Foto: Javier Ghersi

¿Hacia dónde nos llevan los avances trepidantes de la tecnología? Este es un interrogante cada vez más presente en nuestras vidas y reflejado en algunas series –Black Mirror por ejemplo- que lo han abordado con cierto grado de desconfianza y paranoia. Sin embargo, no se trata de una pregunta nueva, pues el miedo al futuro es un tema presente en la humanidad desde sus albores.

Décadas después de la revolución industrial, y a lo largo del siglo XX, diversos escritores como Ursula K. Le Guin, Kurt Vonnegut y Ray Bradbury relataron con astucia esa clase de cuestiones. No obstante, en años recientes el debate se ha centrado en la inteligencia artificial y su paralelo con nuestras capacidades naturales. Cada vez queda más claro que una entidad algorítmica o un robot podría perfectamente superarnos y reemplazarnos, incluso en rubros tan «humanos» como el de las artes.

Gonzalo Gossweiler es un escritor argentino con un marcado interés en el mundo tecnológico y en la cultura japonesa, la cuna de buena parte de los innovación en tal ámbito. En Los hologramas no hacen compañía ofrece 16 cuentos que hablan sobre los vínculos entre personas, softwares, androides e incluso inmigrantes terrestres radicados en otros confines de la Vía Láctea.

A nivel narrativo, el libro despliega un estilo sencillo y certero, capaz de conmover sin mayores trucos ni secuencias melodramáticas. Gossweiler dibuja escenarios realistas con cierres coherentes, pero no del todo predecibles. Los protagonistas de la mayoría de las historias son niños y adolescentes nativos de la era postdigital que conservan necesidades afectivas y gran empatía con otros seres.

Aunque el título de la obra sugiere cierto pesimismo, su autor parece confiar en que como civilización encontraremos el modo de conservar la calidez humana por más que el contacto con máquinas predomine nuestros días desde que abrimos los ojos cada mañana. Pero aparece en varios textos la idea de un éxodo forzado desde La Tierra (quizá por razones climáticas), así como la de la extinción humana y los robots como principales herederos del planeta.

Al respecto del proceso creativo detrás de esta entrega, Gossweiler comentó: «Fueron cuentos que fui escribiendo a lo largo de 4 años en talleres de escritura, especialmente en el de Sebastián Robles y de Martín Sancia Kawamichi. Luego los junté por tener un tono en común, donde la clave de la trama viene por el lado del crecimiento y madurez a los que se ven forzados chicas y chicos. Viven en el futuro, pero piensan y sienten como hoy, como siempre.»

Se trata entonces de un material literario que hace eco de muchas de nuestras preocupaciones actuales. Ciencia ficción con una orientación a lo sensible. Un libro ideal para reflexionar e imaginar futuros posibles en los que, contra todo pronóstico, el amor consigue trascender los circuitos y los algoritmos.