En 2017, luego de algunos intentos en formato reducido, el Mutek logró desembarcar en Argentina con las dimensiones propias de un festival. Nacido en Montreal y con presencia en otras seis ciudades del mundo (CDMX, San Francisco, Barcelona, Tokio, Dubai y Buenos Aires), el festival internacional de creatividad digital es sinónimo de vanguardia, y cada edición es un acontecimiento de cita obligada. La experiencia a nivel local representa toda una proeza en términos de producción, tanto por su proyección global y latinoamericana, como por su compromiso en ofrecer propuestas de calidad, ya sea gratuitas o a precio accesible. Así es como en 2018 pudo permitirse una visita de la talla de The Orb, un ineludible de la electrónica inglesa de los 90, por la módica suma de $300 en el valor de la entrada. A esta tercera edición argentina del festival, que tuvo lugar del 12 al 15 de septiembre, hay que sumarle otro logro: por primera vez se alcanzó la paridad de género en los programas. Este año la presencia de artistas identificadas como mujeres superó el 50% del lineup, iniciativa que viene de la mano de Amplify, una plataforma desarrollada en conjunto con British Council y estrenada en Mutek Montreal 2018.

La resignificación de espacios emblemáticos de la ciudad es otro mandato del festival, y en esa línea, el mítico Palacio Alsina fue elegido como centro neurálgico. El edificio construido en el siglo XIX albergó los dos programas de la sección Play, mientras que el resto de las actividades alternaron principalmente entre el CCK y La Tangente. La campana de largada para el evento fue el jueves 12, mediante un cocktail en Avant Garten anfitrionado por Montoya y los locales Sidirum y Villa Diamante, que permitía enganchar con el programa multisensorial A/Visions en el domo del Planetario (otro acierto: evitar la superposición horaria entre las propuestas de los diferentes espacios). Este incluyó cuatro piezas audiovisuales a cúpula completa y proyectadas casi sin solución de continuidad, lo que dio como resultado una experiencia inmersiva que alcanzó su climax con «Intensional Particle», una lectura en modo frenetismo noise sobre los estados de la materia de la mano del japonés Hiroaki Umeda, figura central de la escena avant-garde japonesa. Completaron el programa la platense Dana Cozzi con «Utopía de un pixel extraordinario», y los artistas peruanos Giselle Angeles y VJ Gorilla con sus piezas «Spectrum of the Coral» y «Túneles», respectivamente.

Esta vez la maratón se concentró en una sola jornada, la del viernes, que comenzó a última hora de la tarde en Palacio Alsina, y se extendió hasta bien entrada la madrugada en La Tangente. La experiencia Play 1, que junto con A/Visions se encargó de las propuestas más ligadas al aspecto visual, le hizo honor a su nombre al momento de aprovechar las posibilidades del espacio. En concreto, una pantalla LED gigante en formato vertical, cruzaba de punta a punta el techo. La cantautora y DJ argentina Morita Vargas inauguró la grilla con un live set chamánico acompañado por visuales de Martín Borini, que luego dio paso a «META», universo distópico concebido por CLON y NWRMNTC. La dupla, compuesta por la artista new media Estela Oliva y la música electrónica Ana Quiroga, apeló directamente al público con su propuesta: una performance que integró simulación de videojuegos en vivo con banda sonora en directo. Además de su participación vespertina en Play, el dúo presentó en el VR Salon su obra de realidad virtual «TSDOMS», y brindó una masterclass en el CCK en torno a su experiencia con el arte digital y la música electrónica. Luego del trance cyberpunk, llegó el turno del tándem chileno Marco Martínez y Andrea Gana con «Navas», una travesía que retomó la introspección planteada al comienzo; y otro tanto hizo la canadiense Nelly-Eve Rajotte con «Rückenfigur», pieza A/V inspirada en los acantilados blancos de Rügen.

A/Visions en el Planetario Galileo Galilei – Foto: Gentileza de prensa
CLON & NWRMNTC – Foto: Gentileza de prensa

Difícil que performances como la de Push 1 stop & Wiklow se borren de la retina. En cambio, vuelven más tangible el esfuerzo del Mutek por ofrecer una entrada accesible sin que esto afecte a la curaduría. Con «Membrane», Cadie Desbiens-Desmeules y Michael Dean (también canadienses) convirtieron lo tridimensional en un ensayo fantasmagórico, comenzando por sus propias siluetas difuminadas detrás de una pantalla transparente ubicada al borde del escenario. La puesta se completó con haces de luz esculpiendo formas volumétricas sobre la pista, para luego fundirse en una nebulosa de humo. Sobre esta instalación y otras cuestiones relativas al diseño 3D, ahondaría Cadie Desbiens en su charla del sábado en el CCK.

Ampliar los límites del techno, esa es la premisa que aplica Stefan Goldmann en sus presentaciones, y eso incluye al renombrado club berlinés Berghain, donde fue residente entre 2011 y 2013. Su contundente live set de una hora en Palacio Alsina no fue la excepción, y al igual que en su visita de 2017 (en el CCK en aquella ocasión), estuvo acompañado por el local Javier Benjamín en las visuales. El dúo franco-japonés NONOTAK ya había impactado en el debut local del Mutek con su instalación «Shiro» llevada a cabo en la Sala Sinfónica del CCK, por lo que había expectativa en torno a este regreso y a cómo adaptarían la propuesta en términos de aprovechamiento del espacio. Aunque sin perder vigor, esta vez la búsqueda para «Collapse» fue bastante más minimalista: la pantalla vertical del fondo cumplió una única función, la de disparar golpes lumínicos que coincidieran con los sonoros, mientras que la más pequeña proyectaba sus ya característicos patrones geométricos.

La encargada de inaugurar la trasnoche, que plasmó el costado más experimental del festival, fue Josefina Barreix bajo su alias JSFNBRRX. Reconocida en la escena porteña por ser la voz de Blanco Teta, banda que destaca por su performance visceral, la pampeana mostró en La Tangente su faceta más espiritual al frente de «Instrumento Óptico», proyecto multisensorial que comparte con Andrés Marino. En el extremo opuesto se situó la búsqueda de Ale Hop, de la mano de «Apophenia», la presentación más desafiante de todo el programa. Pese a su formación clásica, la artista peruana construyó un multiverso propio que desafía cualquier convencionalismo. Partiendo de un instrumento tradicional como la guitarra eléctrica, Hop lo resignificó creando capas de sonido en tiempo real mediante la intervención con distintos materiales. El experimento desembocó en una verdadera catarsis noise, y sobre esta técnica profundizó la artista en su masterclass del domingo por la tarde, en el auditorio 511 del CCK. Después del ejercicio maximalista de Robin Buckley alias rkss, un revisionismo en plan EDM acompañado por visuales de Joaquina Salgado, Candie y Regina Cei se apropiaron literalmente del venue. Las locales, ambas miembros del colectivo experimental Trrueno, sorprendieron con «María de los milagros», performance en clave gótica que desplegaron en medio de la pista. Les siguió el laboratorio futurista del productor y músico chileno Cristo Vargas alias IMAABS, donde incluso hubo tiempo para homenajear al fallecido Keith Flint con «Firestarter», antes de que la londinense Flora Yin-Wong tomara la posta para cerrar la noche.

JSFNBRRX – Foto: Gentileza de prensa
IMAABS + HiedraH Club de Baile – Foto: Gentileza de prensa

El lineup del Play 2 estaba pensado para que la pista de baile tuviera un rol más protagónico. Quizás por esa razón al público del sábado le costó conectar con la mística propuesta por Daniel Melero y Diego Tuñón, al menos en un comienzo. Pero el que avisa no traiciona: la meta de «La ruta del opio», como su nombre lo indica, es producir estados alterados de conciencia más que invitar al baile. Y el secreto de su efectividad puede rastrearse en el «making of» mismo de la obra: con la excusa de un disco solista de Tuñón, sus artífices pasaron cinco años intercambiando fragmentos sonoros y data espiritual, sin deadlines ni presiones de ningún tipo. Eso, sumado a una puesta en escena ambiciosa que incluyó voces, teclados y visuales generadas en vivo por el artista Gabriel Rud, dio como resultado el híbrido perfecto entre actitud techno y sensibilidad cancionera. Y hablando de eminencias locales, al caer la tarde, Gustavo Lamas se hizo cargo de las bandejas. Figura clave de la generación post-Melero y referente del ambient pop, el DJ ofreció un set a la altura de su trayectoria. La perla del lineup sabatino sin duda fue Phoebé Guillemot o RAMZi, avatar artístico que ella misma describe como «un espíritu del bosque con poderes curativos especiales.» En un combo irresistible que fusionó texturas tropicales con pinceladas de jungle, dub, jazz y ritmos tribales, la artista con base en Montreal consiguió invocar a ese espíritu que habita en las profundidades de su arte. Potenciada por un trabajo excepcional de Federico Lamas en las visuales, RAMZi transformó la pista de Palacio Alsina en una jungla futurista. Otro tanto hizo Luis Maurette bajo su alias multicultural Uji, acompañado por Ignacio Ayerza en las pantallas. Cuando se trata de la pista de baile, la estampa de este artesano sonoro del clan ZZK es siempre infalible.

Considerando que el de Play 2 fue apenas su segundo live set (el primero lo había hecho en Mutek Montreal), lo de Gene Tellem valió doble. Su deep house mental funcionó como entrada en calor para el incendiario cierre a cargo de Cora Novoa, un DJ set que no dio respiro y dejó la vara alta para el 2020.

En su tercera edición, el Mutek Argentina renovó su compromiso con la vanguardia, y demostró que vale como experiencia en sí misma. Una por la cual mereció la pena la espera.

Melero & Tuñón – Foto: Gentileza de prensa
Uji + Ignacio Ayerza – Foto: Gentileza de prensa

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Foto principal: CLON & NWRMNTC, gentileza de prensa.