Existen múltiples maneras de abordar historias reales y biografías de grandes figuras de la cultura en el cine. Mientras el camino más comercial suele ser la biopic, con actores que buscan imitar al personaje real o dar cuenta de una biografía "completa", películas como Blue Moon o Hamnet —ambas nominadas en la próxima edición de los premios Oscar— encuentran una vuelta de tuerca más profunda y fascinante al centrarse en lo micro y en aquello que, a priori, parece irrelevante.
En el caso de Blue Moon, asistimos a una noche en la vida del compositor Lorenz Hart, quien ya se encuentra en su etapa de decadencia y a meses de su muerte. En Hamnet, se trata de una adaptación de la obra literaria homónima escrita por Maggie O'Farrell, que narra de manera libre el trasfondo de la creación de Hamlet, una de las obras más destacadas de William Shakespeare.
Cuando nos enfrentamos a Hamnet, estamos lejos de la recreación del proceso creativo de un genio; más bien, nos encontramos con el contexto en el que esta obra nació. No se trata de un escenario de caos intelectual ni de la "locura" del genio, sino de una vida familiar comandada por Agnes, el personaje central de la historia.
Agnes, interpretada de manera poderosa por Jessie Buckley, es una mujer que dentro de su comunidad es catalogada como bruja. Se enamora de un maestro llamado Will y juntos forman una familia con el bosque como escenario principal. Pero la tragedia los alcanza y cada uno, dentro de la pareja, tomará diferentes caminos para afrontar el duelo.

Esta película dirigida por Chloé Zhao tiene impresa una mirada femenina y feminista. No solo la de la directora, sino también la de la autora de la obra literaria —quien además oficia de guionista— y la de la actriz principal. Mientras Marty Supreme —otra de las favoritas de esta temporada de premiaciones— muestra cómo un hombre arrasa con todo a su alrededor con tal de cumplir su sueño y “su mujer” es una figura pasiva, Hamnet propone una operación completamente contraria.
El nombre de William Shakespeare no se pronuncia más que una vez y la presencia de Paul Mescal —el encargado de encarnar a este personaje— es bastante secundaria. De todos modos, vale hacer la salvedad de que la película también da lugar, de manera concreta, a una revisión del momento bisagra que significó Hamlet en la obra de Shakespeare y su ingreso en las tragedias.
La cámara y la historia se posan en Agnes, en su pasado, sus miradas, su dolor físico y emocional, sus partos guiados por la intuición y su poder para sostener a la manada. ¿Qué pasó mientras un "gran hombre" escribía una obra maestra? Históricamente, siempre hubo mujeres sosteniendo el entorno, y esta película tiene la valentía de correr por completo el foco del genio para ubicarlo en la mujer "detrás" del gran hombre.
Lo que inquieta de Hamnet es su actualidad, a pesar de estar situada en el siglo XVII: la forma en que el amor romántico se disipa cuando la inequidad se hace carne en una relación entre un hombre y una mujer, cuando el hombre sale a cumplir sus sueños y la mujer queda a merced de sus decisiones y necesidades. Los planteos y las discusiones de este film bien podrían ser los de una pareja en la actualidad.
Hamnet está disponible en salas de cine.









