Foto: Virginia Torres Schenkel

Personas que lloran en sus cumpleaños (Paisanita, 2019) es la primera novela del escritor Gustavo Yuste. Con cuatro poemarios publicados, este autor nacido en el 92 post caída del muro de Berlín, escribe al calor del derrumbe de las grandes teorías, y la aparición de la incertidumbre y la precariedad como dimensiones de la experiencia existencial de los sujetos. La flexibilización que oprime por un lado, suelta al deseo de los moldes heteronormados tradicionales, y la experiencia sexual deviene en prisma. Acerca de todo esto charlamos en la entrevista.

Estando acostumbrado a escribir poesía, ¿qué te motivó a escribir una novela? ¿Y cuáles fueron las diferencias y desafíos más sobresalientes que se te presentaron a la hora de escribir narrativa?
Lo que me motivó fue la aparición de una historia en mi cabeza que no se podía contar de otra manera más que en una novela. Si bien se pueden contar historias con poemas, son otros registros y reglas. Cuando los distintos personajes empezaron a tomar forma, me di cuenta que necesitaba algo de más largo aliento. En cuanto al pasaje de la poesía a la narrativa, siempre creí que están mucho más entrelazadas de lo que se suele creer, sobre todo porque las narrativas que más me interesan suelen tomar recursos poéticos. Ahora bien, en lo que al proceso de trabajo respecta, hay algunas diferencias. La principal, por supuesto, es el ritmo: uno puede ponerse objetivos, armar rutinas, «forzarse» a escribir todos los días, por ejemplo. En cambio, con la poesía eso es casi imposible de lograr: uno puede ser muy metódico a la hora de editar o corregir, pero no a la hora de producir.

En Personas que lloran en sus cumpleaños aparece algo, presente también en tu poesía, como es la pregunta o la interrogación sobre lo cotidiano, la angustia existencial y la incertidumbre ¿Cómo ves estas similitudes y en que te parece que hay alguna diferencia, u otra exploración que encontraste en la narrativa y no así en el registro poético?
Sí, creo que la novela sigue en el mismo mundo de intereses personales que mis anteriores libros de poesía. Lo cotidiano es lo que más me llama la atención, incluso involuntariamente. Desde chico me fascinó ver lo frágil que es todo lo que nos rodea y cómo, sin embargo, lo creemos eterno. En ese sentido, el mundo de los sentimientos es frágil por definición, porque son ambiguos, contradictorios, y muchas veces nos pasamos toda la vida tratando de entender algunas cosas. En cuanto a las diferencias, creo que la narrativa me permitió profundizar más esa sensación de incertidumbre que vos mencionabas: al tener la posibilidad de mantener una misma voz gracias al protagonista, creo que pude entrar en nuevos terrenos, como es la traición o la duda existencial.

En la novela aparece una cuestión ligada al deseo, a su fluidez e inmediatez; y al mismo tiempo su tensión o contradicción con otros aspectos más estables de la vida del protagonista. ¿Cómo ubicás esta temática en relación a un contexto actual más permeable a la exploración sexual, y sin embargo también más precario económica y vincularmente?
Creo que siempre se vive en un contexto de incertidumbre, tanto a nivel social como personal. En gran parte porque el deseo es una parta indisoluble de nuestra vida y es algo que no podemos predecir. Eso, después, se entremezcla con muchas otras cuestiones: la inestabilidad económica, la dificultad de pensarse a largo plazo. Habría que pensar si las nuevas formas de pensar al amor y la sexualidad son tan «nuevas» en realidad, o simplemente se ganó más visibilidad en base a luchas sociales y eso hace que ahora se pueda tocar el tema con más fluidez. A nivel personal, eso siempre estuvo dentro mi órbita: la sexualidad como un campo abierto, lleno de posibilidades y lejos de las etiquetas. Esa amplitud, siempre va a chocar con lo sencillo, lo ordenado, lo práctico.

En La promesa de la felicidad, Sara Ahmed realiza una crítica cultural al imperativo de la alegría. Creo que el titulo de tu novela es muy sugestivo en este sentido y la novela al mismo tiempo abre la posibilidad de transitar la tristeza en momentos donde esto esta velado.
Es un tema que siempre me interesó. En varios poemas de Las canciones de los boliches (Santos Locos, 2017) toco el tema: la felicidad programada y homogénea, y qué hacer cuando uno no encaja en eso. Los boliches son el caso prototípico en ese sentido. A muchas personas les suele pasar con las fiestas: navidad o año nuevo son fechas en las que hay que estar alegres sí o sí, por ejemplo. El imperativo de la felicidad, como vos lo nombrabas, está presente siempre y proviene desde distintos ángulos, ¿cómo se hace para estar triste cuando todos te demandan un ánimo particular? Ahí entra también en juego la individualidad en contraste con las corrientes y las tendencias. No existen las personas idénticas, aunque nos quieran hacer creer eso.

¿Qué de político tiene para vos la escritura en general y la escritura de esta novela en particular?
La escritura en general creo que es una herramienta para entender el mundo, así también como ayuda a transformarlo. En el caso de esta novela en particular, me es difícil pensar en planes previos, porque muchas veces eso puede llegar a limitar o a entorpecer la escritura. Sin embargo lo político siempre encuentra donde colarse, incluso sorprendiendo al propio autor. En Personas que lloran en sus cumpleaños creo que lo que se puede encontrar en términos políticos es el valor de la duda, de lo ambiguo, de la sexualidad abierta y de la posibilidad de no dejarse llevar por el imperativo de la felicidad, como hablábamos más arriba.

¿Cuáles son tus referentes en la narrativa? ¿Tomaste alguno de estos como modelo que te haya servido o ayudado en la escritura de tu novela?
Mis narradores referentes: Carver siempre me interesó mucho, me abrió una nueva puerta dentro de la literatura. Lo mismo me pasó recientemente con Lucia Berlín, una autora que me fascinó, aunque la leí un poco después del proceso de escritura de la novela. También puedo nombrarte a Lydia Davis, Selva Almada, Roberto Bolaño, Salinger. Todos narradores que me ayudaron mucho a encontrar una voz y un ritmo.

Más allá de tu rol como escritor, participás dentro del campo literario como periodista y gestor cultural. ¿Te parece necesario o importante estar también dentro de estos espacios? ¿Qué te aportan?
Siempre es importante abrir el debate, así como ayudar a la difusión de obras. No creo que tenga que ser una obligación de todas formas, ya que esa no es la función de un autor. Ahora bien, dicho esto, crear espacios horizontales de charlas, circulación y producción siempre va a sumar y no restar. La Primera Piedra nació con ese espíritu y se mantiene hasta el día de hoy. En mi caso personal se mezclan las dos vocaciones, ya que soy Licenciado en Comunicación (UBA) y también tengo de oficio el periodismo cultural.

Como periodista hiciste muchas notas y entrevistas a mujeres del ámbito literario con perspectiva de género. ¿Cómo ves el rol del hombre dentro del feminismo y qué creés que podés aportar?
Con respecto a este tema, no siento muy productivo pensar muchas cuestiones en términos de «varones» o «mujeres», qué hace uno o el otro, porque se terminan borrando muchas individualidades en el camino. Sin embargo entiendo la necesidad de hacerlo en este momento histórico para visibilizar diferentes problemáticas e injusticias. También puedo decir que me gusta mucho el concepto de Rita Segato de crear conocimiento en conversación, porque en ese debate multilateral siempre va haber espacios para construir, deconstruir y reconstruir con nuevos ángulos. En ese sentido, existe una pluralidad de feminismos, así como también de posturas, matices, ideas, contradicciones, sensaciones. En este contexto más que enriquecedor, nada de lo que pueda decir yo es definitivo ni importante, después de todo.

¿En qué proyectos estas trabajando actualmente?
Estoy escribiendo bastante poesía. En cierto punto, tengo dos libros inéditos dentro de ese género y empiezo a sentir la presencia de un tercero. Por supuesto, esto puede ir mutando. También tengo una novela en mente, pero es pensar a largo plazo ya.

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Gustavo Yuste recomienda: «Too Young«, de Phoenix.
Esta canción en particular, así como el disco en general (United), tiene un ritmo pop que siempre me parece interesante y estimulante: la melancolía en tono bailable. «Too Young» creo que tiene que ver bastante con la novela, de manera inconsciente: el desconcierto y el desorden emocional de la juventud que tiene un horizonte difuso en la mira. Con respecto al disco, me parece uno de los mejores de su época dentro del género ambiguo al que pertenece.

Gustavo Yuste (Ciudad de Buenos Aires, 1992). Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA) y periodista. Cofundador de la revista digital La Primera Piedra. Publicó los libros de poesía Obsolescencia programada (Eloísa Cartonera, 2015), Tendido eléctrico (Objeto editorial, 2016), Las canciones de los boliches (Santos Locos, 2017) y Lo que uso y no recomiendo (Modesto Rimba, 2018). Personas que lloran en sus cumpleaños (Paisanita, 2019) es su primera novela. En 2016 fue jurado de selección de Apología 3 (Letras del Sur) y en 2017 fue seleccionado en la Bienal Arte Joven Buenos Aires en la categoría Escritores.