Hablar de Tame Impala es referirse, posiblemente, a uno de los proyectos más influyentes de la música contemporánea. A lo largo de más de una década, Kevin Parker logró construir una discografía que se adentró en la psicodelia, el pop y la electrónica, con un enfoque especialmente marcado en la producción de estudio y la evolución estética constante.
El recorrido discográfico se inicia con Innerspeaker (2010), un debut fuertemente anclado en el rock psicodélico clásico, seguido por Lonerism (2012), donde Parker profundizó en una búsqueda más personal. El punto de inflexión para la banda llegó con Currents (2015), un álbum que incorporó sintetizadores, nuevas texturas, y una mayor calidad de producción, ampliando su alcance y redefiniendo su identidad artística.
Esa línea de exploración siguió luego con The Slow Rush (2020), un trabajo centrado en la noción del tiempo y en experiencias personas del propio músico, como la muerte de su padre. Más recientemente, Deadbeat (2025) reafirmó la intención de Parker de seguir experimentando, con un acercamiento más explícito a la música electrónica, sin abandonar sus rasgos distintivos.

Al igual que hicimos con The Strokes y Arctic Monkeys, le preguntamos a la Comunidad de Indie Hoy cuál considera que es el mejor disco de Tame Impala, y su respuesta fue contundente. En este caso, Currents resultó primero con un 50% de los votos totales, algo esperable para un disco tan influyente y especial como lo fue el tercer LP del grupo.
En segundo lugar quedó Lonerism con un 30%, mientras que Innerspeaker quedó tercero con 15%. Finalmente, The Slow Rush quedó cuarto con un 5% de votos, mientras que Deadbeat quedó último sin ningún voto.














