“Una hada está escondida en todo lo que ves”, nos anticipa antes de que empiece la función Lucas A. Vignale, uno de los directores de El tren fluvial, citando a Víctor Hugo. Comenta que aquella frase los acompañó durante todo el rodaje, casi como un mantra, e incentivó a abordar el proyecto de la manera más mágica posible.
Lorenzo “Toto” Ferro y el mencionado Vignale estrenan su ópera prima en el BAFICI, protagonizada por Milo (Milo Barría), un niño de un pueblo lejano que baila malambo y busca una aventura que lo saque de su vida infantil estructurada. Impulsado por un espíritu travieso, se sube a un tren a escondidas de su familia rumbo a la gran ciudad. Así, El tren fluvial despliega escenas surrealistas desde la mirada inocente de un niño de nueve años que, curioso por experimentar lo extraordinario, se enfrenta poco a poco a la realidad cotidiana, con sus vacíos existenciales, pese a los exóticos personajes urbanos que encuentra en el camino.
Los directores toman como faro la figura del mítico realizador argentino Leonardo Favio y lo homenajean cada vez que pueden. El tributo mayor aparece en el paralelismo que abre la película con Soñar, soñar (1976). Milo escucha a escondidas, desde la televisión familiar, la escena en la que Carlos —interpretado originalmente por el boxeador Carlos Monzón— le anuncia a su madre que se va a Buenos Aires a ser artista. A partir de ese momento, Milo encarna esa figura: adopta la chaqueta de cuero gastada y la perseverancia de quien inicia una nueva aventura —aunque la ilusión no le durará demasiado.
En la función, enmarcada en BAFICI, Ferro destacó entre los actores a Diego Puente, el mismísimo Polín de Crónica de un niño solo (1965), también dirigida por Favio. Aquí interpreta al hombre mayor que guía a Milo a través de su walkman al llegar a la estación. La escena resulta fascinante para quien reconoce la significancia del diálogo entre aquellos niños rutilantes del cine argentino que se conectan a través de las generaciones.
Cargada de elementos fantásticos que rompen con el realismo social y, por momentos, desafían la narración, la película pone en tensión la estructura clásica del cine para llevarnos a una travesía de episodios oníricos que desestabilizan lo verosímil. Todo esto sucede en un marco de producción donde lo real —el viaje, el territorio, los cuerpos— también está muy presente.
El tren fluvial, de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale
2026 – Argentina
Sección: Competencia oficial internacional
Seguí la cobertura del 27 Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente en este enlace.









