Cuando estamos fascinados con una canción, es probable que la escuchemos una y otra vez. Incluso existen aquellas canciones que adoramos desde hace años y nunca nos cansamos de escuchar, pues se han convertido en una suerte de lugar confortable. Lo cierto es que estos comportamientos no responden solo a la melomanía o al placer estético. Así lo explicó la psicóloga Leticia Martín Enjuto en diálogo con Cuerpomente, quien aclaró: “En la mayoría de los casos, repetir una canción es una conducta adaptativa y completamente normal”.
Esta repetición, que muchas veces vemos reflejada a final de año en nuestro Spotify Wrapped, a veces no tiene que ver con la canción en sí, “sino con todo lo que representa para nosotros en ese preciso momento”. Las canciones suelen evocar momentos, sensaciones, personas, espacios. Volver a lo conocido y confortable puede tener un impacto muy positivo sobre nuestra psiquis, tal como expresó la especialista: “Volver repetidamente a una misma melodía puede servirnos como vía para encontrar estabilidad, calmar la ansiedad, activar estados de ánimo positivos o conectar con sentimientos que, a veces, son difíciles de expresar verbalmente”.
En este sentido, buscar la repetición provoca “cierta sensación de seguridad y familiaridad” y puede ser una estrategia útil cuando estamos pasando un mal momento emocional. “Escuchar esa canción que conocemos casi de memoria puede regalarnos un momento de confort y la ilusión de recuperar el control cuando la vida parece desbordarse”. La psicóloga menciona también el factor de la nostalgia, justamente por la función evocativa de la música, ya que nos recuerda “a una persona especial, una etapa significativa o una experiencia transformadora”.

La entrevistada suma también un costado identitario en la repetición de las canciones, ya que la música es “una forma de reafirmar quiénes somos, sobre todo cuando atravesamos cambios o necesitamos un anclaje interno”. En el plano químico, esa canción que repetimos sin parar y que nos causa bienestar hace que nuestro cerebro libere dopamina, la cual está “asociada con sensaciones de bienestar y recompensa”. Esto, continúa, “genera una expectativa positiva hacia los sonidos familiares, haciendo que esa canción siga resultando placentera en cada nueva escucha”.
Si bien escuchar una canción una y otra vez no tiene, a priori, ningún aspecto negativo, la especialista señala que, si se hace de manera compulsiva y excesiva, sí puede ser la manifestación de “patrones obsesivos”, en los que la música ya no ocupa el lugar del disfrute, sino de la compulsión. Pero ¿qué pasa cuando la canción que elegimos repetir está vinculada con la tristeza? La especialista lo describe de la siguiente manera: “Volver sobre las mismas notas no significa necesariamente estancarse en la tristeza, sino ofrecerse el permiso para sentir, comprender y procesar el dolor de forma segura y acompañada por la música”.









