía?
En principio es una apertura, también es una prueba porque a mí me pasó que yendo a los festivales te das cuenta de los localismos. Yo me di cuenta escuchando a otros poetas de que no soy una poeta universal. También conocí a muchos poetas, eso para mí fue hermoso, conocí muchas de las cosas que se están haciendo por la poesía en diferentes regiones, no estamos solos, hay un montón de pibes que también son desconocidos en otros lados del mundo, que también hacen revistas de poesía y escriben poesía y hacen festivales y lecturas y le dan vida a la poesía de su región. Saber que es un movimiento más grande del que pensamos para mí fue muy alentador. Y después ver cómo va cambiando el estilo, vas conociendo los lenguajes, la forma de nombrar las cosas y te vas redefiniendo vos también en ese mundo. Lo que hablamos con un poeta boliviano que se llama Oscar Puky Gutierrez, él decía bueno vos hablás como hablás y hay expresiones que no conocemos de los poemas que leíste, sin embargo los entendemos, la poesía se entiende a pesar de sus localismos. Aunque vos no uses esas expresiones entendés por donde va y te causa simpatía, y es súper enriquecedor. Y después ir a festivales te da la posibilidad de viajar con tus pares, con tus compañeros, compañeras, es una instancia de encuentro y apertura.

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Patricia González López recomienda la canción «Reírme más» de Leo García y el álbum Honestidad brutal de Andrés Calamaro.