Foto: Flor Cosin

El miércoles 16 de octubre por la noche se llevó a cabo el tercer encuentro de Mi tesoro indie, el ciclo ideado y co-producido por Indie Hoy y Ciudad Cultural Konex que propone una conversación entre una personalidad del mundo de la música y un artista de otra disciplina, sobre los recuerdos que rodean a la cultura independiente. Con la moderación de Dani Umpi, esta vez el encuentro reunió a Marilina Bertoldi y Albertina Carri, dos artistas que no se conocían personalmente a pesar de lo mucho que tienen en común. Ambas referentes del activismo lesbiano compartieron con un auditorio colmado sus pasiones y frustraciones de hoy, y los tesoros que resisten el paso del tiempo.

Los tesoros son inmateriales

Marilina se jactó enseguida de perderlo todo. El tesoro material que más recuerda es una cadenita que le regalaron hace muchos años de «una brujita» en relación a que nació un día martes 13. Albertina guarda un tornillo de un durmiente de las vías del tren. Recuerda haberse mudado alrededor de veintiséis veces en su vida y ese tornillo es un objeto que siempre la acompaña en sus mudanzas. Cuenta haber vivido muchas vidas distintas, pero ahora sobre todo trabaja en cómo perder la memoria en términos personales y no colectivos. «Para sobrevivir a la vida hay que ir olvidando,» dijo la cineasta, y algo similar sucede con los pensamientos, confesando su miedo a quedar atrapada en una idea y tener que defenderla por siempre. Marilina le dio la razón y agregó: «Ahora trato de sostener lo que se sostiene solo y sin forzar nada.»

Hay que forjar una propia escena

Marilina no duda de aquella frase que dice que cada disco es una fotografía. Ella compone lo que saca en el disco y no quedan muchos otros temas revoloteando por ahí, esa es la forma de «ser auténtica y tener una estética personal.» Pero también le parece importante ser consciente que «un día vendés todos los tíckets y otro día no llenás el lugar. Cuando hacés las paces con eso, estás en posición de hablar porque empezás un diálogo con vos misma.» A pesar de haber ganado el Gardel de Oro y ser tapa de Rolling Stone, Marilina dijo que no estaba contenta con su lugar, y que tuvo que «hacer las paces con la idea de que en realidad no quiero pertenecer, y habrá que construir otra escena.» La cineasta comparte lo que dijo Marilina, recordando cómo en sus inicios cuando era foquista no la dejaban mirar por cámara, algo que en esa época solo estaba permitido para el camarógrafo y el director. Ahora tiene una relación completamente distinta con el cine, y resaltó la importancia de trabajar en equipo y crear una comunidad: «El objetivo no es ganar un Gardel o Mejor Película BAFICI, sino que estar en ese lugar y terminar de reconocer que la industria en la que trabajás es una mierda, extremadamente patriarcal y jerárquica.»

Foto: Flor Cosin

Sobre volver a las raíces

Volver al lugar de donde nacieron para ambas fue una situación muy particular. Albertina Carri filmó una película titulada La rabia, que era el pueblito más cercano al campo donde ella vivía. Se llamaba así porque era un paraje de gauchos donde se emborrachaban y se acuchillaban. «Para mí La rabia siempre fue un pueblo y después me di cuenta que era otra cosa,» dijo. Volver tiene siempre algo de nostálgico, como de encontrarse con un cielo menos estrellado en donde ya no existe esa oscuridad de campo que de pequeña anhelaba. Ahora la cineasta desea buscar los lugares a cielo abierto del mundo donde las estrellas se puedan ver con claridad sin interferencia de la humanidad. Marilina es de de Sunchales, Santa Fe, y cuando la ciudad la vuelve loca vuelve a sus tierras para empaparse de la naturaleza local y le encanta prender un fuego. Así como Albertina, Marilina ama ver las estrellas y por eso también le encanta leer los libros de Carl Sagan. Le fascina la astronomía y la filosofía de entender la diminuta porción que somos frente a la magnitud del universo: «No somos tan especiales.»

Pueblo chico, infierno grande

Marilina tiene una pasión por el dibujo, prefiere dibujar fotos porque dice que es un buen ejercicio de observación donde aprendés a memorizar los gestos y lo que a una persona la hacen particular. También tiene un interés por el humor desde chica cuando vio la película ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988). Le fascina el humor, pero nunca tuvo la oportunidad de actuar dijo, mientras le abría los ojos a la cineasta y el público se reía. Cuando era chica escribía obras donde podía disfrutar del humor, burlándose de las figuras locales de su pueblo. Recuerda varias cosas de pueblo que la marcaron, y se aterra al recordar su primer clase de ESI dada por una monja en su colegio católico. «No existía el término lesbiana en el pueblo y me decía hacia dentro ‘yo soy puto.’ Y en el pueblo siempre inventaban historias sobre dos chicas que habían asesinado que se habían besado en un barrio cheto, que obvio no era. O existía el puto del pueblo que ni siquiera era puto, sino un chabón completamente loco, que le gritabas ‘vamos River’ y te corría. ‘Este es mi futuro’ me decía hacia adentro.» Entre risas Albertina recordó situaciones parecidas entre ella de pequeña y un grupo de monjas intensas, como salido de un cuento de Giovanni Boccaccio.

Fans de las artistas musicales

A Marilina le pusieron ese nombre por la cantante y actriz Marilina Ross, elegido por su hermana Lula. Siempre admiró a mujeres en el escenario, la primera que la marcó fue PJ Harvey, luego aparecieron Alanis Morrissette y Fiona Apple. Recuerda haber visto en la televisión el video de «You Oughta Know», la veía rabiosa y poderosa. Artistas masculinos destacó a Freddie Mercury y Steven Tyler como los que admiró primero, y luego siguieron Thom Yorke, Beck y Jeff Buckley, cantantes que trascienden más allá de su época. Por su parte, Albertina dijo que para ella la música es el único arte, las demás son solo aproximaciones. Se considera muy muy atenta al sonido, al punto de trabajarlo con detalle en sus películas. Pero como cineasta no aprueba el uso desmesurado de música en las películas, ya que las canciones son herramientas de manipulación emotivas de las escenas. Por eso en su cine hay otro tipo de exploración de la música, más cercana a encontrar la musicalidad de lo que se muestra y no cargarla de algo ajeno.

El próximo encuentro de Mi tesoro indie será entre Julieta Venegas y Mariana Enríquez, el miércoles 23 de octubre. Conocé todos los encuentros y sacá tus entradas en el sitio de C.C. Konex.