La historieta argentina celebró a las obras y artistas más destacados de la escena en una nueva edición de los Premios Cinder. En su sexta entrega, el evento se llevó a cabo los días 4 y 5 de abril en Quetren Club Cultural y reunió a autores, editores, divulgadores y lectores, consolidándose como una de las citas clave del cómic nacional.
Con más de 35 expositores, conversatorios y una feria que refleja el pulso actual de la historieta argentina, los Cinder se afianzan como un verdadero punto de encuentro: un circuito que no solo crece, sino que también se piensa, se discute y se proyecta. Este año, además, sumó una novedad simbólica para las dieciocho categorías: una estatuilla original diseñada por el escultor Leandro Marino, que materializa el espíritu del premio y refuerza su identidad dentro de la escena local.
Antes de adentrarnos en tres de las obras ganadoras, conversamos con Andrés Accorsi, uno de los impulsores del evento, para entender qué lugar ocupan hoy los Premios Cinder dentro del mapa del cómic argentino.

¿Cómo sentís que evolucionaron los Premios Cinder y qué lugar ocupan hoy dentro de la escena de la historieta argentina?
La evolución del evento fue tremenda. En esta última edición, el nivel de la propuesta se elevó muchísimo. Hoy es un evento de gran relevancia en el calendario de la ciudad de Buenos Aires, para los autores, las editoriales, los colegas que se dedican a la difusión de la historieta y para el público en general. Felizmente se logró sumarle al atractivo que ya de por sí tenía el premio (por ser el único realmente 100% inclusivo, transparente y federal) el atractivo de un evento bien producido, con espacio para el encuentro, el diálogo, la reflexión, las polémicas y las emociones. Y 100% gratuito.
En un contexto donde la historieta argentina crece en producción y diversidad, ¿qué creés que aportan los Cinder a la circulación y al encuentro con nuevos lectores?
Probablemente una guía, una orientación que -en el mejor de los casos- llevará a la demanda hacia el mejor sector de la oferta. A mí me encanta cuando la gente que trabaja en las comiquerías usa el listado de los ganadores de los Cinder para recomendarle títulos a la gente que nunca consumió historieta argentina, pero un día se decide a explorarla.
En esa expansión también se juega la relación con el público. ¿Qué te sorprendió particularmente de esta edición en la respuesta del público?
Fue muy reconfortante, porque la asistencia de tanta cantidad de lectores, autores y colegas un poco nos termina de convencer de que acertamos al apostar por un predio con mucho más espacio, una feria enorme, un sector para brindar talleres apuntados a las infancias, toda una parte técnica más compleja (con sonido, iluminación, proyecciones, una DJ que pasó música entre charla y charla), entre otras cosas.
A continuación, repasamos tres historietas ganadoras en los Premios Cinder 2026.
Victoria
Pablo Vigo se llevó dos premios por Victoria (Maten al Mensajero, 2025): Mejor arte integral y Mejor obra publicada en antología.

Hay algo muy particular en la forma en que Vigo narra: parte de escenas cotidianas, construye personajes reconocibles —incluso graciosos— y, de pronto, todo se desplaza hacia un policial perfectamente estructurado. Ese movimiento, casi imperceptible, es uno de los grandes aciertos de la obra.
El uso de la viñeta es clave. Vigo trabaja el ritmo con precisión: cada cuadro empuja al siguiente y genera una lectura fluida que sostiene la tensión sin perder ligereza. La historia crece de manera orgánica, hilando situaciones aparentemente simples (mudarse, socializar, esperar que se renderice un video) hasta convertirlas en piezas de una trama mayor.
Vigo construye personajes secundarios con peso de protagonistas y logra que todo ese universo se conecte, incluso con obras anteriores como Lo salvaje o Dusko. Ahí radica su fuerza: hacer crecer una historia desde lo cotidiano, sumar capas al relato y convertir lo mínimo en algo significativo.
La potencia de su narrativa está en mostrar lo humano sin filtros: encuentra en lo cotidiano una forma de tensión y convierte el humor en una puerta de entrada hacia algo más profundo. El resultado es exquisito: nos devuelve una versión de nosotros mismos sin máscaras y atravesada por el humor.
Victoria formó parte de los 10 mejores cómics argentinos de 2025 según Indie Hoy.
Andresito
Lautaro Fiszman se llevó el premio a Mejor obra producida para Argentina por Andresito (Tren en Movimiento, 2025).

Pincelada tras pincelada, Fiszman construye escenas, personajes y atmósferas en cada viñeta para narrar la historia de Andrés Guacurarí, uno de los primeros caudillos federales de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Lo singular de esta novela gráfica está en su lenguaje. Hay una fusión constante entre historieta y pintura: manchas de tinta que se expanden, formas que se desarman y reaparecen, páginas que no solo se leen, sino que también se contemplan. Estamos ante una gesta, pero también ante una experiencia visual.
El trabajo con la luz y la sombra define el clima de cada escena y empuja el relato hacia distintos registros: de la épica a la intimidad, de la batalla al gesto mínimo. Cada pincelada construye expresión, movimiento y tensión.
Con maestría, Fiszman reconstruye un momento histórico: lo vuelve materia sensible, lo trae al presente. Andresito es una obra que se mueve entre el relato y la pintura, y encuentra en esa tensión su mayor potencia. Una joya para quienes reconocen el valor de la historieta histórica.
Príncipe Polígono
Patricio Oliver se llevó el premio a Mejor obra infantil por Príncipe Polígono (Muchas Nueces, 2025).

Una historieta pensada para las infancias, pero con una pregunta que atraviesa todas las edades: ¿queremos ser felices o cumplir con la felicidad que otros imaginan para nosotros? Príncipe Polígono sigue a su protagonista cuando decide abrir su propio camino, inspirado por personajes que no temen ser auténticos.
Con una explosión de colores precisos y en equilibrio, Oliver construye un mundo de armonías geométricas con un guiño directo a la Bauhaus. Su trazo firme y el uso deliberado de figuras básicas dan vida a un universo fantástico que funciona con exactitud milimétrica en cada viñeta, en cada página.
El mayor acierto está en la simplicidad. A partir de formas elementales, la historieta despliega una reflexión profunda sobre la identidad, el deseo y la libertad de elegir. Príncipe Polígono es una puerta de entrada ideal para cualquier niño, pero también una obra que invita a detenerse en el lenguaje de la historieta y en la potencia expresiva de la forma.









