Una profesora de Ciencias Naturales le declara su amor a una pupila embalsamada. Al borde de un río en Santiago del Estero, padre, hija y un Fiat que no enciende se enredan a través del lenguaje entre los pliegues de una memoria borrosa. Destellos de casas visitadas y de momentos sin casa. Un niño y una joven adoptan un mamífero en un bosque desconocido. A través de las cuatro piezas que componen Hacer un fuego, Eugenia Pérez Tomas genera una dramaturgia de imantación y cataclismo: árida, neblinosa y nuclear, que afronta el espacio en su dimensión mítica, como quien visita una ruina ancestral. Un teatro del desprendimiento y la melancolía, de lazos e imaginación mágica que desconfían de las condiciones de lo real, de los pactos de la experiencia y sus fondos. Placa tectónica que reverbera, música concreta que descontextualiza el sonido y lo ubica en tramas sintéticas de conmoción.

Hacer un fuego:
La momia
Fe
Las casas íntimas
Derretir el invierno

Hacer un fuego, de Eugenia Pérez Tomas
Rara Avis, 2019
Colección Gallinero de dramaturgia Contemporánea

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Las casas íntimas (Fragmento)


Anís se muda, con ella una caja y un manojo de llaves que cambia al pasar de casa en casa.

Ese era nuestro plan, simular interés en la oferta inmobiliaria para espiar qué comen, quiénes duermen en la misma pieza o dónde ponen sus adornos las personas. Mi madre solía llevarme de paseo a las casas en alquiler. Marcaba círculos rojos en el diario igual a quien busca trabajo. Esa actividad de espionaje fue mi entrenamiento semanal: hay que mirar las apariencias sin destruir. Eso era antes, cuando no tenía más de diez u once años. Ahora es diferente, cuido casas que derraman pertenencias ajenas en forma de cascada y me cubro desde los pies hasta la cabeza. Adopto con velocidad los rituales que esconden las cosas y me travisto de personalidad llevando una vida prestada. Desde cierto punto la ciudad se parece a los pueblos en la hora de la siesta. Por ejemplo, en esta casa duermen de día y casi no los veo. La última vez que almorzamos juntos fue a oscuras y exploté. Pensé muy mal de ellos, de sus palabras, sus autos y sexos. Les dije que eran unos hijos de la mierda. Cariñosos y entradores. Son bichitos de consumo, los agarró la peste y están contentos con eso. Mi madre no se acerca porque quiere sentir que es diferente. Yo cuido la casa porque es de familia y llueve, es típico en otoño. Lo del clima lo digo por hablar. Siempre es así, el medio que rodea. La abuela Lía me trata delante del resto como si fuese especial. Que soy la más linda, la más buena, la más inteligente. Da vergüenza, lo dice pensando que es objetiva. Tío Rito me dijo anarquista. Todo surge porque yo no creo en la propiedad privada. Él es peronista. Sobre la mesa ponemos la furia de cada uno. Me tira caprichosa, lo escupo. Pido disculpas. Rito que no hace falta. Cerramos el almuerzo con un café. En la casa de abuela Lía tienen miedo de mí, dicen que me escapo como el conejo blanco de los cuentos. A Rito y a Lía no les gusta que viva en lo de extraños.
No me importa, no pienso que lo común sea algo berreta.

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Eugenia Pérez Tomas
Buenos Aires, 1985. Estudió Dramaturgia en la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD), se formó en artes escénicas en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y con el dramaturgo Ariel Farace. Actualmente realiza la Maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Tres de Febrero (UNTREF). Escribió y dirigió las obras teatrales: Las casas íntimas, que forma parte de la antología Nuevas Dramaturgias Argentinas. Obras de autores nacidos entre 1981-1990, editado por la Universidad Nacional del Sur y Libros Drama; Rodolfo, Beatriz y Fantasma Unicornio, producción del festival El Porvenir, editada por Libros Drama; Disparo de Aire, producción del Centro Cultural Ricardo Rojas, editada por Libros del Rojas y En lo alto para siempre, escrita en coautoría con Camila Fabbri, seleccionada para formar parte de la programación del Teatro Nacional Argentino – Teatro Cervantes (2018).