Para entender la música de Nirvana y la forma en que Kurt Cobain creó su propio sonido, es imprescindible retroceder en el tiempo y ver de dónde provienen sus influencias. El catálogo musical de Cobain estaba lleno de discos de rock y post-punk que, lejos de respetar los límites establecidos, buscaban expandirlos y encontrar nuevos sonidos. Esto lo demuestra un manuscrito que apareció hace unos años titulado Top 50 de Nirvana en el que figuran los proyectos discográficos que más marcaron al trío de Seattle.
Entre las bandas que aparecen en el listado destaca Sonic Youth, el grupo de noise rock neoyorquino que se distinguió del resto gracias a sus guitarras alternativas, afinaciones distintas y una clara tendencia hacia lo experimental. La elección de Cobain y los suyos fue Daydream Nation, el quinto álbum de estudio del conjunto comandado por Kim Gordon, Thurston Moore y Lee Ranaldo, publicado en 1988. Para el trío grunge, este disco era el mejor del grupo.
Daydream Nation generó un gran reconocimiento de la crítica para Sonic Youth y los llevó a tener un contrato con una importante discográfica del momento como lo era DGC Records (un acrónimo de David Geffen Company), el sello que operaba como una división de Interscope Geffen A&M Records, propiedad de Universal Music Group, y que fue el mismo que, años después y por recomendación de Gordon, firmó a Nirvana para luego editar sus dos últimos LPs: Nevermind e In Utero.









