Las plataformas lograron ampliar el acceso a películas y series en todo el mundo, aunque siguen existiendo cientos de producciones que transitan por festivales o por pequeños cines y luego quedan perdidas en una suerte de limbo. La distribución es una de las instancias más complejas a la hora de lanzar una película: no solo se trata de hacerla llegar a las audiencias, sino también de mantenerla accesible en el tiempo. Por eso, los cineastas chilenos Pablo Larraín y Juan de Dios Larraín crearon la plataforma Pijama, una alternativa a los servicios líderes actuales, que siguen concentrando los estrenos del mainstream pero rara vez visibilizan el trabajo de directores y directoras del under.
Con ese objetivo, los chilenos buscaron crear una forma de dar acceso “sin precedentes a películas que, de otro modo, permanecerían ocultas”. Se trata de títulos que pasan por grandes festivales como Sundance, Cannes, Mar del Plata, Sitges y otros, y luego parecen esfumarse entre la multiplicidad de ofertas. En ese sentido, los Larraín expresaron en un comunicado: “Miles de cineastas nunca llegan al público debido a las barreras tradicionales de la distribución. Las plataformas no pueden acoger todas las películas que se hacen, y se trata de democratizar el acceso”.
Esta nueva plataforma, que ya se encuentra disponible en Apple TV, Roku, Amazon Fire TV, Smart TV, iOS y Android, surge a partir de evidenciar “una crisis cultural arraigada en el fin de los medios físicos y la lógica actual del mercado”. El sistema funciona por alquiler de películas, por lo que los usuarios pagan por cada visionado y no mediante una suscripción mensual, como ocurre en los servicios de streaming líderes. En este sentido, otro punto a favor del séptimo arte que propone Pijama es que el 80% de los ingresos se paga directamente a productores, agentes de ventas y distribuidores.
Otro de los asociados en la creación de Pijamafilms es Cristian Jofre, quien explicó sobre esta iniciativa: “Pijama aborda una brecha que existe desde hace tiempo en la industria cinematográfica, proporcionando a los cineastas una vía de distribución directa y global”. El proyecto no solo da cuenta de una inquietud de origen cinéfilo, sino también de una postura política frente al cine y de la necesidad de descentralizar los consumos, ya que el cine independiente es lo suficientemente rico y diverso como para no quedar reducido únicamente a las instancias de festivales a las que el gran público no accede.









