Es común encontrarnos con personas que buscan llorar con las películas. Si bien, a priori, puede parecer irracional buscar el dolor, lo cierto es que las sensaciones que obtenemos al enfrentarnos a un drama intenso —como es el caso de los films actualmente en cartelera Cumbres borrascosas y Hamnet— nos pueden dar consuelo y hasta satisfacción.
Desde la revista Elle han indagado en este fenómeno psicológico a partir de los estudios de Ad Vingerhoets, profesor de Psicología Clínica en la Universidad de Tilburg, en los Países Bajos. El especialista ha analizado cómo impacta una película dramática en los espectadores y su primera conclusión fue: “Si invitamos a personas al laboratorio, las exponemos a una película triste que las hace llorar y evaluamos su estado de ánimo inmediatamente después, el 100% de los que lloran reportan un peor estado de ánimo”.
“Sin embargo, si medimos el estado de ánimo un poco más tarde (por ejemplo, a los 20 y 90 minutos), vemos que ha regresado al estado previo a la película. Esto plantea la pregunta de si este regreso al estado de ánimo inicial quizás se percibe erróneamente como una mejora del estado de ánimo después de llorar. Si llorás en el punto más bajo, entonces, por definición, te sentirás mejor algún tiempo después”, agregó.
De este modo, la experiencia del dolor a partir de una obra cinematográfica puede ser negativa en el momento, pero también puede derivar en un bienestar posterior. Además, muchas personas buscan experimentar emociones lo más intensas posible, razón por la cual el terror también es uno de los géneros más populares. El profesor también vincula esta búsqueda emocional con las elecciones musicales: “La música triste, por ejemplo, puede experimentarse como una especie de amigo que ofrece consuelo”.
Por qué escuchamos música triste
Cuando decidimos darle play a una canción triste una y otra vez, muchas veces estamos frente a la intención de conectar con nuestro lado más sensible. “Es paradójico pensar que podrías disfrutar de algo que te hace sentir una emoción negativa”, declaró el profesor Emery Schubert, autor de un estudio del Laboratorio de Musicología Empírica en la Escuela de Artes y Medios de la UNSW. “Pero esta investigación muestra la primera evidencia empírica de que la tristeza puede afectar positivamente el disfrute de la música, directamente”.
La investigación se llevó a cabo con un grupo de 50 estudiantes universitarios. Cuando se les pidió que seleccionaran sus canciones favoritas que les evocaran tristeza, varios eligieron temas que iban desde clásicos de Beethoven hasta éxitos de Taylor Swift. Luego, se les pidió que imaginaran un escenario donde la tristeza como emoción se eliminaba de la música.
El 82% de los participantes afirmó que esa idea disminuyó su disfrute de la música, a lo que Schubert atribuyó varios factores biológicos y psicológicos. Uno de ellos, relacionado con el "juego". "Experimentar una amplia gama de emociones en un entorno más o menos seguro podría ayudarnos a aprender cómo lidiar con lo que encontramos en el mundo", mencionó el profesor. Este explicó además que a las personas les gusta sentirse "conmovidas", es decir, una especie de tristeza con felicidad.









