Un origen improbable
Nadie imaginaría que el primer grupo de fans fue la élite literaria inglesa de 1870, formado para disputarse el legado de la escritora Jane Austen. Ese grupo, que con los años se conocería como el origen del fandom -palabra que refiere a los términos fan y kingdom en inglés, o “el reinado de la admiración”-, surgió cuando editores, profesores y literatos -en su mayoría hombres- sintieron la necesidad de separarse de las masas lectoras, en ese momento conformada por un gran número de mujeres.
El janeitismo comenzó con la publicación de A Memoir of Jane Austen de J. E. Austen-Leigh, quien era sobrino de la novelista; pero el término aparecería en 1894 en el prefacio de una nueva edición de Orgullo y prejucio firmado por el erudito literario George Saintbury. Jane Austen, quien había muerto en 1817, tuvo que esperar casi 200 años para que este fenómeno recuperara la importancia que tuvo en la historia.
En 2007, Adrianne Wadewitz, una de las editoras más prolíficas de Wikipedia, creó una entrada para “Janeite“. Para Wadewitz, que en ese momento estaba trabajando en su doctorado de literatura inglesa, esta entrada describía una comunidad extremadamente influyente en la historia literaria, así como también corregía a Wikipedia en su conjunto, ya que mucha gente pensaba a Sherlock Holmes como pionero del fandom, aunque su primera publicación date de 1887.
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La escritora calificó a los Janeites como “la primera subcultura” y también los comparó con los Trekkies, la red de aficionados de Star Trek que surgió unos 70 años después. Wadewitz, que solía escribir como una simple fan que coleccionaba hechos y colectivizaba sucesos, cambió la historia de la literatura cuando publicó sobre el origen del janeitismo, lo que transformó el concepto de admirar para siempre.
La cultura stan
2000. En la pantalla de MTV, Stanley se mira fascinado al espejo. Se acaba de decolorar el pelo con agua oxigenada para parecerse más a su ídolo, Eminem, y no escuchaba que su novia, asustada, le pregunta si no piensa que estaba llevando todo demasiado lejos. Pero como él cree que no, y está bastante harto de todo, se encierra en el sótano para escribirle a su artista favorito una vez más, aunque nunca recibió respuesta de las cartas que le mandaba. Y le cuenta que hace unos días lo había esperado con su hermanito afuera de un show un montón de horas y que ni siquiera les había firmado un autógrafo; pero que igual lo entendía, porque él era su máximo admirador.
“Stan“, publicada en The Marshall Mathers LP, tenía un sample de Dido que repetía: “But your picture on my wall, it reminds me that it’s not so bad, it’s not so bad”. La cantante inglesa también aparece como novia de Stan en el video, que terminaba con el fan manejando mientras le grababa a Eminem un montón de reproches cada vez más violentos. Mientras tanto, una lluvia torrencial le hace perder el equilibrio y cae de un puente con el auto, justo cuando le dice que tiene a su novia embarazada encerrada en el baúl.
De esta canción surgió el término para nombrar a quien es stalker y fan -es decir, quien acosa y admira al mismo tiempo-, y transformó el significado de esa abreviación de Stanley para siempre. También acompañaría una era en la que las celebridades eran perseguidas por paparazzi y que sus fotografías se vendían al mejor postor de algún medio. Tal vez los fanáticos como Stan esperarían afuera de los hoteles y recitales para recibir autógrafos. Y tal vez habría algunos acosadores rastreando el número de teléfono de una casa de vez en cuando. Pero ser una celebridad era principalmente una experiencia física, definida por huir de los flashes de las cámaras y tratar de no anunciar demasiado dónde estaban. Hasta que llegaron las redes sociales.
Catfishing
En 2008, Julie descubrió a una banda en la universidad con la que se sentía muy identificada. Se trataba de Tegan & Sara, dos gemelas, las dos lesbianas, que desde Canadá estaban marcando el ritmo de la inminente apertura que estaba teniendo lo queer en la escena musical de su país. Julie también se había dado cuenta que también le gustaban las chicas recientemente y escuchar a Tegan & Sara le hacía bien.
Un día a mediados de 2008, una amiga, también fan de la banda, le mandó el link a un perfil de Facebook que parecía ser el de Tegan. Julie se animó a escribirle y Tegan le respondió: era ella. Desde ese momento, empezaron a intercambiar mensajes todas las semanas. Así Julie se enteraba dónde estaban las hermanas, cómo la habían pasado en los shows o cuándo estaban de vacaciones. Incluso se enteró de que a la madre de Tegan y Sara le habían diagnosticado cáncer de mama, algo que no era conocido públicamente. “Eso se había convertido en una amistad duradera en un momento en el que realmente la necesitaba”, dijo Julie en Fanatical: The Catfishing of Tegan and Sara (2024), la película que sigue el caso de esta relación y la de muchas otras parecidas, porque Julie no era la única que creía que estaba chateando con Tegan.
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Fueron tres años charlando, hasta que en 2011 “Tegan” le mandó un link con fotos de su pasaporte, el de Sara y el de varias músicas del equipo. Esa tarde, Julie se contactó con quien era en ese entonces el manager de la banda para saber qué estaba pasando y fue en ese momento que se enteró de la verdad: Julie había estado hablando con un completo desconocido.
En la película, el dúo cuenta cómo se enteraron de todo esto y del terror que les produjo: “Me sentí tan atacada -afirmó Tegan-. Fue terrible sospechar de las personas que más amaba en mi vida”. No sabían bien hasta dónde llegaba todo, pero la falsa Tegan parecía tener acceso a música, fotografías, pasaportes, direcciones, cuentas de correo electrónico reales y hasta al historial médico familiar. “Yo sentí como si alguien estaba primero en el jardín, pero de repente estaban en la casa con nosotras”, dice Sara en el suceso que se convirtió en una pesadilla por muchos años.
Esta historia fue documentada por Erin Lee Carr, cineasta también detrás de la película Britney vs. Spears. En la película, Carr y Tegan entrevistan a las víctimas de los chats e investigan el rastro de quién persiguió a Tegan, a Sara y a sus amigues por más de una década.
Los nuevos manifiestos
El 23 de agosto de 2024, la artista estadounidense Chappell Roan publicó en su cuenta de Instagram una especie de manifiesto de su intimidad. La joven cantautora afirmó: “Durante los últimos 10 años he estado trabajando sin parar con mi proyecto, y llega el punto en que necesito trazar líneas y establecer límites”. En esta publicación, con los comentarios desactivados porque no buscaba “la respuesta de nadie”, anunció que fue parte de “demasiadas interacciones físicas y sociales no consensuadas”, y que necesitaba dejar en claro “que las mujeres no te deben una mierda”.
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Roan había sido parte de lo que se conoce como un “sleeper hit” con su primer álbum, The Rise and Fall of a Midwest Princess (2023), que tomó a la escena global del pop por sorpresa. Aunque no fue un suceso comercial inmediato, el disco fue alabado más tarde como un éxito inesperado y recibió una nominación como “Álbum del año” en los premios Grammy de este año. Quizás por esta popularidad repentina, ella tuvo que advertir que cuando está en el escenario o en un evento de prensa está “en el trabajo”, pero que en cualquier otra circunstancia, no: “Por favor, dejá de tocarme. Por favor, dejá de ser raro con mi familia y amigos… Y por favor: no me llames Kayleigh”.
Desde acá se abre un debate: ¿Roan eligió ser pública y por eso se la tiene que bancar? Porque esto no es muy distinto de quienes contestan mensajes laborales solo en horarios laborales o quienes no quieren seguir a sus jefes o a sus estudiantes en redes sociales. No hay ninguna razón por la que la carrera que hayas elegido tenga que ser tu constitución 24/7. De hecho, la artista lo está diciendo: tener privacidad no solo debería ser posible, sino también un derecho.
Roan cierra su manifiesto afirmando que lo que está diciendo no está sujeto a discusión. Es una declaración, no un debate. Y cierra con una frase que seguro habrá pensado muchas veces: “¿Por qué es tan exasperante que una chica exprese sus miedos y sus límites?“.
La fan estrella
No es difícil de pensar a Mariana Enriquez como una admiradora. Quienes siguen a la escritora argentina en Instagram -la única red social que tiene- sabrán que no hay día que no publique algún evento que involucre a alguien conocido: el estreno de una película, el cumpleaños de alguna actriz famosa o qué le parecieron los últimos partidos de Wimbledon. Y como dedicada usuaria, no hay posteo que no tenga comentarios suyos en respuesta a apreciaciones de quienes la siguen.
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Enriquez, que en octubre del 2023 publicó Porque demasiado no es suficiente. Mi historia de amor con Suede, hace honor a sus prácticas cuando afirma que “ahora el fandom es mainstream“. Su libro toma como punto de partida su propia vida como fanática de Suede, una banda oriunda de los suburbios de Londres que tuvo su gran momento en los 90, y que se expandió más discretamente por el mundo.
Pero lo que empieza como un relato de amor en primera persona, que es también una historia sobre momentos fundacionales de su vida a través de la música, se transforma rápidamente en un ensayo abarcador sobre la experiencia colectiva de ser fan. El libro cruza mitología griega, arte, música clásica, rock y albores de internet, para devanear sobre lo que la experiencia de goce, belleza e interpelación es capaz de generar en las personas.
Lo valioso de esto es cómo se posiciona quien escribe sobre música: lejos de la máxima más bien establecida en el periodismo gráfico en general, que indica que para que una crítica sea seria debe prescindir de emociones de alto impacto, Enriquez establece que hacer periodismo de cultura también implica ser fan y recolector. Se trata de tener curiosidad y pasión. “La crítica tiende a ir hacia lo técnico, el endecasílabo, el estadio, la guitarra de esta marca o la otra, cuántos temas tiene la edición extended. Esa critica le saca la totalidad del misterio, del sexo, de lo sentimental, de lo cursi, de lo frívolo y de lo narrativo”.