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    Stereo: "Tenemos respeto por las personas, pero no por las ideas"

    Hablamos con la dupla de productores argentinos conformada por Delfín Aprile y Bruno Pagano sobre su presente, las ideas que atraviesan su música, su vínculo con Little Boogie y más.
    De Juampa Barbero14/09/2026
    Stereo
    Bruno Pagano y Delfín Aprile, la dupla de productores Stereo. Foto: Lara Schottland / Gentileza de prensa

    Durante mucho tiempo, la figura del productor estuvo asociada a un lugar relativamente fácil de ubicar: alguien detrás de una consola, tomando decisiones mientras otro ocupaba el centro de la canción. La música de los últimos años volvió bastante más difícil trazar esa frontera. Una melodía puede empezar en una computadora, transformarse mientras se escribe una letra y terminar definiendo una estética, una imagen o incluso la manera en que un artista se presenta frente al público. En ese proceso, producir dejó de señalar una tarea específica para convertirse, cada vez más, en una forma de pensar el proyecto completo.

    Stereo pertenece a una generación que creció dentro de esa transformación y llevó esa lógica hasta sus últimas consecuencias. Delfín Aprile y Bruno Pagano trabajan desde Buenos Aires con una idea expansiva de la producción, interviniendo allí donde una canción o un proyecto todavía pueda cambiar de forma. En pocos años, ese método los llevó desde los márgenes de una escena que apenas empezaba a conocerlos hasta convertirse en parte del desarrollo de algunos de sus nombres más inquietos.

    Antes de convertirse en una dupla, Stereo empezó a tomar forma alrededor de un proyecto más amplio. En 2019, Aprile reunió a algunos amigos del colegio con la idea de armar un sello y montó un pequeño estudio en el altillo de una casa. Entre esas primeras grabaciones apareció también una sociedad creativa que lo acompañaría durante los años siguientes, mientras intentaba abrirse camino dentro de la industria.

    "En 2020 conocí a Little Boogie y en 2021 firmamos el primer contrato con él en este sello, que hoy ya no existe. Ahí decidimos empezar a trabajar de una manera más formal. Justo en ese momento, la dupla que yo tenía se terminó y necesitaba más gente para poder cumplir con todo el trabajo que había que hacer", recuerda Aprile.

    Stereo. Fotos: Lara Schottland / Gentileza de prensa

    Pagano llevaba un tiempo orbitando alrededor de ese mismo grupo. Un amigo en común le había hablado varias veces de él a Aprile, aunque el encuentro recién se produjo cuando la necesidad de sumar a alguien se volvió concreta. La conexión terminó de definirse menos por una credencial musical que por la manera en que Pagano respondió ante ese primer acercamiento.

    "Fui un día a su casa, charlamos y al toque puse un poco de presión para ver cómo reaccionaba. Ahí noté que estaba muy listo para ir a la guerra. Más allá de lo musical o de lo artístico, era la actitud que necesitaba", cuenta Aprile.

    Desde el otro lado, Pagano llevaba meses siguiendo el trabajo que surgía alrededor del sello. Durante la pandemia había pasado buena parte del tiempo encerrado y concentrado en la producción, mientras esperaba una oportunidad para acercarse. Cuando finalmente un amigo en común organizó el encuentro, llegó con algunos beats preparados.

    "Yo veía todos los temas que subían los pibes y me encantaban. Sabía que en algún momento se iba a dar conocer a Delfín y que tenía que estar preparado. Le había dicho a nuestro amigo en común que nos presentara y, cuando finalmente pasó, llevé unos beats para mostrarle", recuerda.

    A partir de aquella noche, Pagano empezó a trabajar para Discordia, el sello donde ya se encontraba Little Boogie. El vínculo con el rapero pronto les dio una primera oportunidad para probarse como dupla: juntos produjeron "Siempre tranquilo", una canción dedicada a la barra de San Telmo que todavía ocupa un lugar particular en la memoria de Pagano. "No sé si sigue en Spotify, pero la guardo con mucho cariño porque fue lo primero que hicimos juntos".

    La sociedad puso en contacto dos recorridos musicales diferentes, aunque la distancia entre ambos resulta menos tajante que la oposición entre jazz y hip hop que suele utilizarse para explicar sus orígenes. Pagano había estudiado guitarra durante cerca de diez años y atravesado una formación académica exigente antes de concentrarse definitivamente en la producción.

    "Tuve unos diez años de estudiar guitarra muy académicamente, con mucha disciplina y grandes profesores. En un momento me di cuenta de que realmente el jazz no era lo mío. Después de estudiar doce horas seguidas y querer pegarme un tiro, entendí que tenía que ir para otro lado. Me pasé a la producción y, después de un año y medio haciendo eso, sentí que estaba preparado para salir a buscar oportunidades".

    Más que definir su identidad musical, aquella experiencia quedó como un trasfondo que Pagano llevó consigo hacia la producción. El encuentro con Aprile empezaría a encontrar un lenguaje común en otro terreno: el estudio, las canciones y una forma de trabajar que terminaría convirtiendo aquella colaboración circunstancial en Stereo.

    Esa forma de trabajar fue ampliando también aquello que Aprile y Pagano entienden por producción. En Stereo, el trabajo puede empezar en una melodía o un beat y extenderse hacia la letra, la construcción conceptual de un proyecto e incluso decisiones que exceden estrictamente a las canciones. Los límites dependen, en buena medida, de cuánto espacio encuentren para intervenir.

    "Todo lo que el artista te deje hacer para mejorar su música. Absolutamente todo. Nada queda afuera: ni un tuit, ni jugar con el video o con su carrera. Así es como lo encaramos nosotros", resume Pagano.

    La dupla de productores Stereo.
    Stereo. Fotos: Lara Schottland / Gentileza de prensa

    Aprile introduce una diferencia importante en esa definición. Antes que pensar su trabajo como una respuesta a los deseos de quien tienen enfrente, Stereo intenta establecer una relación en la que las decisiones puedan discutirse desde cero. Esa dinámica también los obliga a cuestionar aquello que llega al estudio aparentemente resuelto.

    "Hay respeto por las personas, pero no hay respeto por las ideas. Las ideas son ideas, no tienen por qué ser respetadas", dispara Aprile. "Últimamente suele pasar que nosotros llevamos una idea, una dirección, algo compositivo o un concepto y lo vamos amasando con el artista".

    Ese criterio convierte al estudio en un espacio donde prácticamente todo puede ponerse en discusión. Pagano habla incluso de generar un entorno en el que las canciones deban superar cierto estándar antes de avanzar: "Una letra medio pelo no puede pasar por nuestro criterio y que digamos que sí. Se trata también de poner la vara más arriba". Hay, además, una regla que se impusieron para las sesiones que consideran importantes: "Nunca caemos sin una melodía de estribillo muy buena".

    La posibilidad de trabajar con un artista depende entonces tanto de la música como de las condiciones que encuentran alrededor del proyecto. Aprile piensa esas dificultades como barreras que pueden interponerse entre una idea y su realización: equipos demasiado grandes, opiniones externas o dinámicas que terminan ralentizando las decisiones. "Confiamos en que tenemos la capacidad para agarrar cualquier cosa y transformarla en algo que por lo menos sume un poquito. Mientras menos cosas haya en nuestro camino contra las que haya que luchar, mejor".

    Esa búsqueda por reducir obstáculos también aparece en uno de los procedimientos que más atraviesa la música de Stereo: el trabajo con samples. Antes de comenzar un álbum o un EP, el dúo desarrolla una investigación de referencias y organiza el material según la función que podría cumplir dentro de las canciones.

    "Antes de cada proyecto grande hacemos un despliegue de referencias en Milanote: canciones a las que podemos acudir para buscar sensaciones, composiciones, samples melódicos o percusivos. Separamos todo en categorías y empezamos a acumular links de YouTube a lo loco", explica Pagano. Con el tiempo sumaron una instancia más: graban y preparan previamente ese material, ajustándolo al tempo para construir sus propios paquetes de samples antes de entrar al estudio.

    La preparación responde menos a un afán de ordenar el proceso que a la necesidad de preservar algo mucho más frágil: el momento en que aparece una idea. Para Aprile, cualquier tarea técnica que se interponga puede romper esa continuidad. "Cada minuto cuenta y cada segundo que se pierde con alguna pelotudez es tiempo perdido. La velocidad en la canalización de ideas es muy importante, y mantener el estado de flujo también. La preparación permite hacer las cosas más rápido en el momento de hacerlas".

    Si hay un nombre que permite seguir el crecimiento de Stereo desde sus primeros pasos hasta el presente, es Little Boogie. La relación que comenzó alrededor de Discordia terminó convirtiéndose en una sociedad artística mucho más profunda: Aprile y Pagano participaron integralmente en el desarrollo de su obra y produjeron Okupas, Los más odiados y El que compró perdió. Para ellos, aquella apuesta inicial todavía conserva una ambición que excede lo construido hasta ahora.

    "Es una superestrella mundial. Tiene la capacidad de ser una superestrella mundial", afirma Aprile. Su lectura parte también de un cambio de escala dentro de la música argentina: la posibilidad de que un artista surgido de la escena local alcance una audiencia global dejó de funcionar como una hipótesis distante. "Estamos construyendo sobre una industria en la que esa barrera ya se rompió. Ya pasó y, por lo tanto, sabemos que es una posibilidad que existe y que está muy cercana".

    Pagano encuentra el potencial de Little Boogie en otro lugar. "Para mí, el mundo necesita un artista como Boogie en este momento. Es mi artista favorito, no tengo ninguna duda. Expresa frustraciones muy comunes y cosas importantes para este momento, pero al mismo tiempo es muy divertido. Que baile, que tenga el corazón que tiene, es parte de lo que hace que el mundo empatice con él".

    Esa valoración también está atravesada por una cualidad que Delfín considera cada vez menos frecuente: la interpretación. La voz, el movimiento y la presencia aparecen como elementos tan importantes como las decisiones que puedan tomarse durante una producción. "Puede hacer algo totalmente moderno y fresco y al mismo tiempo darle cuerpo, forma, tamaño y actitud. Las tomas son largas, hay mucha humanidad en su interpretación. Cómo habla, cómo mira, cómo baila: mantiene viva una llama que muy pocos logran. Le tocó el superpoder".

    El trabajo conjunto encontró además una extensión sobre el escenario. Ahí, Stereo mantiene una función de dirección general mientras un equipo cada vez más amplio se ocupa de las distintas dimensiones del espectáculo. Para Pagano, sin embargo, la preparación más importante sucede antes de que empiece a sonar la primera canción.

    "Lo más importante es lo espiritual: todo lo que rodea al momento previo al show, los rituales que se puedan hacer y el estado mental que tengamos nosotros, pero sobre todo Boogie al entrar al escenario. Que esté transmitiendo la energía correcta y nuestro mensaje a través de la música".

    Stereo. Foto: Lara Schottland / Gentileza de prensa

    Mientras ese vínculo continúa desarrollándose, el campo de acción de Stereo empieza a expandirse hacia otros nombres. Actualmente trabajan en el próximo disco de Tiago PZK y desarrollan música junto a artistas como Taichu y Dante Spinetta, proyectos todavía en proceso sobre los que prefieren mantener cierta reserva. El cambio de interlocutores tampoco modifica demasiado el método que fueron construyendo.

    "Tratamos de imponer nuestra forma de hacer las cosas de una manera bastante dictatorial", reconoce Aprile. "Obviamente se puede empujar hasta cierto punto y también tenemos la capacidad de adaptarnos, porque si no sería imposible. Pero con el tiempo vamos a tener más poder para hacer que las cosas vayan como tienen que ir".

    Buena parte de esa autonomía se concentra hoy alrededor de GIL, el sello que terminó de tomar forma junto a Little Boogie después de varios intentos y proyectos previos. Para Aprile, su historia se remonta a aquel estudio improvisado de 2019 y a los años en los que construir una estructura propia implicó insistir frente a una industria que todavía permanecía cerrada para ellos.

    "Recién hace dos años, con Boogie, pudimos terminar de darle la forma que tenía que tener. Fue muy difícil, costó mucho tiempo. Perdimos gente, hubo mucho sufrimiento, mucho desgaste y mucha energía invertida. Por algo ahora da tantos frutos", recuerda. "Se dio chocando todo el tiempo contra una pared, tocando todas las puertas, siendo totalmente marginados, despreciados y no reconocidos. Los más odiados. Por eso tuvieron que arrodillarse y aceptar que somos los mejores".

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